Ni Doñana ni Sierra Morena: el águila imperial ibérica logra superar los 1.000 ejemplares y reconquista España
Ni Doñana ni Sierra Morena: el águila imperial ibérica logra superar los 1.000 ejemplares y reconquista España
El águila imperial ibérica crece y se expande por más territorios de la península y logra poblaciones récord más allá de sus zonas habituales.
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El águila imperial atraviesa por uno de sus mejores momentos, rompiendo ampliamente la barrera de los 1.000 ejemplares en zonas que, generalmente, no son sus habituales ni tampoco sus hábitat fundamentales. El ave rapaz se está expandiendo con seguridad y son buenas noticias.
A día de hoy, de hecho, se puede decir que "nuestra águila" ha consolidado una recuperación que los expertos califican de milagrosa, y no es para menos teniendo en cuenta la tendencia positiva -de crecimiento- que está teniendo la especie desde hace unos años.
En Castilla y León, la especie ha alcanzado un récord de 191 territorios censados a finales de 2025. En la Comunidad de Madrid, la población se ha cuadruplicado desde los años 80, alcanzando las 109 parejas reproductoras en 2025, lo que supone un aumento del 13% en solo un año.
Aunque legalmente sigue protegida, los organismos de conservación ya no consideran que su extinción sea una amenaza inmediata, un cambio drástico respecto a los años 60 y 70, cuando solo quedaban unas 30 parejas en todo el mundo.
El águila imperial ibérica se expande por España.
Estabilidad y buen crecimiento
Aunque Doñana y Sierra Morena fueron sus últimos refugios cuando la especie estaba precisamente al borde de la extinción, el águila ya se ha expandido de forma estable por el Sistema Central, Montes de Toledo, Extremadura y por supuesto nuevas zonas de Castilla y León, así que el animal se ha "readaptado" encontrando nuevos hogares.
Si en 2022 ya se contabilizaban 841 parejas -cifra que por lo menos implica 1.682 adultos reproductores-, su tendencia ascendente confirmada en 2024 y 2025 sitúa a la especie muy por encima de los 1.000 individuos totales, incluyendo jóvenes y ejemplares en dispersión.
Aunque legalmente sigue protegida, los organismos de conservación ya no consideran que su extinción sea una amenaza inmediata, un cambio drástico respecto a los años 60 y 70, cuando solo quedaban unas 30 parejas en todo el mundo: estamos realmente frente a un caso de éxito en lo que se refiere a supervivencia y adaptación.
No obstante, también ha ayudado que las personas dejen de perseguir al animal y se realicen ciertos cambios en hábitats concretos para que el águila imperial ibérica pueda cazar, alimentarse y criar de manera natural y sin interferencias.
De hecho, es clave que a su alrededor tengan poca presencia humana, puesto que lo necesitan durante la época de cría -más o menos febrero a julio- para no abandonar el nido.
La modificación de miles de postes eléctricos para evitar la electrocución -una de sus causas de muerte más graves- ha sido clave y, por supuesto, ha sido vital el fin de la persecución directa gracias a una vigilancia estricta y a la concienciación de propietarios de fincas privadas.
Si desapareciera de aquí, probablemente desaparecería de todo el planeta, por lo que su cuidado es imperativo. Su bienestar, además, también es buena noticia para nuestro ecosistema, puesto que indica que goza de buena salud.