El lingüista y filósofo Noam Chomsky.

El lingüista y filósofo Noam Chomsky.

Ciencia

Noam Chomsky (98), filósofo, sobre la felicidad: "Limitar las opiniones a lo que se considera aceptable crea gente pasiva"

Este lingüista y pensador sostiene que si no permitimos la opinión de la gente que detestamos en realidad no defendemos la libertad de expresión.

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

Noam Chomsky considera la libertad como un valor fundamental para alcanzar la felicidad y defiende que es inherente al ser humano.

Advierte que limitar el espectro de opiniones aceptables en la sociedad genera personas pasivas y sumisas, debilitando la libertad real.

Según Chomsky, el sistema educativo y laboral filtra a quienes piensan de forma independiente, marginando a los menos sumisos.

Cree que la verdadera felicidad se logra cuando las acciones diarias son lo más libres posible y rechaza preocuparse por cuestiones metafísicas sin respuesta.

Noam Chomsky es uno de los grandes sabios de nuestro tiempo, no sólo por la experiencia que dan sus 98 años de edad, sino por su trabajo y su análisis de la actualidad que todavía realiza. En sus intervenciones también ha deslizado qué considera como una buena vida.

Para este lingüista y pensador, el concepto de libertad es fundamental para tener una vida feliz: "La libertad de la voluntad es casi tan obvia para nosotros como cualquier otra cosa", ha explicado. Es decir, es un valor que vive en nosotros de manera inherente.

De hecho, Chomsky anima a creer en que la libertad es consustancial al ser humano porque tiene grandes ventajas. "Si asumes que existe un instinto de libertad, hay oportunidades para cambiar las cosas, hay posibilidad de que contribuyas a hacer un mundo mejor", dice.

Ahora bien, la libertad se puede arrebatar y, en la opinión de Chomsky, no siempre es necesario secuestrar o encarcelar a alguien para hacerlo. Tal y como explica este pensador, existen mecanismos en la sociedad que limitan la libertad de una manera más sutil.

"La forma más inteligente para mantener a la gente pasiva y obediente es limitar de manera estricta el espectro de una opinión aceptable, pero permitir un debate muy activo dentro de esa horquilla", denuncia Chomsky. Estaría permitido hablar, pero hasta cierto punto.

En este sentido, Chomsky reivindica que este espectro de opiniones debe ensancharse y dejar entrar a las ideas más nuevas aunque puedan parecer extremas o fuera del sistema. Ejercer esa libertad de debate nos puede hacer más felices al ser también más libres.

Está claro que esto aumenta el número de opiniones ajenas que pueden no gustarnos, pero aquí está la cuestión que propone Chomsky. "Si no creemos en la libertad de expresión de las personas que detestamos, no creemos en ella para nada", sostiene.

Perseguir la libertad

El lingüista ha denunciado que este recorte de las libertades en las opiniones procede en muchas ocasiones, según el propio Chomsky, del propio sistema. No sólo de los gobiernos, sino también del mercado laboral, y los ciudadanos sólo podemos resignarnos.

"Todo el sistema de entrenamiento educativo y profesional es un filtro elaborado que se quita de en medio a las personas que son demasiado independientes, que piensan por sí mismas, que no saben ser sumisos. Porque son disfuncionales para las instituciones", dice.

Y sigue: "Por todas partes, desde la cultura popular hasta la propaganda del sistema, hay una presión constante para hacer sentir a las personas desamparadas, que el único papel que pueden tener es el de ratificar decisiones de otros o consumir".

Chomsky, por tanto, considera que la sociedad todavía no es completamente libre a pesar de que la forma de gobierno sea una democracia liberal, debido a que las opiniones en los debates estarían delimitadas y las personas más atrevidas son marginadas en el sistema.

Esta libertad se hace fundamental para encontrar la felicidad debido a que este pensador sostiene que el sentido de nuestra vida es, sencillamente, el que nosotros le queramos dar a través de nuestras acciones diarias y que, por tanto, deberían ser lo más libres posible.

Chomsky tampoco es amigo de las preguntas más metafísicas sobre la vida, tal y como explica este artículo de EL ESPAÑOL. Asume que ciertas preguntas, como qué pasa tras la muerte, no tienen respuesta y, por tanto, decidió dejarse de sentir molesto por ellas.