Imagen de un lince ibérico.

Imagen de un lince ibérico. Istock.

Ciencia

Ni Doñana ni Sierra Morena: el nuevo bastión del lince ibérico en España donde ya campan más de 2.400

En cuestión de 20 años el lince ibérico ha conseguido multiplicar por 24 su población en España.

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

La población del lince ibérico ha pasado de menos de 100 ejemplares en libertad hace 20 años a más de 2.400 en la península ibérica.

El lince ibérico ya no solo habita en Doñana y Sierra Morena, sino en catorce áreas distribuidas por Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia, Castilla y León y Portugal.

El éxito se debe a proyectos como LynxConnect, que han conectado genéticamente las poblaciones y reducido la endogamia para asegurar la viabilidad a largo plazo.

Actualmente hay 470 hembras reproductoras y el reto es triplicar la población para consolidar la autosuficiencia genética de la especie.

Poco le faltó al lince ibérico para desaparecer en la naturaleza, pero su situación ha cambiado de manera radical en sólo 20 años. La especie ha pasado en ese tiempo de tener menos de 100 ejemplares en libertad a ser nada menos que 2.401 en la península Ibérica.

La historia de la multiplicación del lince en España se ha convertido en uno de los mayores éxitos de conservación de la fauna en Europa. Pero, ¿por dónde se extienden sus manadas? Llama la atención que el lince ibérico se haya descentralizado.

Ahora va mucho más allá de los núcleos históricos de Doñana y Sierra Morena. A las zonas en Andalucía se han sumado territorios de reintroducción y expansión en Castilla-La Mancha, en Extremadura, en Murcia, en Portugal e incluso en Castilla y León.

Vale do Guadiana, Guarrizas, Guadalmellato, Montes de Toledo, la Sierra Morena Oriental, Matachel, Sierra Arana, Valdecañas-Ibores, Ortiga, Tierras Altas de Lorca, Campos de Hellín y el Cerrato de Palencia son algunas de las zonas donde se ha establecido.

Este mosaico de poblaciones reproductoras consolida un "nuevo bastión" distribuido por catorce áreas diferentes donde el lince vuelve a criar de forma estable. La clave no ha sido solo liberar animales, sino construir una metapoblación conectada.

Linces en expansión

Este ha sido el objetivo central del proyecto LynxConnect, que busca unir genéticamente todos estos núcleos para garantizar su viabilidad a largo plazo. Es decir, se ha trabajado para reducir la endogamia en estos especímenes y mejorar la salud de la especie.

Al conectar las poblaciones de Andalucía, Castilla‑La Mancha, Extremadura, Portugal y los nuevos enclaves de Murcia y Castilla y León, se favorece el intercambio natural de genes y se reduce el riesgo de que una enfermedad o un declive local afecten a la especie.

Detrás de este giro de guión hay ciencia aplicada al detalle. Los programas LIFE han permitido combinar conservación in situ, cría en cautividad y reintroducciones planificadas con criterios genéticos para evitar la consanguinidad.

También seleccionar los mejores reproductores y decidir qué ejemplares liberar en cada zona. Esa estrategia ha sido la que ha permitido pasar del "punto de no retorno" de 2002 a una situación en la que el lince ya supera los 2.000 individuos en España.

Y con 470 hembras reproductoras registradas en 2024. El nuevo reto es que este bastión disperso sea realmente autosostenible. Los especialistas calculan que, para asegurar la viabilidad genética a largo plazo, la población debería al menos triplicarse respecto a 2023.

Algo que consideran ambicioso pero alcanzable si se mantiene el ritmo actual de crecimiento y la expansión a nuevos territorios.

La historia reciente del lince ibérico demuestra que, con financiación continuada, planificación genética y apoyo social en los territorios rurales, incluso un felino al borde de la desaparición puede reconquistar un país entero.