Investigadores de la Universidad de Barcelona trabajan en el yacimiento de Valls.

Investigadores de la Universidad de Barcelona trabajan en el yacimiento de Valls. Universidad de Barcelona

Ciencia

La ciudad española Patrimonio de la Humanidad que esconde una 'pequeña Pompeya': acogía a unos 5.000 habitantes

Durante siglos, la ubicación exacta de esta metrópoli fue un auténtico misterio para los investigadores, pero ahora se ha desvelado su verdadero paradero.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

Arqueólogos han descubierto en Tarragona los restos de Kissa, una ciudad íbera destruida hace más de 2.200 años y conocida como la 'pequeña Pompeya'.

Kissa albergaba cerca de 5.000 habitantes y contaba con barrios, amplias calles, murallas de hasta ocho metros, fosos defensivos y sistemas de alcantarillado.

El hallazgo de monedas púnicas y proyectiles confirma que la ciudad fue escenario del primer enfrentamiento entre cartagineses y romanos en la península Ibérica.

La destrucción repentina preservó el yacimiento en un estado excepcional, y los trabajos con tecnología avanzada han permitido identificar la ciudad con precisión.

Aunque las ruinas de Pompeya acumulan cada año millones de visitantes, en España también hay un destino arqueológico que bien puede recordar a la antigua ciudad romana situada en la Campania que fue sepultada por la erupción del volcán Vesubio.

A pocos kilómetros del centro de Tarragona, un equipo de arqueólogos ha desenterrado los restos de Kissa, una gran ciudad íbera destruida abruptamente hace más de 2.200 años. Los propios descubridores han utilizado el símil de "una pequeña Pompeya" para presentar este yacimiento.

Durante décadas, la ubicación de Kissa había sido uno de los enigmas más persistentes de la arqueología peninsular. Las fuentes clásicas la situaban en el inicio de la conquista romana, pero ningún vestigio físico había logrado confirmar su existencia con precisión.

Los resultados de los investigadores de la Universidad de Barcelona han sido contundentes. Bajo la tierra se extiende una urbe de unas ocho hectáreas, con capacidad para albergar a cerca de 5.000 habitantes, que estaba organizada en barrios.

Un hallazgo no casual

También tenían calles amplias y complejas infraestructuras que evidencian un alto grado de desarrollo urbano. No obstante, no se trata solo de dimensiones. Las excavaciones han sacado a la luz murallas de hasta ocho metros de grosor, fosos defensivos, sistemas de alcantarillado y restos de viviendas.

En ellas han aparecido monedas púnicas y proyectiles de guerra, congelando el instante de una destrucción que se remonta al año 218 a.C. La ciudad, en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, fue escenario del primer enfrentamiento entre cartagineses y romanos en la península Ibérica.

Se trata de un episodio que, como demostrarán los capítulos venideros, marcaría el inicio de la expansión romana. Estas evidencias materiales, además, refuerzan lo que hasta ahora solo narraban autores como Polibio o Livio.

Y es que la acumulación de monedas cartaginesas y restos bélicos no sólo confirma la presencia militar en la zona, sino que también sitúa a Kissa como un enclave estratégico en aquel conflicto decisivo.

El ya mencionado símil al que han recurrido los arqueólogos no es casual. Como en la ciudad italiana, la destrucción repentina ha permitido preservar estructuras y objetos en un estado excepcional.

Sin embargo, el hallazgo no es fruto del azar. Detrás hay años de trabajo metódico, donde la tecnología ha jugado un papel clave. El uso de georradar, cartografía de precisión y análisis interdisciplinar ha permitido identificar patrones invisibles a simple vista.

Este enfoque ha transformado la arqueología contemporánea, alejándola de la excavación puntual para convertirla en una ciencia de datos, capaz de reconstruir ciudades enteras antes incluso de remover el terreno, minimizando el impacto sobre el yacimiento y optimizando recursos.

Kissa ha dejado de ser una referencia difusa en los textos clásicos para convertirse en un lugar tangible. Un espacio donde se puede leer, en cada muro y cada objeto, el instante exacto en que Roma comenzó a reescribir la historia de Hispania.