Ni la Sierra de la Culebra ni los Picos de Europa: el lobo ibérico logra superar las 300 manadas y reconquista España
Ni la Sierra de la Culebra ni los Picos de Europa: el lobo ibérico logra superar las 300 manadas y reconquista España
La población de lobo ibérico crece en nuestro país alcanzando un total de 333 manadas censadas: su protección ha sido un factor determinante.
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La recuperación del lobo ibérico en España logra un hito histórico tras décadas de preocupación. Los datos del último Censo Nacional (2021-2024) confirman que la población de Canis lupus signatus ha crecido un 12,1%, consolidando un total de 333 manadas repartidas por el país.
Se trata, realmente, de un acontecimiento único que acerca a la especie cada vez más a un estado de conservación favorable, para lo cual estiman que serían necesarias unas 500 manadas. Aunque quede un poco para alcanzar esa cifra, no es imposible con medidas de protección.
Gracias a la gestión nacional, las manadas se están asentando en territorios donde antes eran perseguidas sistemáticamente, garantizando así su prosperidad en otros territorios para que puedan "respirar" con mayor libertad.
Aunque sus bastiones tradicionales siguen siendo el noroeste -Castilla y León, Galicia, Asturias y Cantabria-, la especie se está expandiendo hacia el este y el sur. De hecho, Madrid ha pasado de tener una sola manada a consolidar cinco, y en Guadalajara ya hay al menos cuatro establecidas.
Ya hay 333 manadas de lobo ibérico establecidas en España.
Un crecimiento seguro y estable
La protección del lobo mediante su inclusión en el LESPRE (Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial) ha sido un factor determinante en esta recuperación, pero lo cierto es que la especie sigue generando un intenso debate social por los ataques al ganado.
Aunque se estima que son necesarias, al menos, esa cifra de 500 manadas para garantizar una diversidad genética que asegure la supervivencia de la especie a largo plazo sin problemas de consanguinidad, este crecimiento permite que los ejemplares se desplacen a nuevos territorios, facilitando el intercambio genético entre manadas aisladas.
De modo que es un avance tremendamente positivo para el lobo ibérico para garantizar, en la medida de lo posible, esa curva ascendente que lo ponga fuera de peligro.
Si bien es cierto que su aumento está provocando controversia en determinados sectores ganaderos, su presencia regula las poblaciones de jabalíes y ciervos, lo que previene el sobrepastoreo y ayuda a la regeneración de los bosques. Además, al cazar ejemplares también enfermos ayuda a frenar la expansión de enfermedades entre la fauna.
A fin de cuentas, esto es una victoria biológica porque aleja a la especie de la extinción inmediata, pero exige una gestión muy precisa para lograr la coexistencia con el mundo rural y todo lo que rodea al animal, que está más en contacto con los humanos que nunca.
Este crecimiento del 12% en el censo refleja que, con mucho control y supervisión, la especie tiene una capacidad de recuperación biológica extraordinaria, pero ahora hay que estudiar cómo hacer que su expansión sea segura para todos.