Fotografía de la Nymphalis polychloros.

Fotografía de la Nymphalis polychloros.

Ciencia

Una mariposa de 5 centímetros que llevaba 60 años extinta reaparece en el norte de Europa y sorprende a los expertos

La gran carey reaparece en el sur de Inglaterra con señales de cría desde 2020: Butterfly Conservation ya lo considera especie residente.

Más información: ¿Dónde están las mariposas? El cambio climático y el adiós de las especies

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Las claves

La mariposa gran carey (Nymphalis polychloros), extinta en Reino Unido desde hace 60 años, ha reaparecido y se está reinstalando en el sur de Inglaterra.

Butterfly Conservation confirma que la especie vuelve a formar parte de la fauna británica, tras numerosos avistamientos y hallazgos de orugas en libertad desde 2020.

El regreso se atribuye al cambio climático y al aumento de poblaciones en Países Bajos y Francia, facilitando su cruce al Reino Unido.

Con la gran carey de vuelta, Reino Unido suma ahora 60 especies autóctonas de mariposas, aunque los expertos advierten que la recuperación aún es frágil.

La resurrección de este animal no ha ocurrido en un laboratorio, sino en los claros de bosque del sur de Inglaterra. La mariposa gran carey (Nymphalis polychloros), ausente como residente desde mediados del siglo XX, vuelve a contarse entre las especies británicas.

La organización Butterfly Conservation ha dado el paso simbólico: tras una oleada de observaciones de principios de primavera, considera que ya no hablamos de visitantes sueltos, sino de una especie que está reinstalándose en el país.

El mapa de avistamientos dibuja una franja clara: Kent, Sussex, Hampshire, Dorset, Cornualles y la isla de Wight. En esa lista se repiten bosques templados donde los adultos salen de la hibernación justo cuando casi no vuela nadie.

La noticia también cambia un contador nacional. Con la gran carey de vuelta, el Reino Unido suma 60 especies de mariposas autóctonas, un número redondo que en conservación funciona como termómetro cultural: añade atención, fondos y vigilancia ciudadana.

La pregunta obvia es por qué desapareció. Durante décadas se culpó a la grafiosis (la enfermedad holandesa del olmo), que arrasó el principal árbol hospedador de las orugas. Hoy se matiza: quizá el país estaba ya en el límite de su rango.

Avistamientos fijos y no puntuales

Ese matiz importa porque cambia el culpable: de una sola causa a un cóctel. Si el gran carey vivía en el borde norte de su distribución, cualquier sacudida —olmos enfermos, veranos malos, fragmentación de bosques— podía empujarlo fuera del mapa sin necesidad de catástrofe.

En ese contexto, el clima actual actúa como alfombra roja. Este retorno se atribuye a temperaturas más altas y al aumento de poblaciones en Países Bajos y Francia, que facilitarían cruces del Canal y del Mar del Norte.

Pero el giro decisivo no es el adulto fotografiado: es la oruga encontrada en libertad. Desde 2020 se han registrado larvas alimentándose de árboles hospedadores en Dorset y después en más zonas, una señal de reproducción estable.

Un adulto aislado puede ser migración o suelta ilegal; mientras que una oruga en el árbol equivocado es más fácil de explicar. Por eso la conversación cambia: la gran carey ya no solo llega, también se queda.

Richard Fox, responsable científico de Butterfly Conservation, habla de “señales positivas” pero admite una zona de incertidumbre: algunas colonizaciones despegan y otras quedan localizadas, incluso pueden perderse otra vez.

Los números, por ahora, se leen como indicios positivos. Envirotec recoge que se han reportado al menos 20 avistamientos recientes, especialmente en la isla de Wight, Kent y Hampshire. Eso suena a brote, no a abundancia.