Imagen de archivo del primer ministro eslovaco, Robert Fico.

Imagen de archivo del primer ministro eslovaco, Robert Fico. EFE/EPA/Martin Divisek

Ciencia

Eslovaquia pide ayuda a Hungría: apuesta por reabrir un oleoducto con capacidad para 1,4 millones de barriles al día

Esta infraestructura energética se considera de gran relevancia estratégica para el transporte de crudo desde Rusia hacia varios países de este de Europa.

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P. G. Santos
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Las claves

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Eslovaquia ha solicitado a Hungría la reapertura del oleoducto Druzhba, con capacidad para transportar hasta 1,4 millones de barriles diarios.

El oleoducto Druzhba, dañado por ataques durante la guerra en Ucrania, es clave para el suministro de crudo ruso a varios países de Europa del Este.

Desde su construcción en los años 60, el oleoducto ha sido fuente de polémica y presión internacional, especialmente por parte de Estados Unidos.

El sistema interconectado del Druzhba permite a los países ajustar el flujo de petróleo, convirtiéndolo en una herramienta de presión política en la región.

Tras la derrota de Viktor Orbán en las últimas elecciones de Hungría, el actual mandatario, Peter Magyar, ya ha recibido contundentes propuestas por parte de los líderes de los países cercanos con el objetivo de defender los intereses energéticos de la zona.

Uno de los primeros en expresar su voluntad de colaborar con el nuevo Ejecutivo húngaro ha sido el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, quien ha mostrado su interés en la reapertura del oleoducto Druzhba, dañado tras un ataque ruso con motivo de la invasión de Ucrania.

Entiende que se trata de una infraestructura con una gran relevancia estratégica para el transporte de crudo desde Rusia hacia varios países del este de Europa.

El anterior dirigente húngaro ya había solicitado públicamente al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, que acelere los trabajos de reparación de este oleoducto que atraviesa varios países europeos.

Con una longitud de más de 4.000 kilómetros, está considerado el oleoducto más largo del mundo. Tiene una capacidad de 1,2 a 1,4 millones de barriles de crudo al día. No obstante, hay obras en curso para incrementar este volumen en la sección comprendida entre Bielorrusia y Polonia.

Un oleoducto con polémica

Pese a que actualmente ha sido objetivo de ataques, desde su creación en los años 60 ha causado gran polémica. El entonces presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, trató de frenar su construcción aplicando un embargo a los países aliados que participaron en el proyecto.

Entre ellos aparecía Alemania Occidental, encargada de fabricar las tuberías. Aun con estas presiones, el oleoducto Druzhba se ha acabado consolidando como la vasta red que es a día de hoy.

En EEUU se observaba esta infraestructura energética como una potencial amenaza, puesto que en aquel periodo Europa Occidental tan sólo importaba cerca del 6% de su petróleo desde la Unión Soviética, por lo que podría reforzar la interdependencia energética entre Moscú y Europa.

Este oleoducto, cuyo nombre en ruso significa "amistad", nace en Rusia pero se divide en dos grandes tramos al entrar en territorio europeo. Por un lado, la rama norte, que abastece a Polonia y Alemania; y por otro, la sur, que llega a Hungría, Eslovaquia y República Checa.

El objetivo de este oleoducto, por su diseño original, era tratar de garantizar un flujo constante del entonces crudo soviético hacia las refinerías de los países del bloque socialista.

Sin embargo, hay muchas refinerías que actualmente siguen adaptadas al crudo ruso, lo que complica el hecho de sustituirlo por petróleo de otros puntos sin tener que llevar a cabo inversiones importantes.

Su sistema, que opera a través de una cadena de estaciones de bombeo, consiste en mantener la presión necesaria con la que el petróleo fluya durante miles de kilómetros. Por ello cuenta con sensores para detectar fugas, además de un sistema de control de caudal.

Y al contrario de lo que sucede con otros gasoductos que han sido construidos en años posteriores, el de Druzhba tiene una particularidad: es una red interconectada; es decir, que un país puede limitar el flujo en franjas específicas, por lo que se trata de un arma de presión política.