El ganadero Lorenzo Rivera en su explotación de porcino, en la provincia de Zamora

El ganadero Lorenzo Rivera en su explotación de porcino, en la provincia de Zamora

El campo

Lorenzo, ganadero: "Una explotación puede ganar 31.500 euros al año con el estiércol y el purín por la guerra de Irán"

Este productor de porcino destaca que "lo que antes era un problema" se ha convertido en "una oportunidad y una alternativa a los fertilizantes químicos" ante el incremento de costes derivado de la crisis.

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Hace solo tres meses, gestionar los purines de una granja porcina suponía un gasto. Hoy, esa misma explotación puede generar un margen neto de 31.500 euros al año vendiéndolos como fertilizante orgánico. Lo que cambió no fue el purín. Fue el mundo.

La guerra de Irán ha bloqueado el principal corredor de fertilizantes químicos y, de repente, los residuos ganaderos españoles se han convertido en un recurso estratégico de primer orden.

El cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más críticas del planeta, ha interrumpido el flujo de urea que alimenta los campos europeos. El Golfo Pérsico concentra casi la mitad de la producción mundial de este fertilizante clave.

En este escenario de crisis, los purines y el estiércol se han convertido en una alternativa real y rentable al fertilizante químico. Lo que hasta hace poco era un residuo problemático y costoso de gestionar, ahora representa una opción viable, económica y estratégica.

Una alternativa al fertilizante químico

El ganadero de porcino y productor de cereal Lorenzo Rivera, explica, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, que el estiércol y el purín se han convertido en "una auténtica oportunidad" para los ganaderos.

"Esto se ha desatado a raíz de la guerra de Irán. Tras el cierre del estrecho de Ormuz la urea se ha disparado un 75%", explica el también secretario general de COAG en Castilla y León.

El riesgo, advierte, va más allá de los precios actuales. "Si sigue el conflicto, y aunque se arreglara en un proceso de paz próximo, en el petróleo, el gas y los fertilizantes vamos a tener unos precios altos y corremos el riesgo de producir menos", comenta.

Castilla y León, con su gran superficie dedicada al cereal y una importante cabaña ganadera, vive esta situación con especial intensidad.

"Lo que antes era un problema, el estiércol y el purín, con esta crisis se ha convertido en una oportunidad para poder fertilizar cuando faltan los fertilizantes químicos y además con la ventaja de que esto lo tenemos, porque tenemos bastantes granjas de porcino", señala.

"Tenemos una oportunidad"

España es la primera potencia porcina de Europa, con más de 56 millones de cabezas. Solo Castilla y León cuenta con centenares de explotaciones que generan millones de metros cúbicos de purines al año.

Según cálculos de COAG basados en datos del CITA Aragón, IRTA y MAPA, una explotación media de 4.000 cerdos de engorde produce 7.008 m³ de purín anuales, equivalentes a 63.500 kg de urea. Su valor agronómico bruto puede alcanzar los 49.056 euros al año.

Descontando los costes de gestión,alrededor de 17.520 euros, el margen neto se acerca a los 31.500 euros. Lorenzo Rivera conoce bien los desafíos históricos de esta gestión.

"En algunas comarcas ha generado polémicas por los olores y la gestión de los purines por la contaminación del acuífero", reconoce. Sin embargo, insiste en el enorme potencial agronómico.

"El estiércol, los purines y el abono orgánico en general, estamos en un país con baja tasa de materia orgánica en el suelo y es mejor el fertilizante orgánico que el químico", asegura.

El purín porcino actúa con rapidez y se posiciona como sustituto directo de la urea, aportando entre 2,5 y 4,5 kg de nitrógeno amónico por metro cúbico.

El estiércol de vacuno, ovino o avícola, por su parte, ofrece un efecto más progresivo y duradero: mejora la estructura del suelo, aumenta la retención de agua y potencia la biodiversidad microbiana.

Más de 30.000 euros

Juntos, configuran un sistema de fertilización integrada que combina lo inmediato con lo sostenible. Esta transformación ya es visible en las principales regiones ganaderas.

En Cataluña, Aragón, Murcia y Castilla y León se multiplican los transportes de purines hacia zonas agrícolas deficitarias, los acuerdos económicos directos entre ganaderos y agricultores, y las plataformas de intercambio.

Especialmente prometedores son los proyectos de digestión anaerobia.

"Hay proyectos de plantas de biogás en toda España y estamos viendo en esos proyectos una solución ya que tienen técnicas modernas", señala.

Rivera hace hincapié en que "el residuo se va a convertir en una solución" y recuerda que la Unión Europea ya está flexibilizando la utilización de materia orgánica ante la escasez de fertilizantes.

"Una explotación media puede llegar a ganar más de 30.000 euros al año", destaca Lorenzo. En su propia zona, en Zamora, la realidad avanza a toda velocidad.

"Yo lo vengo notando en mis producciones de colza, cereal y maíz. Vas utilizando purín, vas alternando, y se nota con respecto a los que solo utilizan fertilizante químico", afirma.

Residuos convertidos en recurso

Y recuerda que se van a instalar dos plantas de biogás cerca de su granja de la provincia de Zamora. "Me lo estoy planteando porque se están haciendo ya contratos para la compra de estiércoles y de purines", apunta.

Además, destaca que "hay cierta rivalidad entre ellas para asegurarse el suministro". "Todas quieren conseguir ese contrato y además pagan con anterioridad a que acaben las obras para tener garantizado el suministro", relata.

El contexto internacional añade urgencia. "España es la primera productora de Europa en porcino pero hemos perdido el mercado de China por los aranceles. Lo que no sacamos en carne lo tenemos que complementar con los residuos, que pueden convertirse en un recurso”, apunta.

Lorenzo no habla solo de cifras. Habla de resultados tangibles en el campo. "Es una solución fiable y todo lo que se fertilice con materia orgánica lo va a notar la producción en los próximos años", señala.

Y recuerda que el campo lleva sufriendo precios elevados desde el estallido de la guerra de Ucrania, en febrero de 2022. "Con esta nueva crisis estamos en una situación comprometida para los próximos años y es importante gestionar bien los estiércoles y los purines", advierte.

Una alternativa local y renovable

Desde COAG se reclama un acompañamiento institucional decidido.

Entre las propuestas figuran reconocer el estiércol y el purín como recurso y no como residuo, invertir en infraestructuras de valorización con fondos Feader y PAC, crear una plataforma nacional de intercambio de nutrientes.

También impulsar la digestión anaerobia y revisar el Real Decreto 47/2022 para flexibilizar el límite de 170 kg de nitrógeno por hectárea y año, como ya han hecho países como Irlanda, Dinamarca, Alemania, Austria o Países Bajos.

En un momento en que Europa depende de fertilizantes que viajan miles de kilómetros a través de zonas inestables, la ganadería española ofrece una alternativa local, renovable y de bajo impacto geopolítico.

Los purines ya no dependen del precio del gas natural ni de la estabilidad del Golfo Pérsico. Nacen aquí y nutren los suelos aquí.

Lorenzo Rivera muestra una visión clara del papel que debe jugar el sector. "La crisis de los fertilizantes no es sólo un problema de costes: es una oportunidad para que demuestre su valor estratégico". Y esta vez, el campo de Castilla y León parece decidido a no dejarla escapar.