Mañueco (PP) saluda a Pollán (Vox)

Mañueco (PP) saluda a Pollán (Vox) ICAL

Opinión

La prioridad nacional

Si la “misa de velaciones” de Fernández Mañueco desemboca en pedida de mano entre PP y Vox, la “prioridad nacional” aterrizará en el Palacio de la Asunción.

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Fernández Mañueco permanece silente, estatuario, en su particular “misa de velaciones”, eterna, larga, enigmática, que precede al casorio formal en el que salvo grandes sorpresas intercambiarán arras y anillos el Partido Popular y Vox para gobernar en matrimonio la comunidad de Castilla y León.

El presidente regional de los populares enmudece el verbo, no da pábulo a pregoneros, no vaya a ser que por fas o por nefas eche mal de ojo al puchero electoral de Juanma Moreno y se estropeen los “avíos” y la “pringá”.

O Juanma puede seguir gobernando sin pactos forzosos con Vox, o por la puerta del Palacio de San Telmo asomará doña “prioridad nacional”. Suena a grandilocuente como el poema de Espronceda: “Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela”.

Moreno le ha puesto a la olla una ramita de hierbabuena, para invocar a la suerte y que las elecciones de este próximo domingo traigan la deseada criatura de la mayoría absoluta, con cara de tanta majeza como la Macarena, María Santísima de la Estrella o la Esperanza de Triana.

Santiago Abascal ha importado para España la “priorité nationale”, un concepto nacido en Francia en los años ochenta del siglo pasado y defendido por el ultraconservador Frente Nacional de Jean Marie Le Pen.

En 1985 su partido convierte ese pensamiento en el eje fundamental de su programa, para preconizar la diferencia de los nacionales franceses el acceso a los derechos sociales, empleos y ayudas, frente a los extranjeros.

Los recientes acuerdos entre Partido Popular y Vox en Extremadura y Aragón consolidan la entrada del principio de “prioridad nacional” en la política de estos territorios autonómicos.

En síntesis, los beneficios del llamado “Estado de bienestar” deben considerar siempre de forma preferente a los naturales de España.

No hace falta ser adivino para augurar una áspera fricción entre PP y Vox a la hora de interpretar esa vieja aspiración del lepenismo francés que ahora se cuela de sopetón en la política española.

Si la “misa de velaciones” de Fernández Mañueco desemboca en pedida de mano entre PP y Vox, la “prioridad nacional” aterrizará en el Palacio de la Asunción. Las urnas no fueron con el PP de Castilla y León tan generosas como pueden serlo el domingo con los populares de Juanma Moreno.

Mañueco tendrá que bailar con esa prioridad entre prioridades. Si Vox se enfurrusca, se termina la velada.

Con la estrategia de “preferencia o prioridad nacional”, Santiago Abascal utiliza tácticas ya probadas por el antiguo Frente Nacional francés.

Puede escandalizar a votantes de Vox, pero al igual que en el país vecino se acuñó por el reputado politólogo francés Pascal Perrineau el término “izquierdo-lepenismo” (gaucho-lepénisme) en España se puede hablar de “izquierdo-voxismo”. En su núcleo hallaremos la “prioridad nacional”.

La reclamación de políticas que beneficien a los naturales de España, frente a los extranjeros o migrantes es una aspiración de Vox para ampliar su base social de votantes entre masas de trabajadores “made in Spain” o españoles socialmente desfavorecidos.

Vox parece haber tocado techo en sus expectativas electorales, que solo romperá si capta apoyos entre los españoles que se sienten preteridos o discriminados por las ayudas que reciben los millones de migrantes que se han asentado en España en los últimos años.

La izquierda clásica está que trina por la pérdida de apoyo entre masas de “currelantes” y muy dolida ha acuñado un término despectivo: “Facho-progre”.

Sin atisbo de culpa alguna sigue sin reflexionar que nadie ha hecho más por la pérdida de la conciencia de clase entre los trabajadores que el “podemismo-caviar” de Pablo Iglesias e Irene Montero.

Hasta ahora España no se comporta políticamente como Francia.

El Partido Popular aguanta el tirón y no se desmorona como la vieja derecha gaullista frente al RN de Marine Le Pen. Pero a costa de la “prioridad nacional”, la cuerda entre PP y Vox se empezará a tensar – o romper- en los nuevos gobiernos autonómicos.

El Partido Popular se verá inmerso en un embrollo, por lo pronto en las autonomías de Extremadura, Aragón y casi con certeza en Castilla y León. O el PP gana las elecciones con mayoría absoluta o comparte a trancas y barrancas el apartamento con Vox, un guirigay de piso de estudiantes.

El modelo Juanma Moreno parece que funciona. El liderazgo carismático es fetén para el ejercicio de la política. Moreno sonríe – alguna vez ha llorado también- y ganará las elecciones por “conexión social”.

Quien quiera escuchar, que oiga. O el PP logra mayorías absolutas o a lidiar con las diatribas como la “prioridad nacional”. Bocado tan rasposo a veces atraganta.