Nigeria descubre un truco para el diésel y da una lección a EE.UU.: mezclar agua reduce hasta un 68% la contaminación

Nigeria descubre un truco para el diésel y da una lección a EE.UU.: mezclar agua reduce hasta un 68% la contaminación

Ciencia

Nigeria descubre un truco para el diésel y da una lección a EEUU: mezclar agua reduce hasta un 68% la contaminación

Una revisión en Carbon Research recopila ensayos donde la emulsión agua-diésel reduce NOx y partículas sin exigir rediseñar el motor.

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Las claves

Investigadores en Nigeria han revisado la tecnología Water-in-Diesel Emulsion (WiDE), que consiste en mezclar microgotas de agua con diésel para reducir emisiones contaminantes.

La revisión destaca que esta técnica puede reducir hasta un 67% los óxidos de nitrógeno y un 68% las partículas finas respecto al diésel convencional.

El proceso no requiere rediseñar los motores y utiliza tensioactivos para estabilizar la mezcla, resultando en una combustión más eficiente y menos contaminante.

Aunque la tecnología es prometedora, los expertos advierten que el diésel no se convierte en un combustible limpio y se necesitan más estudios sobre efectos a largo plazo y estabilidad de la mezcla.

El diésel lleva años bajo sospecha por una razón simple: sigue siendo clave para camiones, maquinaria agrícola, generadores y transporte pesado, pero también figura entre las grandes fuentes de óxidos de nitrógeno y partículas finas, dos contaminantes ligados a problemas respiratorios y cardiovasculares.

Ahora, una revisión científica ha devuelto a primer plano una idea tan sencilla como llamativa: mezclar pequeñas gotas de agua dentro del combustible. Sobre el papel suena contraintuitivo, pero los datos recopilados apuntan a que esa emulsión puede recortar de forma notable las emisiones sin arruinar el rendimiento del motor.

El trabajo fue publicado en 2025 en la revista Carbon Research por investigadores vinculados a la Federal University of Technology Owerri, en Nigeria. No presenta un único experimento nuevo, sino una revisión de estudios previos sobre la llamada tecnología Water-in-Diesel Emulsion, o WiDE.

Cuando se habla de recortes superiores al 60%, no se está diciendo que desaparezca el impacto climático del diésel ni que caigan todas sus emisiones, sino sobre todo los NOx y el material particulado.

Según el resumen del artículo, varias investigaciones analizadas muestran reducciones de hasta un 67% en óxidos de nitrógeno y de hasta un 68% en partículas respecto al diésel convencional. Además, algunos ensayos describen mejoras en la eficiencia térmica del motor.

No exige rediseñar por completo el motor

La lógica física detrás del sistema es bastante elegante. El agua no se añade a chorros, sino en microgotas estabilizadas mediante tensioactivos, compuestos que permiten mantener la mezcla homogénea durante semanas. En algunos casos, la revisión habla de una estabilidad de hasta 60 días.

Cuando esa emulsión entra en combustión, el agua se vaporiza con enorme rapidez y provoca pequeñas “microexplosiones” dentro de la gota de combustible. Ese fenómeno rompe mejor el chorro, favorece una mezcla más fina entre aire y diésel y mejora la oxidación durante la quema.

El efecto más relevante aparece en la temperatura. Al introducir agua, el pico térmico de la combustión baja, y eso limita la formación de NOx, que depende mucho de condiciones muy calientes. Al mismo tiempo, una combustión más completa ayuda a reducir hollín y partículas.

La gran baza de esta vía es que, en teoría, no exige rediseñar por completo el motor. Frente a sistemas como filtros de partículas, recirculación de gases o reducción catalítica selectiva, la emulsión agua-diésel se plantea como un complemento potencialmente más simple y barato.

Aun así, sería precipitado venderlo como solución definitiva. Los propios autores insisten en que todavía hace falta optimizar la elección de tensioactivos, mejorar la estabilidad de las mezclas y estudiar con más detalle los efectos a largo plazo sobre corrosión, desgaste y componentes internos.

También hay otra cautela importante: esto no convierte al diésel en un combustible limpio. Lo que hace, en el mejor de los casos, es recortar algunos de sus contaminantes más dañinos mientras sectores difíciles de electrificar siguen dependiendo de motores de combustión, especialmente en agricultura, logística e industria pesada.