Recreación hecha por IA de la ciudad grecorromana perdida.
Arqueólogos no dan crédito: buscando restos de la Segunda Guerra Mundial dan con una ciudad perdida 2.000 años
Una misión que buscaba huellas del conflicto en El Alamein descubre en Darazya un asentamiento grecorromano con casas y megacisternas.
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En la costa mediterránea de Egipto, a unos 100 kilómetros al oeste de Alejandría, el paisaje de El Alamein se había contado casi siempre en clave bélica. Pero en Darazya, una prospección centrada en la Segunda Guerra Mundial ha destapado otra guerra: la del tiempo.
El equipo de la misión egipcio-polaca trabajaba documentando refugios y estructuras de 1941-1942 asociados a las posiciones británicas. Entre dunas y caliza, empezaron a aparecer muros con mortero de cal, piezas ornamentales y trazas domésticas que no cuadraban con un campamento moderno.
La sorpresa quedó fijada en Antiquity: Darazya no es solo un escenario de la batalla de 1942, sino un asentamiento grecorromano activo entre los siglos I y II d. C. Un lugar con doble memoria, separado por casi dos milenios.
Las campañas de 2021 y 2022 permitieron identificar al menos tres edificios principales, H1, H2 y H3. Son construcciones de mampostería irregular con mortero de cal, con estancias organizadas alrededor de espacios centrales, muy coherentes con tradición doméstica grecorromana.
H1 y H3 encajan como casas, y en superficie apareció incluso un fragmento de altar de piedra, una pista de cultos domésticos. H2, situada en posición más central, muestra elementos arquitectónicos más elaborados que sugieren un uso comunitario o administrativo.
Dos megacisternas
La cronología se apoya, sobre todo, en los materiales: cerámicas de mesa y recipientes cotidianos, además de importaciones como sigillata, que apuntan a una comunidad integrada en la red mediterránea. No era un caserío aislado: era costa conectada.
La pieza estrella, sin embargo, es hidráulica. El yacimiento conserva dos grandes cisternas subterráneas (C1 y C2) excavadas en roca caliza, de alrededor de cinco metros de altura, con planta cuadrangular y un pilar central para sostener el techo.
Las cisternas estaban recubiertas con mortero impermeable y se accedía por conductos verticales estrechos desde la superficie. En un litoral semiárido, esa ingeniería no es un detalle: es la condición de posibilidad del asentamiento y su supervivencia estacional.
Luego llega la capa del siglo XX. Darazya conserva numerosas estructuras militares de 1941-1942, pero destaca un complejo de 17 refugios subterráneos enlazados por pasillos, con tres accesos desde el nivel del suelo, levantados con caliza y cubiertos con hormigón armado.
Restos de la Casa H1 en proceso de conservación.
La coexistencia es lo que lo vuelve excepcional: depósitos romanos pensados para guardar agua y refugios bélicos diseñados para resistir bombardeos comparten el mismo subsuelo. En un solo paseo, el yacimiento obliga a cambiar de siglo cada pocos metros.
El proyecto no se ha limitado a excavar. Para diferenciar fases y materiales, el equipo recurrió a termografías y análisis de piedras y morteros, buscando intervenciones de conservación compatibles con cada época.