Un perro entre las hierbas.

Un perro entre las hierbas. Istock

Ciencia

Un estudio realizado con 54 perros demuestra que no parpadean sin motivo: así se reconocen con los demás

Un nuevo estudio apunta a que el pestañeo forma parte del lenguaje social canino y no es solo un gesto automático para proteger el ojo.

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Las claves

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Un estudio con 54 perros demuestra que el parpadeo entre canes es una respuesta social y no solo un reflejo fisiológico.

Los perros parpadean más cuando ven a otros perros parpadeando, pero no reaccionan igual ante otros gestos faciales como el lamido de nariz.

El experimento controló el estrés midiendo la frecuencia cardíaca, descartando que el parpadeo sea una reacción defensiva.

El hallazgo sugiere que el parpadeo forma parte de la comunicación intraespecífica, ayudando a reforzar los vínculos sociales en los perros.

Un equipo de la Universidad de Parma ha comprobado en 54 perros que el parpadeo aumenta cuando ven a otros canes pestañear. El hallazgo sugiere que ese gesto no es un simple reflejo, sino una respuesta social comunicativa.

El trabajo, publicado en Royal Society Open Science, analizó la reacción animal ante tres vídeos: perros parpadeando, lamiéndose la nariz y quietos. El objetivo era separar una señal social concreta de otros movimientos faciales posibles en el animal.

La conclusión central encaja con el hallazgo, pero con un matiz importante. El estudio no prueba un reconocimiento humano o cognitivo fuerte. Demuestra que los perros responden de manera distinta al parpadeo ajeno y que no pestañean sin motivo.

Los autores, liderados por Chiara Canori, plantearon que el parpadeo forma parte de la comunicación intraespecífica. Los resultados, apuntan los científicos, sugieren un posible fenómeno de imitación o mimetismo que refuerza los vínculos sociales entre los individuos del grupo.

Este punto es clave porque el parpadeo suele interpretarse como algo puramente fisiológico para humedecer el ojo. Sin embargo, el estudio recuerda que en primates y gatos este gesto también interviene de forma decisiva en la compleja comunicación no verbal.

No son casuales

En perros, la señal se había relacionado con conductas de apaciguamiento, frustración o intención no agresiva. Esta investigación da un paso más, porque no estudia solo al emisor del gesto, sino también al perro que recibe el mensaje y responde.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores utilizaron un diseño controlado. Cada perro fue expuesto a los tres vídeos en sesiones separadas, sin interferencias del dueño y con registro paralelo de sus expresiones faciales y de su actividad cardíaca.

El resultado más sólido fue que la conducta AU145, el parpadeo en el sistema DogFACS, apareció con más frecuencia ante el vídeo de congéneres pestañeando. Frente al vídeo control, la tendencia fue parecida, aunque resultó algo menos contundente.

Ese detalle importa mucho para la validez científica. Si los perros hubieran reaccionado igual ante cualquier gesto facial, el argumento comunicativo sería débil. Pero el lamido de nariz no provocó una réplica equivalente, lo que refuerza la función del parpadeo.

El estudio detectó además otro efecto interesante. Cuando los perros observaban el lamido de nariz, aumentaba la visibilidad de la esclerótica, el llamado whale eye. Esta expresión se asocia habitualmente a estados de alerta, tensión o cierta incertidumbre.

Esto no significa que el lamido sea negativo por definición. Indica que las distintas expresiones faciales activan respuestas específicas en quien las observa. Precisamente ahí reside la novedad del trabajo: empieza a dibujar una gramática mucho más fina del rostro canino.

Otro dato relevante es que el equipo controló si los perros estaban simplemente nerviosos. Para ello midieron la frecuencia y variabilidad cardíaca, indicadores útiles para captar cambios fisiológicos a corto plazo durante el experimento realizado en el laboratorio de Parma.

Los registros no apuntaron a una situación de estrés. El artículo señala que los estímulos no fueron percibidos como estresantes, lo que encaja con una lectura social del gesto y no con una reacción puramente defensiva ante una situación de incomodidad.

A pesar de todo, los propios autores son prudentes al respecto. Admiten que esta investigación abre la puerta a estudiar mejor la sincronización del parpadeo y sus efectos en interacciones sociales. El hallazgo es importante, aunque todavía no cierra totalmente la interpretación del gesto.

Aun con esa cautela, el estudio lanza la interesante idea de que el rostro del perro comunica más de lo que parecía, y sus gestos más discretos actúan como una pequeña señal de ajuste social, calma o reconocimiento mutuo dentro de la interacción canina.