El rey de Arabia Saudí, Abdalá bin Abdulaziz, y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, durante su visita a España en 2007.
Cuando Mariano Rajoy dejó la Moncloa, no lo hizo el loor de multitudes, sino como un presidente caído tras un gólgota mediático: a algunos se les olvidó muy rápido que cogió un país quebrado económicamente tras la absurda idea del anterior presidente de no reconocer la realidad y preferir el relato.
¿Quién se acuerda ya de que en sus primeros días de reinado mediático tuvo que pedir un préstamo para pagar las nóminas a los funcionarios?
Claro que sacarnos de la sartén para caer en el fuego, tampoco es agradable: la imparable campaña que Cristóbal Montoro empezó con Hacienda, aún se recuerda como más dura aún de lo que jamás se hubiera atrevido la propia izquierda política.
Hay cosas que no se perdonan, y, al final, apareció un salvador, Pedro Sánchez, al que se le encumbró desde ciertas posiciones: nada mejor que la hemeroteca para poner las cosas en su lugar.
Al final, lo que parecía un cordero venido a arreglar entuertos se ha convertido para muchos españoles en un lobo que se ha acostumbrado a comer carne política, pero no sólo política, sino también económica y social.
¿Quién nos iba a decir que este Zapatero II iba a hacer bueno al original?
Cuando la evidencia demuestra que, a medida que pasan los años, el político está dispuesto a devorar cualquier institución estatal solo para garantizar la supervivencia de su partido, o más bien la suya propia, ¿qué nos queda a los españoles?
Recorrer de nuevo caminos ya olvidados de la historia española no es un calmante, sino justo lo contrario, para los pocos que vamos sabiendo un poco de esto...
¿Qué pensará la gente que había vuelto a creer en su Zapatero I cuando aterriza de una forma brutal en un “asunto de jojoyas”, por no profundizar más?
Cuando Pedro Sánchez deje el poder, y su diablillo cojuelo haga su trabajo - lo cual es, sencillamente, imparable -, este señor tan preocupado por lo que los demás piensen de él, …¿tendrá algún sitio donde esconderse?
Si rebuscamos un poco, seguro que hay dónde ir: Venezuela o la República Dominicana son destinos de sobra ensayados para este tipo de retiros dorados.
Cuando nuestro antiguo rey, "el Felón" , antes llamado "el Deseado", dejó por ley de vida el poder al que se había aferrado, comenzó una obscura y sangrienta época, la de las guerras carlistas…
Esperemos que las ansias de poder que ya ha mostrado nuestro actual presidente no terminen en una situación análoga, salvando las distancias.
Pero mis dudas son otras: ¿se lo recordará como a un nuevo Manuel Godoy?, ¿necesitará España un nuevo Motín de Aranjuez?