ICAL | Madres Concepcionistas Franciscanas de León elaborando dulces para vender

ICAL | Madres Concepcionistas Franciscanas de León elaborando dulces para vender

León

La crisis económica obliga a una congregación religiosa de León a elaborar dulces por primera vez

Las Madres Concepcionistas Franciscanas son las primeras religiosas de la capital en elaborar dulces artesanales, acuciadas por la necesidad de ingresos

16 octubre, 2021 13:14

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Necesidades económicas y la pandemia. Son las circunstancias que rodean la decisión de las Madres Concepcionistas Franciscanas de León de elaborar dulces artesanales, lo que las convierte en las primeras religiosas de la ciudad en ofrecer repostería conventual.

Las formas para consagrar que antaño les proporcionaban ingresos suficientes hoy lo hacen de forma residual y a raíz de la crisis sanitaria han apostado por iniciar una actividad en la que ponen todo su cariño y buen hacer, además de la esperanza de que su economía mejore lo suficiente como para conseguir hacer crecer la comunidad que tiene 500 años de historia en la ciudad y en la que actualmente residen 12 monjas de clausura (cuatro colombianas, dos keniatas y seis leonesas) y una aspirante de Cuenca.

“Nos gusta y es una necesidad. Lo hacemos por el futuro de las hermanas y el crecimiento de la Congregación”, afirma la madre abadesa, María Nury Vélez Posada. Los comienzos no están siendo fáciles, pero la buena respuesta de quienes van conociendo los productos supone una inyección de ánimo para ellas. La subida del precio de la luz obliga a que las hermanas se vean obligadas a utilizar las horas más baratas de consumo para preparar las pastas y elaboraciones.

“Pensábamos trabajar durante el día, normal, pero ahora nos toca de 12 de la noche a seis, siete u ocho de la mañana. Con poca luz o de vela puedes armas las pastas o amasar, pero para hornear hay que esperar a las horas buenas. No podemos durante el día”, explica.

La situación económica actual del centenario monasterio lleva a sus moradoras a utilizar velas en el comedor y en las habitaciones para ahorrar energía. “Necesitamos recursos”, resume la madre abadesa y detalla que hasta ahora no se habían visto en la necesidad hacerlo. “Esto es grandísimo. Para calentar en invierno es un problema. Calentamos lo justo, lo mínimo; donde se reza y el comedor y las habitaciones un rato. Con eso y con todo, cada mes de invierno el recibo alcanza cifras difícilmente asumibles.

La repostería les abre nuevas posibilidades si, como los inicios parecen indicar, vecinos, turistas y peregrinos dan una buena acogida a una dulce oferta que abarca hasta 14 variedades. Pastas, magdalenas, yemas de santa Beatriz y galletas Bea (en honor a su fundadora, Beatriz de Silva), coquitos, pastas de mantequillas, de té, de almendra, almendrados y papones se pueden adquirir en la portería del convento, situado en la céntrica plaza a la que da nombre la Congregación, al final de la calle La Rúa, los miércoles, viernes, sábados y domingos de 10.30 a 14.30 y de 16.30 a 19.30 horas.

“Agradecemos la compra, porque con su ayuda vamos a salir adelante. Si desean algo por encargo, que nos los digan. No es porque los hagamos nosotras, pero están deliciosos; no tienen ningún tipo de conservante, ni químicos”, explica y la lista de precios confirma que son muy asequibles.

El maestro

La incipiente trayectoria repostera de las Concepcionistas de León tiene como valedor al repostero Alberto Pérez Prada, hijo de Santiago, el fundador de La Coyantina, y actual responsable del Centro Saper de Nuevas Técnicas en Pastelería, al que las religiosas acudieron aconsejadas por un benefactor. Él ha sido su maestro, a él recurren cuando tienen alguna duda y les animó a preparar la tarta bautizada como ‘Reino de León’, cuyos únicos ingredientes son avellanas, azúcar y huevo.
También aprenderán de él la preparación de mazapanes y algún otro dulce que la próxima Navidad puedan contribuir a que salden las deudas adquiridas por las imprescindibles inversiones para la nueva labor que llevan a cabo y mejore su calidad de vida, con un necesario empuje económico a un convento cargado de historia y al que no le faltan vocaciones.