China cambia las normas: crea una ciudad del futuro con drones, IA y un 95% de coches eléctricos en menos de 50 años
China cambia las normas: crea una ciudad del futuro con drones, IA y un 95% de coches eléctricos en menos de 50 años
Conocida como el "Silicon Valley de China", la ciudad ha pasado de ser un pueblo pesquero a una metrópolis con la integración de la inteligencia artificial.
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Las películas de ciencia ficción están empezando a dejar de serlo por los increíbles avances tecnológicos del mundo. Tras la llegada de la IA, no han sido pocos los campos que han dado un paso de gigante, y hasta existen pueblos que gracias a esta herramienta se han transformado en ciudades impresionantes.
Shenzhen es uno de esos ejemplos. Conocida como el "Silicon Valley de China", la ciudad es ahora un referente siendo la sede de DJI, el líder mundial en drones, y ha convertido su espacio aéreo en una red logística activa. La ciudad opera bajo un cerebro urbano inteligente que utiliza tecnología digital para gestionar el tráfico, la meteorología y los servicios públicos en tiempo real. Es decir, la ciudad es como un robot colosal.
Siendo en el pasado simplemente un pueblo pesquero, ahora el lugar es un monstruo tecnológico donde los drones se encargan de repartir comida y paquetes por todos los domicilios de manera automatizada, con pedidos que llegan en menos de 10 minutos. Es, por decirlo claro, como viajar al futuro.
Shenzhen, la Silicon Valley de China.
Una ciudad futurista en pleno 2026
Para muchos expertos, Shenzhen no es solo una ciudad, sino un laboratorio viviente. Lo que sucede allí supone un avance vital porque demuestra que la integración masiva de tecnología no es ciencia ficción, sino un modelo de eficiencia operativa que puede aplicarse ya mismo en todo el mundo con la inyección de presupuesto necesaria.
Es el ejemplo a seguir en muchísimos aspectos, principalmente en la limitación de contaminación, y es que ha sido la primera ciudad del mundo en electrificar completamente su flota de autobuses y taxis y mantiene límites estrictos a la compra de vehículos de gasolina para reducir la contaminación y el tráfico.
Tiene sentido, en parte, que la urbe haya podido hacer algo así, puesto que es la sede del gigante BYD y cuenta con una infraestructura de carga ultra rápida y estaciones de intercambio de baterías en minutos: ya os decíamos que era una ciudad totalmente futurista.
Pero aunque la ciudad sea referente en muchos aspectos y se hayan logrado acontecimientos increíbles, como la reducción drástica del ruido urbano -gracias a los motores eléctricos- y la contaminación local -con un aire limpio-, hay debate sobre el uso de inteligencia artificial.
En términos de sostenibilidad y eficiencia, Shenzhen es un lugar perfecto, pero también supone un desafío ético sobre el uso de la IA y el reconocimiento facial -integrado en mil y una ubicaciones para realizar todo tipo de cosas- para gestionar la vida ciudadana. Es decir, que también hay un control ahí que preocupa a los ciudadanos.