Donald Trump.

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Ciencia

EEUU cambia de estrategia: Trump prescinde de todo el Consejo Nacional de Ciencias y se ahorra 9.000 millones

La Casa Blanca destituye por correo y con efecto inmediato a los 22 miembros del órgano que supervisa la NSF.

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Las claves

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Donald Trump ha destituido a los 22 miembros del National Science Board, órgano que supervisa y asesora en política científica y tecnológica en Estados Unidos.

La medida elimina la principal instancia de supervisión independiente de la National Science Foundation, agencia con un presupuesto anual cercano a los 9.000 millones de dólares.

La destitución masiva se interpreta como un intento de aumentar el control político sobre la investigación científica federal y ha generado preocupación en la comunidad académica.

La decisión no tiene precedentes recientes y llega en un contexto de inestabilidad interna y presión política sobre la gobernanza de la ciencia pública estadounidense.

Donald Trump ha ejecutado uno de los movimientos más bruscos de su segunda etapa en la Casa Blanca contra la arquitectura científica de Estados Unidos. Su Administración ha destituido de una sola vez a los 22 miembros del National Science Board.

Este es el órgano independiente que supervisa la National Science Foundation y asesora tanto al presidente como al Congreso en política científica y tecnológica. La decisión fue comunicada por correo electrónico y con efecto inmediato, sin una explicación detallada a los cesados.

El golpe no es menor. El consejo no era un comité ornamental, sino una de las piezas que ayudan a ordenar la gobernanza de la ciencia pública estadounidense. El organismo, creado por el Congreso en 1950, participa en la dirección estratégica de la NSF, aprueba grandes líneas de financiación y emite informes sobre el estado de la ciencia y la ingeniería en el país.

Presupuesto de 9.000 millones de dólares

Eso importa todavía más si se mira el tamaño de la agencia afectada. La NSF maneja un presupuesto anual cercano a los 9.000 millones de dólares y financia investigación en universidades, centros y laboratorios de todo Estados Unidos, desde inteligencia artificial y computación avanzada hasta física, biomedicina e ingeniería.

Por eso la destitución del consejo se está leyendo en buena parte del mundo académico como algo más que un relevo administrativo. La medida ha sido recibida en la comunidad científica como una nueva escalada en la presión política sobre la gobernanza federal de la investigación. Nature subraya que los miembros cesados no recibieron una razón concreta para su salida, mientras AP añade que el consejo se preparaba para una próxima reunión y trabajaba ya en un informe clave sobre la situación de la ciencia en Estados Unidos.

Una decisión política nunca vista

La sensación entre antiguos responsables y observadores del sistema es que la Casa Blanca ha querido apartar de golpe un contrapeso institucional en vísperas de decisiones presupuestarias delicadas.

La Administración Trump, de hecho, ya había defendido recortes muy profundos para la NSF y que el Congreso bloqueó previamente una propuesta que habría reducido en más de un 50% el presupuesto de la agencia. La Casa Blanca ha dejado entrever después del cese que considera anticuado el reparto actual de poderes del órgano, aunque sostiene que el funcionamiento de la NSF continuará.

El efecto inmediato es bastante claro: la fundación se queda sin su principal instancia de supervisión independiente justo cuando todavía está pendiente la definición de su liderazgo futuro.

Ya en febrero, la NSF ya venía arrastrando inestabilidad interna, pérdida de personal científico y dudas sobre su dirección. En ese escenario, eliminar de golpe el National Science Board no parece solo una cuestión de organización institucional, sino una forma de aumentar el control político sobre una agencia especialmente estratégica para la investigación universitaria estadounidense.

La preocupación de fondo es bastante clara. El debate ya no se limita a qué áreas debe priorizar la NSF o cuánto dinero debe recibir, sino a quién controla las reglas mismas de la supervisión científica. De hecho, un cese total de esta escala no tiene precedentes recientes comparables en la historia moderna de la agencia.