Mujeres de la Asociación cultural Uralde (Treviño) posan y una piedra donde se solicita ser del País Vasco

Mujeres de la Asociación cultural Uralde (Treviño) posan y una piedra donde se solicita ser del País Vasco Cedida

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Treviño, el pueblo 'indepe' de Castilla y León donde sólo el 35% vota en las elecciones: "Queremos ser vascos"

En el famoso enclave de la provincia de Burgos parece que el próximo 15 de marzo no se vota: "No hay ni carteles y aquí no vienen los políticos", asegura la presidenta de la Asociación de Mujeres Uralde, Celia Villanueva que habla de razones "prácticas, no ideológicas" para solicitarlo.

Más información: La nueva batalla por Treviño: el enclave de Burgos y feudo del nacionalismo vasco que Álava quiere conquistar en 2029

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En el mapa de España, el Condado de Treviño es una anomalía, o en términos geográficos, un enclave. Este pequeño territorio de poco más de 1.500 habitantes repartidos en 48 núcleos pertenece oficialmente a la provincia de Burgos y, por tanto, a la comunidad de Castilla y León.

Sin embargo, está rodeado completamente por la provincia de Álava, por lo que social, cultural y económicamente su pensamiento es de Álava y del País Vasco.

Es ese enclave que llama la atención en los mapas, pero aún más cuando paseas por sus calles. Aquí se dice agur (adiós) y kaiso (hola), se bebe txakoli y en muchos balcones ondea la ikurriña. La distancia entre Treviño, capital del Condado de Treviño, y Vitoria-Gasteiz es de aproximadamente 20 kilómetros. A Burgos capital hay 90.

Esta situación se refleja también con claridad en las urnas. Mientras que en las elecciones municipales o generales la participación se mantiene en cifras similares a la media nacional, cuando llegan los comicios autonómicos de Castilla y León la movilización cae en picado. Aquí nadie (o casi nadie) vota.

Los datos lo dicen todo. En las elecciones autonómicas de 2022 apenas votó el 35,89% del censo, mientras que en las municipales de 2023 la participación ascendió al 61,8% y en las elecciones generales del mismo año alcanzó el 57,8%.

Y en este próximo 15 de marzo va a ocurrir algo igual. No hay ambiente de votaciones, ni de urnas, hasta el punto de que sus vecinos aseguran que no hay ni carteles por las calles.

En una campaña donde Mañueco, Feijóo, Abascal, Pollán, Sánchez y Martínez se han recorrido todos los lugares de la Comunidad, de Treviño no hay rastro en sus agendas. Es un tema complicado y prefieren pasar de puntillas por él.

En otras palabras, los vecinos del enclave participan con normalidad cuando se trata de elegir a sus alcaldes o al Gobierno central, pero muestran una gran falta de interés cuando se trata de decidir el futuro político de la comunidad autónoma a la que pertenecen administrativamente.

La explicación, según los propios vecinos, es sencilla: no se sienten parte de Castilla y León. Sin tapujos pero con mucho respeto.

Imagen del Condado de Treviño

Imagen del Condado de Treviño Ricardo Ordóñez ICAL

El condado es un enclave burgalés completamente rodeado por territorio alavés. Su vida cotidiana, es decir, trabajo, educación, comercio, sanidad o relaciones familiares, transcurre principalmente en torno a la capital alavesa, Vitoria-Gasteiz.

La presidenta de la Asociación de Mujeres Uralde de Treviño, Celia Villanueva, lo resume con contundencia: “La respuesta está bastante clara. No tiene ninguna importancia para los habitantes de aquí o muy poca. La realidad es que no hay vínculos reales con Castilla y León, más allá del administrativo, por eso queremos ser vascos, así de fácil”.

Villanueva, nacida y residente en el condado, asegura que muchos vecinos ni siquiera conocen a los candidatos o partidos que concurren a las elecciones autonómicas.

“Sabes que tienes que tratar con la administración de Burgos y de Castilla y León, pero no hay un vínculo real. No se considera que haya nada que votar”, asegura.

La consecuencia es visible incluso durante la campaña electoral. “No hay ni carteles. Llegan las cartas de los partidos, pero aquí no hay campaña”, explica.

Un paseo que parece Euskadi

Quien recorra las calles del condado percibe rápidamente esa sensación de pertenencia al entorno vasco.

Las señales están escritas en castellano y euskera, las calles no son calles son kaleas, los bares sirven txakoli en lugar de vinos de la Ribera del Duero, y en los saludos cotidianos es habitual escuchar un “agur” en lugar de “adiós”. Incluso la tipografía de muchos comercios recuerda a la utilizada habitualmente en el País Vasco.

La reivindicación identitaria también aparece en forma de pancartas en algunas casas: “Trebiñu Araba da” (“Treviño es Álava”), puede leerse en algunas fachadas.

En la entrada del municipio, el cartel de “Treviño” muestra incluso una curiosa intervención: alguien pintó con espray una “b” sobre la “v”, convirtiendo el nombre en “Trebiñu”, la grafía que defienden quienes reivindican su vinculación con el País Vasco.

La reivindicación no es nueva. En 1998 se celebró un referéndum en el que los vecinos votaron mayoritariamente a favor de segregarse de Burgos e integrarse en Álava. Sin embargo, el resultado nunca se tradujo en cambios administrativos, por lo que el enclave sigue perteneciendo a Castilla y León.

Desde entonces, el debate reaparece periódicamente en la agenda política, aunque sin avances concretos. Para Villanueva, el problema no es tanto identitario como práctico:

“No es una cuestión de nacionalismos. Los treviñeses queremos ser Álava por sentido común. Estamos rodeados por Álava y nuestra vida diaria se desarrolla allí”.

El día a día entre dos administraciones

La convivencia entre dos sistemas administrativos genera situaciones complejas en ámbitos básicos como la sanidad, la educación o los trámites burocráticos.

Un ejemplo recurrente es el sanitario. “Puede haber un accidente y no sabes qué ambulancia va a venir. Puede ser de Castilla y León o de Álava. Y a veces quieren llevarte a Burgos o a Miranda, cuando la gente prefiere ir a Vitoria”, explica Villanueva.

En el ámbito educativo la situación también refleja esa conexión con el entorno vasco: alrededor del 80% de los alumnos en edad obligatoria estudian en centros alaveses, según explica la presidenta de Uraldes.

En los últimos meses se ha formalizado un convenio de colaboración sanitaria entre la Junta de Castilla y León y el Gobierno Vasco que permitirá a más de 21.500 personas recibir asistencia del servicio vasco de salud, Osakidetza, especialmente en atención primaria y urgencias.

Pintadas en una señal de tráfico reivindicando la incorporación de Treviño al País Vasco

Pintadas en una señal de tráfico reivindicando la incorporación de Treviño al País Vasco Ricardo Ordóñez ICAL

Sin embargo, para muchos vecinos estos acuerdos llegan tarde o resultan insuficientes.

Elecciones que sí importan

La escasa participación en las autonómicas contrasta con la intensa actividad política local. En las elecciones municipales concurren numerosas candidaturas vecinales y agrupaciones independientes, reflejo de una vida política muy arraigada en los pueblos del condado.

Por ejemplo, en las pasadas elecciones municipales se presentaron en el Condado de Treviño las candidaturas de EH Bildu, Agrupación Independiente del Condado de Treviño, Condado para Todos, Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), Treviño Día a Día.

Y las agrupaciones electorales de Aguillo, Albaina, Argote, Armentia, Arrieta, Cucho, Dordóniz, Fuidio, Golernio, Grandival, Imiruri, Laño, Marauri, Obecuri, Ocilla y Ladrera, Ogueta, Ozana, Pariza-1 y Pariza-2, San Martín Zar, San Vicentejo, Saraso, Torre, Treviño, Uzquiano, Villanueva Tobera, Ascarza, Tavarero, Añastro, Busto de Treviño, Busto de Burgueta, Pangua.

Ese contraste demuestra, según los vecinos, que la abstención no responde a desinterés político, para ellos es la sensación de desconexión con la comunidad autónoma.

“La ciudadanía no es tonta”, resume Villanueva. “En las municipales se vota mucho porque afectan a tu vida diaria. Pero en las autonómicas la gente siente que no pinta nada”.

A pesar de las críticas, Villanueva insiste en que la reivindicación de muchos treviñeses no nace de un enfrentamiento con Castilla y León, es una cuestión práctica.

“Nadie va contra nada”, subraya. “Simplemente es una realidad que vivimos cada día”. Desde su punto de vista, la posible integración en Álava respondería más a la lógica territorial y administrativa que a una cuestión ideológica.

Por eso, cuando se le pregunta por el debate histórico sobre la pertenencia del enclave, responde con ironía. “Cuando hablan de vínculos históricos, yo siempre digo que depende de hasta dónde quieras remontarte, ya que podemos decir que pertenecemos a los musulmanes”, comenta.

Para la presidenta de Uraldes, la sociedad evoluciona y las estructuras administrativas deberían adaptarse a las necesidades reales de la población. “La gente cambia y las formas de administración también”, concluye.

Un silencio institucional

Este medio ha intentado contactar en varias ocasiones con el Ayuntamiento del condado para conocer su postura sobre la baja participación electoral, pero no ha recibido respuesta del alcalde Adolfo Estavillo, representante de la agrupación independiente Treviño Día a Día.

La formación siempre ha dejado claro que es proalava.

En declaraciones recientes, el alcalde subraya que la cuestión del Condado “no tiene un gran protagonismo” en campañas como estas autonómicas y que el Ayuntamiento prioriza el día a día municipal.

Hace tres años, en 2021, los consistorios de los dos municipios -La Puebla de Arganzón de poco más de 550 habitantes y Treviño de poco más de 200- aprobaron una declaración con la intención de llevar a cabo finalmente la desanexión con Burgos, y posterior anexión con Álava, provincia de la que se sienten integrantes la gran mayoría.

Por su parte, la Junta de Castilla y León es tajante. "El Estatuto de Autonomía de Castilla y León es muy claro y nosotros vamos a seguir cumpliendo el Estatuto de Autonomía". Con estas palabras zanjó el portavoz de la Junta, Carlos Fernández Carriedo, que pueda producirse en los próximos años una anexión del Condado de Treviño (Burgos) a la provincia de Álava.

Mientras tanto, en las calles del enclave burgalés rodeado de Álava, el ambiente previo a las elecciones autonómicas es prácticamente inexistente. Ni carteles, ni mítines, ni debates.