Calatañazor

Calatañazor

Ciencia

El pueblo medieval español perfecto para recorrer a pie: a 1.000 metros sobre el mar y con fósiles con millones de años

En su territorio podemos encontrar restos fósiles de un paisaje subtropical y calles empedradas que permiten recorrer siglos de historia.

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Las claves

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Calatañazor, en Soria, destaca por sus restos fosilizados de palmeras de hasta 25 millones de años y su aspecto medieval.

El pueblo está situado a casi 1.000 metros de altitud y apenas cuenta con 43 habitantes, lo que permite un recorrido tranquilo y visual.

El Sabinar de Calatañazor es uno de los bosques de sabinas mejor conservados del mundo, con ejemplares de hasta 2.000 años.

La villa combina vestigios prehistóricos, naturaleza única, arquitectura tradicional y un castillo medieval, siendo un destino de ciencia y patrimonio.

Aunque lo primero que llama la atención es su aspecto medieval, la historia de Calatañazor empieza mucho antes de sus murallas. En este pequeño pueblo soriano, la piedra guarda restos fosilizados de palmeras de hace millones de años.

Ubicado en la provincia de Soria, Calatañazor combina geología, vestigios prehistóricos y sabinas milenarias con un casco histórico diminuto. Esa mezcla permite leer el paisaje soriano desde sus climas antiguos hasta su imagen medieval.

Antes de mirar sus murallas, conviene detenerse en la Piedra del Abanico. Esta roca caliza conserva huellas fosilizadas de hojas y troncos de palmera, una pista de un paisaje mucho más cálido que el actual.

La antigüedad de esos restos se estima entre 10 y 25 millones de años, dentro de la Era Terciaria. Esa huella vegetal recuerda que esta parte de Soria tuvo condiciones subtropicales antes del páramo frío actual.

El propio emplazamiento explica la mezcla de naturaleza e historia. El Ayuntamiento señala que Calatañazor "se alza en la cima de una roca que domina la vega del río Abión", a 990 metros de altitud.

La Diputación de Soria fija su población actual en 43 habitantes, aunque el imaginario turístico suele redondearla a medio centenar. Esa escala mínima convierte la visita en un paseo breve, lento y muy visual.

El pueblo queda a 33 kilómetros de Soria capital y conserva un trazado empinado, estrecho y fácil de recorrer a pie. Sus casas de piedra, adobe y madera de enebro mantienen un aire medieval muy reconocible.

La villa fue declarada conjunto histórico-artístico en 1962. Sus calles conducen hacia la plaza, el rollo de justicia, los restos del castillo y una silueta que parece suspendida sobre el valle.

Muy cerca del casco urbano aparece el Sabinar de Calatañazor, uno de los grandes atractivos naturales del entorno. La Fundación Patrimonio Natural lo define como "uno de los bosques de sabinas mejor conservados del planeta".

El bosque crece sobre terreno llano, calcáreo y situado a unos 1.000 metros de altitud. Algunos ejemplares alcanzan 14 metros de altura, superan los cinco metros de diámetro y rozan los 2.000 años.

La sabina albar explica buena parte de ese paisaje. Esta especie resiste el frío intenso, las heladas tardías y la sequía estival gracias a hojas que reducen la transpiración y raíces muy desarrolladas.

La Fundación también destaca el valor de las viejas sabinas huecas. Sus troncos sirven de refugio a murciélagos, lirones, mochuelos, cárabos y abubillas, además de otros pequeños mamíferos y aves del entorno.

El suelo cuenta otra historia profunda. Según la documentación oficial, el sabinar se asienta sobre calizas formadas durante el Cretácico, después de una larga evolución marcada por antiguos mares y levantamientos geológicos.

Un paseo entre sabinas y murallas

A pocos kilómetros aparece La Fuentona, una surgencia kárstica donde nace el río Abión, rodeada de páramos y desfiladeros calizos. Patrimonio Natural la sitúa entre las más profundas de la Península Ibérica.

El entorno de ese paraje añade otra capa de interés. La misma documentación recoge hasta once yacimientos arqueológicos datados en la Edad del Bronce y del Hierro, además de pinturas rupestres con carga simbólica.

En las inmediaciones del sabinar aparece la silueta medieval de Calatañazor. El pueblo se levanta junto a un precipicio y queda presidido por los restos de su castillo, del que sobresale la torre.

La entrada al casco histórico conduce a calles estrechas, empedradas y pensadas para caminar sin prisa. A ambos lados se abren casas porticadas de adobe, sostenidas por gruesas vigas de enebro.

Ese uso del enebro enlaza la arquitectura con el paisaje vegetal que rodea al pueblo. La madera aparece en soportales, estructuras y cubiertas, reforzando la continuidad entre el sabinar y la villa.

Desde la zona del castillo se entiende la elección del emplazamiento. La roca ofrece defensa natural, domina la vega del río Abión y convierte el conjunto en una pequeña atalaya soriana.

La tradición popular añade su propio relato. “En Calatañazor perdió Almanzor el tambor”, repite el dicho ligado a una batalla medieval envuelta entre historia y leyenda, todavía presente en la memoria local.

También hay una conexión cinematográfica inesperada. Orson Welles rodó en el pueblo escenas de Campanadas a medianoche, una película que aprovechó sus calles, su castillo y su aspecto casi intacto.

La escapada puede completarse con rutas sencillas. La senda del Sabinar apenas alcanza 0,6 kilómetros, mientras la ruta de La Fuentona permite llegar al nacimiento del Abión en un paseo corto.

Quien busque más recorrido puede enlazar Calatañazor con Ucero mediante el PR-SO-3, una ruta de 30 kilómetros que conecta el sabinar, La Fuentona y el Cañón del Río Lobos.

En pocos kilómetros se cruzan fósiles de palmeras, sabinas de hasta 2.000 años, aguas kársticas, restos prehistóricos y murallas medievales. Esa concentración explica por qué Calatañazor funciona como una escapada de ciencia y patrimonio.