Imágenes del personal del GADE desplazado para prestar apoyo frente al episodio de lluvias.

Imágenes del personal del GADE desplazado para prestar apoyo frente al episodio de lluvias. CSIC

Ciencia

Los científicos que trabajan bajo la lluvia "cada hora del día" en los pueblos evacuados: "Ahora preocupan los deslizamientos"

El CSIC ha activado, por segunda vez, el Grupo de Asesoramiento de Desastres y Emergencias para prestar asesoramiento científico en las zonas afectadas.

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Las claves

Científicos del CSIC trabajan en pueblos evacuados del sur de España para asesorar sobre riesgos tras lluvias históricas.

La mayor preocupación actual son los deslizamientos de terreno, ya que el suelo sigue inestable por la acumulación de agua en el interior de las montañas.

En municipios como Grazalema y Benaoján, se han instalado dispositivos para medir el nivel de aguas subterráneas y monitorizar el riesgo de colapsos repentinos.

La experiencia está permitiendo recopilar información inédita sobre el comportamiento del terreno tras episodios de lluvias extremas, útil para futuras emergencias.

Mientras miles de personas eran desalojadas de sus casas por el temporal, Ana Ruiz tuvo que ir a contracorriente, dirigiéndose allí donde aún seguía lloviendo como no se veía desde hace mucho tiempo. Era viernes 6 de febrero y la geóloga acababa de llegar a Benaoján (Málaga).

Un día antes, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) había activado el Grupo de Asesoramiento de Desastres y Emergencias (GADE), a petición de la Junta de Andalucía, para prestar asesoramiento científico ante las lluvias que han afectado al sur peninsular.

Se trataba de la segunda ocasión en la que se activaba este grupo formado por cuatro equipos de 10 personas, todos ellos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), tras el que se creó, en 2024, para responder a un episodio de contaminación marina en Las Palmas de Gran Canaria.

Para Ruiz, sin embargo, fue la primera vez que participa en una emergencia como esta. En Andalucía, la cifra total de evacuados ha superado las 11.000 personas; cerca de un tercio de ellas aún permanecen desalojadas.

Preocupación por los deslizamientos

Por ello, lo más duro de su trabajo ha sido enfrentarse a una realidad de la que, por fortuna, no se suele ser testigo: la de presenciar cómo todo un pueblo afectado está viviendo "una situación que les desborda porque puede que la lluvia se haya llevado su casa por delante".

También se percibe la angustia de quien "está pendiente de saber si un deslizamiento va a avanzar, estando su casa cerca". De hecho, "ahora mismo preocupan los deslizamientos" porque el suelo no se estabiliza de forma inmediata.

Tanto en la zona de Grazalema como en la de la Serranía de Ronda esta preocupación se acentúa porque el agua se ha acumulado en el interior de las montañas, de roca caliza, aumentando la presión hidrostática desde dentro hacia fuera.

Esto es, el agua está empujando las laderas desde el interior, por lo que cuando el nivel del agua baje, podría producirse un efecto de succión que causase colapsos repentinos del terreno.

El riesgo, por tanto, no va a desaparecer en cuanto deje de llover. La incertidumbre ante la saturación de los acuíferos en la zona es elevada, como apunta Juan Carlos García, coordinador del GADE, en declaraciones a EFE.

Pese a que la situación "se está valorando", no hay un registro previo que haya dejado evidencia de cuáles son las consecuencias de un periodo tan abundante de lluvia como el que ha habido en Grazalema.

El municipio gaditano es uno de los puntos de España con más precipitaciones, pero en estas semanas ha sufrido episodios excepcionales, con hasta 577 litros por metro cuadrado en sólo 24 horas.

El registro más reciente con el que se puede comparar es el de 1963, cuando se registraron 4.346 l/m2. En 2026, ya se han superado los 4.418 l/m2. Lo positivo es que aquel año "no se recuerdan grandes problemas en el pueblo".

Un trabajo sin horarios

Similar a lo que estaba ocurriendo en Grazalema, en Benaoján también salía el agua por las viviendas del casco urbano, como constató Ruiz al llegar a este municipio malagueño que ha sufrido desalojos por deslizamientos y un embalse al límite de su capacidad.

Expertos del CSIC evalúan la situación de los pueblos afectados por el paso de la borrasca Leonardo.

Expertos del CSIC evalúan la situación de los pueblos afectados por el paso de la borrasca Leonardo. IGME-CSIC Cedida

Las primeras labores pasaban desde comprobar la zona por la que salía el agua hasta hacer sobre el terreno un control del caudal, valorando cómo iba descendiendo por el manantial. Además, se han instalado piezómetros con los que medir el nivel de las aguas subterráneas.

Esta información se le trasladaba a las autoridades para, entre otros motivos, "evitar bulos" que pudieran alarmar a una población que ya de por sí se encontraba en una situación de constante alerta.

Acostumbrada a un método científico que exige unos tiempos más pausados, la geóloga del IGME-CSIC reconoce que en estos casos la velocidad apremia y se siente la responsabilidad de la toma de decisiones.

Este nivel de exigencia provoca que se trabaje "sin mirar qué día es". Y es que cuando finaliza el trabajo de campo deben completar los informes que se trasladan a los coordinadores, quienes, a su vez, los remiten al servicio de emergencias 112.

El propio personal del GADE también se reúne para conocer de primera mano qué es lo que está ocurriendo en los distintos pueblos y así "tener una visión completa de la situación".

La situación sigue "inestable"

Una de los puntos en los que habrá que poner especial cuidado son las medidas de contención de los deslizamientos, controlando que no sigan avanzando. Para ello sería necesario que se secara el terreno pero como no ha dejado de llover en la zona "la situación sigue inestable".

En Grazalema está previsto realizar un estudio para conocer el estado del terreno en puntos clave. Unos 1.600 vecinos de este municipio aún siguen desalojados.

Ruiz entiende que no le corresponde a ella comentar cuándo volverán, pues se trata de una decisión que depende de las administraciones, de quienes valora la "excelente coordinación" que ha existido en todo momento.

Sí que lamenta que a los geólogos sólo se les eche de menos cuando sucede una emergencia: "Es una problemática que la geología desaparezca porque la población deja de ser consciente de cómo responde la naturaleza a eventos extremos como este episodio de lluvia".

Cuando conversa con EL ESPAÑOL hace ya un par de días desde que regresó de Benaoján pero sigue "en alerta", participando en las reuniones y atendiendo a las peticiones de los compañeros que le han relevado. Pone en valor también a los que siempre han estado en remoto.

Su participación ha sido clave ya que, debido a la imposibilidad de evaluar el desastre desde tierra, el Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus se ha activado para monitorizar la zona y evitar posibles peligros.

Lo necesario, una vez que la emergencia desaparezca, será recabar toda la información, puesto que "a nivel científico va a suponer un gran avance al ser un registro excepcional que hemos visto de primera mano", concluye Ruiz.