Incendio en el municipio de Congosto, en la provincia de León, el pasado 25 de junio ICAL
La tiranía del mercurio
"Cuando el bello paisaje de la Comunidad ruge, nos recuerda que en Castilla y León el verano no es solo una estación para la holganza y el turismo".
Existe una amplia teoría sobre el cambio climático, que a veces pasa de lo empírico a lo partidario o doctrinal. El calor se ha convertido en un arma arrojadiza. Nada de extrañar, la humanidad está a golpe de quijada los unos contra los otros desde los tiempos del Paraíso Terrenal. No se esgrimirá aquí una tesis irrefutable sobre el presunto calentamiento global de la tierra.
Desde luego que estos últimos veranos en España ha calentado con rabia. Intentar conciliar el sueño sin aire acondicionado es cada día más difícil y con climatización también. Agarras un pasmo que los boticarios solo hacen que expender antibióticos y jarabes para la tos en plena canícula. A principios del siglo XX, con los calores expendían cientos de sobrecitos para fabricar gaseosas.
La doctrina sobre el cambio climático es para finolis que debaten sobre sus consecuencias en confortables salones. O en la sede de los "padres de la patria" en la Carrera de San Jerónimo donde se parlamenta de todo y no siempre con enjundia. Quien dice Congreso de los Diputados puede decir Cortes de Castilla y León, aunque no lo encontremos en los diccionarios de sinónimos.
El exceso de calor en Castilla y León es una noticia de máxima actualidad. El territorio de nuestra Comunidad se encuentra en fase de alerta por peligro de incendios forestales. Los vientos tampoco son mansos, anteayer martes tormentas ya fueran secas o lluviosas y en todo caso con fuertes vendavales dejaron rastro de sus daños en diversos lugares de la región.
Los fuegos no han concedido ni los famosos "cien días de gracia" que la tradición política afirma que deben merecer los inicios de toda acción de gobierno. La consejera González Corral, ya está con el toque de "generala" – clarín que es señal para que los soldados tomen de inmediato sus armas – casi de inmediato a que el "turuta" sacudiera con la llamada de "diana" a los responsables de la vida pública de la Comunidad recién iniciada la legislatura. La política concede pocas treguas. Cuando se pone sentimental a lo más que llega es a intercambios de cigarrillos entre trincheras, como los soldaditos de la Gran Guerra europea.
En la localidad leonesa de Ribota de Sajambre se declaró recientemente un incendio peligroso. En Espina de Tremor también crepitaron las llamas y en Congosto se ha producido el primer gran fuego de la “campaña” que calcinó más de 500 hectáreas. Ya es mala uva la de las fogatas, parece que quisieran martirizar al consejero Suárez-Quiñones que ahora dispone de un despacho "más fresco" que María González Corral, recién uniformada con el chaleco de brigadista forestal o del cuerpo de bomberos.
Los ciudadanos sacudimos a los políticos como a un mono de barraca de feria, quizá en un alarde irreflexión. Cuando aprieta el calor, no son pocos los que se encierran a esperar que refresque. Y dale que te pego a las palomitas y a las aceitunas rellenas de jalapeño, a la vez que se jalean los goles de España en el Mundial 2026. ¡Que trabaje Rita la cantaora! es la gran consigna nacional y si hay fuegos en León o en otras partes de la Comunidad, que los extingan los brigadistas de la consejera del ramo.
Los ciudadanos vivimos encarnados en personajes del cuento Alicia en el país de las maravillas. Pensamos con autosuficiencia que la tecnología todo lo gobierna. Nos jactamos de algoritmos, inteligencia artificial y controlar en entorno con un clic en una pantalla. Craso error, basta con que el termómetro roce los 40 grados y soplen los vientos, para que la fina capa de la civilización moderna se agriete estrepitosamente.
Cuando el bello paisaje de la Comunidad ruge, nos recuerda que en Castilla y León el verano no es solo una estación para la holganza y el turismo. El fuego, el viento y el calor extremo son elementos despiadados. No entienden ni papa de relatos políticos, de presupuestos comunitarios ni de comisiones parlamentarias. Frente a la tiranía del mercurio y las llamas volvemos a ser tan frágiles como nuestros antecesores del Neolítico, escrudiñando el cielo a la espera que el viendo cambie de dirección o un chaparrón providencial extinga las llamas.
Lo que fascina en la tiranía de los incendios no es su dureza, sino la desmemoria humana y la frivolidad. En cuanto las temperaturas aflojen y los cielos se despejen de humo – una vez se haya puesto al caer de un burro al consejero de Medio Ambiente, ahora consejera – volveremos a encender los teléfonos, nos ensimismaremos en las pantallas y a creer a pies juntillas que somos los "putos amos" del universo, como otros creen serlo de los destinos de España.
Hasta el próximo verano, cuando el mercurio recupere su cetro y nos recuerde que la naturaleza es la verdadera dueña del territorio.