Blog del suscriptor

La jauría humana

Santiago Abascal e Ignacio Garriga, en Hospitalet. Furgonetas de Vox destrozadas en Vic y Salt.

Santiago Abascal e Ignacio Garriga, en Hospitalet. Furgonetas de Vox destrozadas en Vic y Salt.

  1. Blog del suscriptor
  2. Opinión

Pocas cosas nos quedan por ver en este annus terribilis, y entre ellas hay que destacar, junto con las muertes producidas por la pandemia, la especial gravedad que han tenido los acontecimientos acaecidos con motivo de las elecciones catalana, cuando hemos visto aterrorizados, cómo se ha perseguido como una partida de perros salvajes, formada por grupos de jóvenes y no tan jóvenes acosando, como si de una presa se tratase, a los candidatos de Vox.

Al parecer, para determinados partidos políticos del arco parlamentario este tipo de actos son normales, y se alientan pues, en su cinismo supino, responden a una “provocación”. “Calumnia con valentía, algo siempre se queda” (Francis Bacon) Y al parecer, por su quietud, ni las fuerzas, a quienes se ha otorgado la custodia del orden, ni los responsables del ejecutivo y el judicial tiene nada que hacer y decir ante estos hechos.

Resulta ridículo que hace semanas, con motivo de la malhadada visita del representante de la Acción Exterior de la Unión Europea, señor Borrell a Moscú, en nuestro suelo patrio, los políticos se hayan enzarzado en una polémica sobre el grado de democracia en España, cuando la contundez de este tipo de persecuciones demuestran su destrucción.

Retrotrayéndonos al Senado romano escuchamos, con hechos no palabras, la frase de Catón el Viejo “Delenda est Carthago”, Delenda est Hispania, España debe ser destruida, y al parecer hay muchos partidos políticos de nuestro arco parlamentario al que se suman dictadores externos, encabezados por Putin, dedicados a ello.

Las acciones siguen a la creencia y cómo son las acciones, y no las declaraciones, lo que caracterizan a las democracias. Confiar hoy en los partidos políticos en España, que son los verdaderos culpables del proceso de destrucción a que se somete la democracia, es como diría el dramaturgo Terencio, sostener un lobo por las orejas, situación en la que corremos un inmenso peligro, pues tanto aferrarse como soltar puede ser mortal.

Este es el panorama en el que nos encontramos, sin salida habitual y al parecer sin destino y este andar a ciegas sin objetivo como país, deviene, antes o después en un reparto de despojos, en una vuelta a los reinos de taifas que marcó el obscurantismo de siglos, y que desvela lo más dañino de los amores pequeños, ricos en mieles y venenos.

Lo profundo llama a lo profundo del mal, que como vemos existe y habita entre nosotros, y lo monstruoso es que se vive con normalidad, empeñándonos en que el mal nos es ajeno, como ese vecino que habita a nuestro lado y con el que no nos hablamos, como si esto bastara para su desaparición.

La democracia, convertida hoy en una careta, cascarón carente de carne, en un negocio de la amplia casta de políticos que viven de ella, dotados de privilegios que siembran y crean una enorme desigualdad entre ¿ciudadanos?, y ante cuyos privilegios, para no herir a otro, los súbditos, como ante el mal, se niegan a reaccionar.

Contemplada España, desde la lejanía que otorga la perspectiva de ángel, visto su comportamiento, genera el desapego, y es triste decir que cada vez nos identificamos menos con la deriva destructiva y diabólica que toma, pues se halla ya, no sé si el conjunto de la ciudadanía es consciente de ello, en una guerra de todos contra todos de baja intensidad que va creciendo.

Esta ofuscación, este desvalimiento, este deterioro y abandono que se vive, y al que nunca creímos íbamos a asistir, presagia lo peor y llena de preocupación y pesadumbre por el abandono de las cosas importantes que significan la gestión del bien común.

De nuevo las nuevas generaciones estarán condenadas al exilio o la migración, para sobrevivir a los enfrentamientos o ganarse la vida de manera honrada, pues la seguridad, la creación de riqueza, bienestar y trabajo no parece ser uno de los objetivos de la mediocridad política que gobierna, preocupados sólo, al parecer, por mantenerse en el poder, a cualquier precio.

Mas allá de la división demente de izquierdas y derechas que maneja, para manipular a las gentes, la casta política y en la que creen los tontos, lo que hoy esta en juego es la democracia o el autoritarismo que paso a paso se va colando de rondón en una parte significativa de los países europeos, también en España, a través del populismo.

El gran hallazgo del capitalismo de plataformas y la revolución cibernética y de las comunicaciones facilita como nunca el control de los ciudadanos, y el poder, de cualquier signo, lo sabe y utiliza siempre en su beneficio.

Y esta situación de peligro evoca y exhorta a la defensa de los valores de la democracia, hoy la libertad de expresión, con las llamadas al arrojo, a la valentía y a la heroicidad con que llamaban las madres espartanas a sus hijos, cuando se avecinaba el conflicto “aut cum scuto aut en scuto”, ya sea con escudo o muerto sobre el escudo, para que no se retiraran del campo de batalla, y salvemos Europa, de la que España es parte y que es nuestra verdadera patria.