Un hipopótamo en una zona rural de Colombia.

Un hipopótamo en una zona rural de Colombia. EFE / Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia

Ciencia

El amargo final de 80 de los hipopótamos del narco Pablo Escobar: el plan desesperado para que reciban la eutanasia

Colombia cuenta con una comunidad de casi 200 hipopótamos descendientes de sólo cuatro ejemplares que Escobar introdujo ilegalmente en su zoo privado.

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Las claves

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El gobierno de Colombia ha decidido aplicar la eutanasia a 80 hipopótamos descendientes de los animales traídos por Pablo Escobar, debido a su impacto ambiental.

Estos hipopótamos, que se han reproducido hasta alcanzar casi 200 ejemplares, representan una amenaza para los ecosistemas y especies autóctonas como el manatí y la tortuga de río.

Los intentos anteriores de trasladarlos a otros países o esterilizarlos han fracasado por problemas logísticos, genéticos y de coste.

La medida ha generado polémica y protestas de sectores animalistas y políticos, que consideran excesiva la decisión del gobierno colombiano.

Aunque el famoso narcotraficante Pablo Escobar murió hace 33 años, parte de su legado sigue dando quebraderos de cabeza al gobierno de Colombia. En concreto, una familia de hipopótamos de casi 200 miembros.

Después de años de intentos de librarse de ellos a través de múltiples formas, el gobierno ha resuelto este lunes que practicará la eutanasia a 80 ejemplares durante el segundo semestre de 2026.

En la década de 1980, el narcotraficante cumplió su sueño de construir un zoológico en su Hacienda Nápoles y entre las fieras que logró reunir había cuatro hipopótamos: un macho y tres hembras.

De estos primeros especímenes traídos de África descienden los dos centenares que ahora son un grave asunto medioambiental. Tras la caída de Escobar, los hipopótamos quedaron abandonados en la Hacienda Nápoles.

Y durante 30 años su comunidad ha prosperado con mucho éxito: salieron de la hacienda, se lanzaron al río Magdalena, en cuyas riberas se han ido estableciendo, y llegaron a la Isla del Silencio. Pero, ¿por qué representa este animal un problema tan grave?

El hipopótamo no sólo es una especie muy agresiva que pone en peligro mortal a vecinos y pescadores, sino que es un animal capaz de alterar enormemente los ecosistemas en los que vive. Y esto es un peligro para la flora y la fauna, también.

Estos megaherbívoros son el tercer animal terrestre más grande del mundo, después del elefante y el rinoceronte blanco, y pesan entre 1.300 y 3.500 kilogramos. Viven unos 50 años y pueden comer hasta 70 kilos de pasto al día y requieren mucha agua.

Tras alimentarse, sus desechos van a parar a las zonas de agua en las que habitan y la transforman: motivan el crecimiento de bacterias y otros microorganismos que pueden acabar con la fauna acuática local.

Además, según se abren paso, también modifican el terreno creando pequeños cursos fluviales. Entre los animales autóctonos más amenazados por esta especie están el manatí y la tortuga de río.

Una difícil decisión

Hasta 2022 no se consideró a este enorme mamífero como una especie invasora en el país latinoamericano. Ese año se contaron unos 169 especímenes y Colombia calcula que, si no hacen nada, en 2030 podrían ser 500 y en 2050, 1.000.

"Desde 2022 la ciencia nos dijo que hay que reducir la población de hipopótamos para salvar nuestros ecosistemas", declaró la ministra de Ambiente de Colombia, Irene Vélez. El plan costará 7.200 millones de pesos, unos dos millones de dólares.

Se implementarán dos métodos de eutanasia, una física y una química, que comienzan con la captura del hipopótamo, la sedación y posterior administración de medicamentos "aprobados por expertos en el manejo de estos procesos". Aunque en los casos más complejos podrían cazarse con balas especiales.

Tras el anuncio de esta medida desesperada, las voces críticas no han tardado en hacerse oír. Desde partidos de la oposición, asociaciones animalistas y ciudadanos han protestado por una medida que consideran excesiva.

Proponen estudiar con más ahínco dos de las medidas que ya se habían explorado, pero que hasta ahora no han resultado exitosas. La primera de ellas, conseguir que otros países donde habita el hipopótamo los adopten, la segunda, la esterilización.

El gobierno colombiano asegura que hasta siete países han esquivado su petición debido al alto coste del traslado de estos hipopótamos y también porque estos animales cuentan con daños genéticos debido a la endogamia.

Al ser descendientes de sólo cuatro hipopótamos, la genética de estos animales es muy pobre y el gobierno de Colombia asegura que es visible en muchos de ellos. "El silencio administrativo nos indica que no hay interés en recibir a los individuos", dijo Vélez.

Sobre la idea de esterilizarlos, el gran tamaño de estos animales hace muy complejas las operaciones y, aunque ya se han hecho algunas, los hipopótamos están demostrando reproducirse a una velocidad mayor que la que requieren estas intervenciones.

También el hacinamiento de estas especies en santuarios podría terminar con ataques entre ellos. Por esta razón, aunque la decisión gubernamental ha provocado enfados, otros sectores la consideran como la más racional en este punto.

"Jamás apoyaré la matanza de criaturas saludables, menos aún, si, como en este caso, son víctimas de la irresponsabilidad, la negligencia, la indolencia y la corrupción estatal", llegó a decir la senadora de la oposición Andrea Padilla.

En el año 2022 también se declaró la necesidad de que la población de estos grandes herbívoros descendiese en 33 ejemplares al año, algo que no se ha cumplido. La eliminación de 80 hipopótamos en 2026 pretende cambiar la dinámica actual.

Ahora bien, Colombia celebra elecciones presidenciales el próximo 31 de mayo y quien suceda a Gustavo Petro también podría cambiar el destino de estos hipopótamos. Aunque, sin duda, heredará un grave problema ambiental.