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Para una mujer que me pidió decir algo sobre la fatiga del amor

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Pues te digo que el amor florece en un mar quedo
y no en la algarabía de un mundo ingrávido, flotante, transitivo.

¿Acaso hay otra estancia más serena que la luz del mediodía?

Los amores o son de mediodía o no son amores.
Porque todos se fraguan en la noche,
despiertan en las madrugadas
y encuentran su equilibrio durante la canícula.

En los atardeceres comienzan las despedidas.

El amor, te repito, posee el ritmo del Sol,
el compás de las astrologías cotidianas
y es caprichoso como Cupido,
presencia inalcanzable,
el más inalcanzable de los dioses desconocidos,
tan desconocidos como en tu boca los tejidos de las devastaciones.

No lo olvides.

Búscalo en un mar quedo,
en los muelles palpitantes,
en las playas del silencio,
en las bahías que se ondulan, como un lago,
entre unos labios cenitales.