El presidente chino Xi Jinping.

El presidente chino Xi Jinping. Jessica Lee Reuters

Ciencia

China resiste a la crisis del petróleo: acumula cerca de 1.000 millones de barriles de crudo en los últimos meses

El auge del coche eléctrico en China ha contribuido a reducir la dependencia directa del petróleo en el consumo cotidiano, aunque sigue siendo alta.

Más información: China cambia su estrategia: quiere jubilar el petróleo y asegurar su autonomía industrial con las nucleares

J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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China ha acumulado entre 900 y 1.400 millones de barriles de crudo para afrontar la crisis del petróleo causada por el bloqueo del estrecho de Ormuz.

El país ha diversificado sus fuentes energéticas, con Rusia como principal proveedor de petróleo y una base eléctrica sustentada en el carbón.

Más de la mitad de la capacidad energética instalada en China ya proviene de energías renovables, y el auge del vehículo eléctrico reduce la dependencia del crudo.

El encarecimiento del petróleo afecta a sectores clave como la petroquímica, y los precios de la gasolina y el diésel ya han subido en el mercado interno.

China ha convertido una amenaza global en una prueba de resistencia calculada. Mientras el estrecho de Ormuz permanece bloqueado, el gigante asiático ha activado un plan silencioso basado en previsión y diversificación energética.

El país, principal importador mundial de crudo, afronta un escenario complejo tras la interrupción del suministro desde el golfo Pérsico. La crisis, derivada del conflicto con Irán, ha tensionado los mercados internacionales de energía.

El cierre de esta vía estratégica, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo global, ha sacudido la economía mundial y los precios del barril se han disparado hasta acercarse a los 120 dólares.

Esta situación obliga a las economías más dependientes del Golfo a reaccionar con rapidez: China, con un consumo diario de entre 15 y 16 millones de barriles, no escapa a esa presión creciente.

Sin embargo, Pekín no parte de cero y es que durante años ha construido una red de suministros diversificada que le permite reducir su exposición directa a crisis geopolíticas en Oriente Medio.

El carbón sigue siendo la base

Rusia se ha consolidado como su principal proveedor, cubriendo casi una quinta parte de sus importaciones. Este flujo, transportado por oleoductos, no se ha visto afectado por el conflicto en la región.

Además, la estructura energética china juega a su favor. El petróleo y el gas representan poco más de una cuarta parte de su consumo total, mientras el carbón sigue siendo la base del sistema eléctrico.

Uno de los pilares clave de su estrategia ha sido la acumulación de reservas. Aprovechando periodos de precios bajos, China ha almacenado entre 900 y 1.400 millones de barriles de crudo.

Este volumen supone un colchón energético capaz de cubrir varios meses de importaciones. Parte de este petróleo procede de Irán, adquirido a bajo coste pese a las sanciones internacionales.

Ante la volatilidad actual, el Gobierno ha optado por medidas internas prudentes. Entre ellas, destaca la suspensión de exportaciones de combustible para evitar un aumento descontrolado de precios domésticos.

Paralelamente, China acelera su transición hacia energías renovables. La eólica, solar, nuclear e hidroeléctrica ya superan la mitad de la capacidad instalada, reduciendo la dependencia del petróleo.

El auge del vehículo eléctrico también amortigua el impacto. Con al menos un tercio de las nuevas ventas, este cambio reduce la exposición de los consumidores a las fluctuaciones del crudo.

Aun así, persisten riesgos importantes. El encarecimiento del petróleo incrementa los costes de sectores clave como la petroquímica, mientras la gasolina y el diésel ya reflejan subidas en el mercado interno.