Pedro Sánchez, en el Comité Federal del PSOE este sábado en Ferraz.

Pedro Sánchez, en el Comité Federal del PSOE este sábado en Ferraz. Europa Press

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De la pira de Roma al humo de Ferraz

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La historia no se repite de forma exacta, pero a veces rima con una insistencia casi humorística. Salvando la distancia de los siglos, resulta fascinante observar cómo ciertos liderazgos comparten una misma partitura dramática. Dos milenios separan a Nerón de Pedro Sánchez, pero el arte de la supervivencia política y la gestión del caos parecen no haber cambiado tanto.

Todo gran mito comienza con una carambola improbable. Nerón tenía pocas posibilidades de gobernar; fue el producto de unas oscuras y laberínticas maniobras sucesorias entre Calígula, Claudio y las intrigas de su madre Agripina, que forzaron el destino para sentarlo en el trono de Roma. De igual modo, el manual de resistencia sanchista se inauguró contra todo pronóstico: un resurgir entre cenizas tras unas primarias socialistas marcadas por la leyenda de las urnas tras la cortina, promesas mutables y el apadrinamiento de un José Luis Rodríguez Zapatero entregado a la causa. Nadie daba un denario (o un euro) por ellos, pero ambos convirtieron la carambola en su cetro.

Una vez en el poder, el estilo de gobierno de ambos se define por la audacia y la polarización. El reinado de Nerón pasó a la posteridad indisolublemente ligado a la extravagancia y la percepción del despotismo. En la España contemporánea, la crónica diaria se escribe con la tinta de leyes polémicas, las piruetas políticas y diplomáticas, una inflación persistente y la ausencia crónica de Presupuestos Generales del Estado. Todo ello envuelto en una atmósfera de tensión social donde quien no está de acuerdo contigo no es un competidor, sino un enemigo existencial.

Pero un mandato no está completo sin su gran crisis. A Nerón le tocó el Gran Incendio de Roma: múltiples focos, calles estrechas y madera seca que redujeron la capital a cenizas. Hoy, las instituciones del Estado español experimentan su propio incendio metafórico, con múltiples focos encendidos simultáneamente alrededor de la Moncloa y de Pedro Sánchez: el "caso Leire", las andanzas del exministro Ábalos, la UCO investigando en Ferraz, los testimonios incómodos de Aldama, las investigaciones a Zapatero, las andanzas judiciales del hermano David en Badajoz y la causa sobre su esposa, Begoña Gómez.

Es de rigor periodístico señalar que, al igual que los historiadores Tácito o Suetonio sugirieron que Nerón prendió fuego a Roma aunque nunca se pudo demostrar, hoy tampoco hay una sentencia que vincule directamente a Sánchez con la autoría intelectual o material de semejante incendio judicial. Sus ministros, solícitos bomberos, lo niegan con vehemencia. Sin embargo, para gran parte de la opinión pública y la oposición, el humo es demasiado espeso como para ignorar al sospechoso habitual.

Ante la quema, la estrategia defensiva es idéntica: buscar un culpable ajeno. Nerón, acorralado por el descontento, desvió las miradas acusando a una minoría emergente: los cristianos, desatando una feroz persecución para salvar su propio pellejo. Sánchez, en una versión adaptada al siglo XXI, ha encontrado a sus propios culpables en la denominada "fachosfera": una conspiración de la derecha política y mediática, jueces "con intenciones políticas" y otros poderes económicos y sociales que, según el relato oficial, confabulan en la sombra para perturbar la voluntad popular.

La leyenda clásica retrata a Nerón tocando la lira en la torre de Mecenas mientras Roma ardía, absorto en su propia dimensión artística. Hoy Sánchez se inmortaliza en vídeos de TikTok animando a la Selección española en el Mundial o buscando desde su ateísmo la bendición del papa León XIV. La música de la lira ha sido sustituida por el algoritmo de las redes sociales, pero el mensaje de calculada indiferencia ante el desastre ajeno sigue siendo el mismo.

Las tensiones, lógicamente, terminan por fracturar los propios feudos. Nerón acumuló enemigos implacables que facilitaron su leyenda negra. Sánchez no solo lidia con la oposición, sino con las costuras rotas de sus propios socios y los reproches cantados en sintonía clásica por históricos de su partido como Felipe González, Javier Lambán o Emiliano García Page.

El desenlace de Nerón es conocido: acorralado por las rebeliones, optó por el suicidio pronunciando aquello de "¡Qué artista muere conmigo!", lamentando el fin de su genio incomprendido. Sánchez, tras amagar con una retirada lírica y cinco días de reflexión en abril de 2024, ha decidido corregir el guion clásico. No habrá suicidio político voluntario; la función debe continuar, prometiendo agotar la legislatura y ganar las próximas elecciones con su desafiante "hasta 2027 y más allá". A diferencia de la vieja Roma, el César moderno sabe que el poder ya no se defiende ni con la espada ni con el voto, sino obligando a las personas a tragarse el humo.