Chesterton
Las redes sociales te dejan perlas maravillosas y, a la vez, preocupantes. Observas con estupor cómo el realismo que debería imperar en las conciencias ha sido cambiado por una especie de alienación ideológica. Y no sólo en España, sino en toda la geopolítica mundial.
Obviamente, para Pepi, la del tercero, la geopolítica se la trae al fresco. Pero cuando tocan su bolsillo, la Pepi se convierte en la Hidra de Lerna y de ser Pepi pasa a ser Agustina de Aragón.
El problema es que a las Pepis y Antonios de mi barrio, los políticos disparan a sus barrigas y los animan a votar con las entrañas en vez de la cabeza. Corean las consignas de sus mesías de bancada y sueltan machadas como “para que lo roben los otros, me quedo con estos. Mientras me suban la pensión…” ¡Ay de ti como les saques de Matrix! Te dirán “¡facha!” unos y los otros “¡charo!”
Pero esto es tan viejo como la Revolución Inglesa (la de Cromwell) o la Francesa: las élites manejando para su interés al hombre-masa orteguiano. Al final, sólo se puede confiar en el sentido común. Ser menos ideológicos y más vigilantes: el poder siempre atrae y quiere perpetuarse, sea de izquierdas o derechas*.
Cuando el sentido común se apodera del hombre, es difícil que se deje manipular. La realidad se impone y no será la que te digan que veas, sino la que tú mismo ves. Así uno es más libre y no le dará igual si le roba uno de derechas o de izquierdas**: verá que al ladrón hay que llevarlo a la Justicia, y que si un partido ampara al ladrón, debe ser castigado.
Esto no es de bipolaridades, es de realismo absoluto.
*(No existe el centro).
**(Me mantengo en mi tesis: no existe el centro).