Imagen de archivo de este complejo monumental que esconde distintos aspectos matemáticos.

Imagen de archivo de este complejo monumental que esconde distintos aspectos matemáticos. EFE Pepe Torres

Ciencia

La ciudad española Patrimonio de la Humanidad que puedes recorrer a pie: resolvió un complejo problema matemático

Durante siglos, los artesanos andalusíes desarrollaron un lenguaje visual basado en patrones geométricos complejos.

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Las claves

La Alhambra de Granada, Patrimonio de la Humanidad, destaca por su diseño basado en complejos patrones matemáticos aplicados siglos antes de su formalización.

Los artesanos nazaríes emplearon los 17 tipos posibles de mosaicos planos, conocidos como grupos cristalográficos, combinando simetría, giros y traslaciones.

El uso de proporciones matemáticas precisas, como la raíz cuadrada de 2, otorga a la Alhambra una armonía visual natural y equilibrada.

La orientación precisa de los espacios religiosos y el arte abstracto basado en geometría reflejan el dominio de la trigonometría y la astronomía por parte de sus constructores.

Hay ciudades que es posible recorrer sin ningún tipo de mapa, donde cada calle parece encajar dentro de una lógica invisible que guía a cualquiera de sus visitantes de forma inconsciente. Se trata de lugares cuya belleza no es fruto del mero azar, sino que se trata de un orden preciso.

El arte, la arquitectura y el conocimiento se combinan en perfecta armonía. En uno de estos enclaves, declarado Patrimonio de la Humanidad, sus creadores lograron integrar soluciones a complejos problemas matemáticos siglos antes de que estos fueran formalmente descritos.

Lugares donde un paseo no solo nos habla de historia, sino también de geometría aplicada. Se trata de lugares que se visitan con los ojos, pero pueden recorrerse con la mente, como la Alhambra.

Este palacio nazarí declarado Patrimonio de la Humanidad dispuesto en la ciudad de Granada, es conocido por sus llamativos patios, fuentes, yeserías y mosaicos que parecen diseñados tan solo para ser admirados en base a su estética.

Una obra maestra matemática

Sin embargo, esta apariencia ornamental en realidad esconde a su vez una obra maestra matemática. Los artesanos andalusíes no se basaron solo en la decoración cuando usaron patrones geométricos complejos, sino que estaban exponiendo una forma de conocimiento.

De hecho, uno de los hallazgos más sorprendentes es que la Alhambra contiene ejemplos de los 17 tipos posibles de mosaicos planos, más conocidos en matemáticas como grupos cristalográficos.

Este concepto, sin embargo, no se formalizó hasta siglos después, a pesar de que los artistas nazaríes ya lo aplicaban en sus diseños combinando simetrías, giros y traslaciones. Así llegaron a resolver, sin una teoría formal, un problema matemático que tardaría siglos en definirse.

Por otro lado, otro de los secretos mejor guardados del conjunto artístico de la Alhambra es el uso sistemático de proporciones matemáticas precisas, donde destacaría una especialmente elegante: la raíz cuadrada de 2 (√2).

Aunque pueda sonar a detalle técnico, esta proporción tendría implicaciones profundas. Se trata de la misma proporción que define el tamaño de un folio DIN A4 y que permite dividir una superficie infinitas veces manteniendo siempre la misma relación entre sus lados.

En este caso, los arquitectos nazaríes la utilizaron para diseñar puertas, ventanas y espacios, logrando una armonía visual que el ojo humano percibe como natural y equilibrada, sin saber muy bien por qué.

Asimismo, cabe recordar que en la cultura islámica la representación figurativa estaba limitada en muchos contextos religiosos, prohibiendo la representación de seres vivos en sus creaciones. Esto dio impulso al desarrollo de un arte abstracto, basado en geometría, repetición y simetría.

En este caso, los mosaicos de la Alhambra no son solo patrones decorativos, sino símbolos de una idea filosófica: la repetición infinita de un motivo evoca la infinitud divina, un concepto central del pensamiento islámico.

Incluso en aspectos aparentemente prácticos, como la orientación de los oratorios, la matemática es clave: los musulmanes deben rezar hacia La Meca, lo cual exige cálculos astronómicos y geométricos complejos.

En la Alhambra, algunos espacios religiosos presentan desviaciones mínimas respecto a la orientación ideal, mucho más precisas que otras construcciones de la época, demostrando que los constructores dominaban tanto la estética como la trigonometría y la astronomía.

Por tanto, recorrer la Alhambra no solo implica poder apreciar su belleza, sino asistir casi a una clase de matemáticas aplicada. Sus arcos, mosaicos y proporciones son precisos, pero todo este conocimiento se integra de forma invisible para el visitante.

Lo que lograron sus creadores es convertir un complejo sistema matemático en una experiencia estética aparentemente sencilla, dando lugar a una resolución de complejos problemas matemáticos siglos antes de lo que se creía y transformándolos en belleza.