Un estudio de ADN revela el colapso de una población en Europa hace 5.000 años y su reemplazo por otra distinta
Un estudio de ADN revela el colapso de una población en Europa hace 5.000 años y su reemplazo por otra distinta
Un estudio reconstruye el ADN antiguo de 132 individuos de una gran tumba megalítica de Bury (norte de París) y detecta una ruptura genética.
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Europa vivió hace unos 5.000 años una sacudida demográfica mucho más profunda de lo que durante décadas se contó como un simple relevo cultural.
Un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution ha analizado el ADN antiguo de 132 personas enterradas en una gran tumba megalítica de Bury, al norte de París, y ha encontrado una ruptura genética muy clara entre quienes usaron ese sepulcro antes y después del llamado declive neolítico.
La tumba resulta especialmente valiosa porque funciona casi como una cápsula temporal del colapso. Según el artículo, el monumento tuvo una primera fase de enterramientos en el final del cuarto milenio a. C., luego un hiato sin actividad funeraria en torno al 3000 a. C. y después una reutilización en la primera mitad del tercer milenio a. C.
Descubrimiento biológico
Ahí está la clave real del hallazgo. Los individuos enterrados antes y después de esa interrupción no pertenecían, en términos genéticos, a una misma continuidad local. Los autores hablan de grupos “largamente discontinuos” y relacionan esa ruptura con un verdadero relevo poblacional, no solo con un cambio de ritual o de costumbre funeraria.
Ese matiz importa mucho porque durante años la discusión sobre el declive neolítico europeo se movió entre hipótesis culturales, cambios sociales y transformaciones regionales difíciles de medir. El nuevo trabajo aporta algo más sólido: una prueba biológica directa de que, al menos en la cuenca de París, una comunidad desapareció o se hundió gravemente y otra distinta ocupó después su lugar.
La fase más antigua ofrece además una pista especialmente inquietante. Los investigadores detectaron un número inusualmente alto de individuos fallecidos a edades muy jóvenes, un patrón que, según explican en la cobertura de la Universidad de Copenhague y en resúmenes científicos, no encaja bien con una población estable y sana.
Eso no significa que el estudio resuelva por sí solo la causa del colapso. De hecho, los propios autores son prudentes. Pero sí dibuja un escenario de fuerte tensión demográfica. En los restos humanos aparecieron además rastros genéticos de patógenos como Yersinia pestis y Borrelia recurrentis, dos nombres que vuelven mucho menos abstracta la posibilidad de una crisis epidémica.
Vínculos genéticos con el sur de Francia
Ese punto enlaza con otro trabajo de 2024, también liderado por Frederik Seersholm, que documentó infecciones repetidas de peste en comunidades neolíticas escandinavas precisamente en el contexto del gran declive demográfico europeo. Aquel estudio no explicaba todo el fenómeno continental, pero sí reforzó la idea de que las enfermedades infecciosas pudieron tener un papel importante en algunas regiones.
El nuevo caso francés añade otra capa decisiva. La población posterior que reutilizó la tumba muestra vínculos genéticos más fuertes con el sur de Francia e Iberia. Es decir, no se trataría simplemente de supervivientes locales reorganizados, sino de una llegada o expansión desde el sur tras la crisis.
También cambió la estructura social observada en el propio monumento. El estudio infiere, a partir de grandes pedigríes reconstruidos, que la organización comunitaria de la fase antigua era distinta a la de la fase posterior. No cambió solo la genética: cambió también la forma de agruparse y de usar el espacio funerario.
A eso se suma una pista ambiental muy reveladora. Entre ambas fases hay evidencia de regeneración forestal en la región, algo que suele interpretarse como una reducción de la presión humana y del uso agrícola del territorio. Esa señal encaja mucho mejor con una caída real de población que con un simple cambio ritual.