El gibón de manos blancas elige a su pareja con seis años y pasa junto a ella el resto de su vida.

El gibón de manos blancas elige a su pareja con seis años y pasa junto a ella el resto de su vida. Pixabay

Ciencia

Del gibón a la grulla: 11 especies que tienen sólo una pareja en toda la vida

Fenómenos como la homosexualidad o la monogamia no son exclusivos de los seres humanos y se dan con bastante frecuencia en el mundo animal.

Hace apenas unos días conocimos la noticia de la muerte de Thomas, un ganso bisexual que había protagonizado una curiosa historia de amor. El ave, que había vivido casi toda su vida al lado de un cisne negro macho, tuvo que ver un día cómo su amado le dejaba por una hembra de su especie. Aquel suceso podría haber sido un duro mazazo para él, pero decidió capear el temporal y unirse a la nueva pareja, conformando así un triángulo amoroso bastante poco habitual en esta especie.

Ésta podría ser sin duda la historia de una película protagonizada por actores de carne y hueso. Fenómenos como la homosexualidad o la monogamia suelen concebirse como algo meramente humano. Sin embargo, resultan bastante frecuentes en otras especies del reino animal más allá de los gansos y los cisnes.

Existen varias razones por las que un animal puede tener un comportamiento monógamo. Por un lado, está el tema de la proximidad. Existen especies que viven en entornos muy aislados, por lo que no tienen la posibilidad de tener demasiadas parejas. Por otro, unificar esfuerzos a la hora de cuidar a las crías aumenta las posibilidades de que la descendencia crezca fuerte y siga perpetuando la especie.

Además, no todas las especies practican el mismo tipo de monogamia. La mayoría mantiene lo que se conoce como monogamia social, consistente en la convivencia y la cooperación mutua, pero sin exclusividad en lo que a relaciones se refiere. La monogamia sexual es mucho menos frecuente. De cualquier forma, las razones que llevan a unos y otros a llevar este tipo de vida suelen resultar de lo más interesantes.

Rana venenosa imitadora 

Considerada como el único anfibio que tiende a tener relaciones monógamas, esta rana sería una de las especies pertenecientes al grupo de los que viven en pareja por el bien de su descendencia.

La causa de este amor paternal es el tamaño de las charcas en las que suelen poner sus huevos. Al ser muy pequeñas, los renacuajos tienen muy pocos nutrientes de los que alimentarse, por lo que el macho y la hembra colaboran para facilitarles el sustento. Así, los machos cargan con las crías a sus espaldas y las llevan por la charca hasta las zonas en las que poco a poco las hembras van depositando huevos estériles que les sirven como alimento.

Otras especies de rana muy similares a esta tienen relaciones sexuales con un gran número de parejas a lo largo de su vida, pero la diferencia clave es que crían en charcas mucho más grandes y llenas de comida para sus pequeñines.

Antílopes Madoqua

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El género Madoqua engloba a cuatro especies de pequeños antílopes africanos, más conocidos como dicsdics. Como ocurre con otras muchas especies, los machos son bastante más pequeños que las hembras, pero en esta ocasión la diferencia es tan grande que les resulta imposible dominarlas, de modo que una vez que consiguen captar la atención de una se resignan a seguir con ella el resto de su vida.

Cuando nacen los hijos se desentienden totalmente de la crianza, pero eso no quiere decir que no pongan nada de su parte en la relación, ya que se encargan de defender el territorio que comparten con las hembras, mientras que ellas cuidan a sus retoños.

El lobo gris

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En la famosa obra de Rudyard Kipling, El Libro de la Selva, Mowgli es un bebé humano que, después de que fallezcan sus padres bajo las garras de un mortífero tigre, es criado por una manada de lobos. En la novela se muestra a estos cánidos como animales extremadamente familiares, que le dan vital importancia a la convivencia y la vida en pareja.

Y así es en realidad, ya que, como normal general, el macho y la hembra salen a cazar juntos, acompañados de las crías, que poco a poco aprenden cómo se hace, para transmitírselo después a sus hijos.

Gibón de manos blancas 

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Estos primates, típicos de Asia, forman parejas en torno a los seis u ochos años de edad y permanecen con ellas durante el resto de su vida. Pero su caso no es meramente práctico como ocurre en los ejemplos anteriores, sino que desarrollan un comportamiento muy cariñoso, tanto con sus parejas como con las crías de ambos. Además, son animales muy territoriales, por lo que las familias se establecen en zonas concretas, en las que viven, duermen y se alimentan, convirtiéndolas en todo un hogar.

Topillos de la pradera

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Tan grande es el cariño que se profesan los topillos que han sido utilizados en diversos estudios científicos para investigar cómo responde el cerebro ante el amor. Y no es para menos, ya que se trata de animales que pueden convivir con una sola pareja durante toda su vida.

Pez cíclido convicto

Estos animales tienen una sola pareja en toda su vida, pero las hembras no se conforman con cualquiera. De hecho, si se les da a elegir entre varios machos, siempre optarán por el más grande, que a simple vista podría darles una mejor descendencia.

Si no tienen con qué comparar, la elección será un poco más aleatoria, pero aun así tienden a escoger animales más grandes. Finalmente, una vez que nacen los alevines, tanto el macho como la hembra los cuidan juntos, aunque suelen repartirse las tareas. Así, la hembra pasa más tiempo junto a las crías mientras que el macho se dedica a espantar a posibles intrusos que pudieran hacerles daño.

Grulla común

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Tanto ésta como otras especies de grulla son animales claramente monógamos, que sólo buscan nuevas relaciones en caso de que su pareja de toda la vida muera. Hay especies aún más radicales en este sentido. Concretamente, la grulla de cola blanca es considerada en la India como un símbolo de fidelidad, ya que se dice que cuando uno de los miembros de una pareja de estas aves muere, el otro enferma de pena y se deja morir de inanición.

Lagarto de lengua azulada

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Este curioso lagarto de piel rugosa y lengua azul ha sido objeto de estudio en numerosas ocasiones. Por lo general, estas parejas obedecen a una especie de sinergia, en la que las hembras cuentan con la protección del macho durante el embarazo, a la vez que éste se asegura de que su descendencia nace sana y salva. Pero la cosa no queda ahí, ya que la pareja se mantiene después de la etapa de cría. Se han llegado a documentar relaciones de más de 20 años.

Schistosoma mansoni

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Este parásito intestinal es el ejemplo más claro de animal que recurre a la monogamia por no tener acceso a ningún otro individuo del sexo opuesto. Se trata de una especie de lombriz, cuyas hembras se solapan al macho antes de empezar a arrojar cientos de huevos en el sistema digestivo de su huésped. No es el mejor hábitat para una historia de amor, pero no deja de ser uno de los casos más curiosos de monogamia en el reino animal.

Pingüino de penacho amarillo

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Siguiendo con las historias de película, la de este pingüino daría para escribir el más romántico de los guiones. Su apareamiento tiene lugar durante el verano, normalmente en la misma zona de la playa. Una vez al año, las parejas se encuentran entre las rocas y engendran un nuevo hijo. Normalmente la hembra pone dos huevos, pero el más pequeño suele ser devorado por algún depredador, por lo que finalmente sólo suele nacer un polluelo.

De la crianza de éste se encargarán tanto el padre como la madre, pero esta vez con los papeles opuestos a los que desempeñan otras especies, ya que suele ser el padre el que cuida a la cría, mientras que la madre sale a la caza de peces.

Buitre negro

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Que la mayoría de especies animales monógamas son aves es algo bastante conocido, pero aun así muchos casos no dejan de ser realmente sorprendentes. Aunque se le suelen asociar connotaciones de lo más siniestras, el buitre negro es un animal muy cariñoso, que tiende a formar una sola pareja en su vida. Eso sí, si observan el más pequeño atisbo de infidelidad sacan su lado más duro y atacan a las hembras a picotazo limpio.

El ser humano, un caso complicado

Muchos antropólogos opinan que nuestros antepasados no hubiesen podido evolucionar hasta la hominización si no se hubiesen decantado por una organización familiar. Otros, en cambio, consideran que los seres humanos nunca hemos sido monógamos por definición, y de ahí que en ocasiones algunas personas tiendan a la infidelidad.

Más allá de eso, lo que está claro es que somos una especie suficientemente complicada como para luchar contra la naturaleza ante las expectativas de una relación interesante. Unos lo llaman amor, otros lo llaman química, pero sin duda es una adaptación de lo más interesante.