David Sánchez (d) junto a Miguel Ángel Gallardo (i) en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Badajoz. E. E.
Continúa el juicio contra el hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez, acusado de prevaricación y tráfico de influencias en la adjudicación de una plaza pública creada ad hoc.
Sin embargo, lo llamativo del caso no es la apertura del juicio oral contra el hermanísimo, sino las coacciones y amenazas que ha venido —y viene— sufriendo la jueza instructora, Beatriz Biedma.
La sicaria y cloaquera Leire Díez habría encargado, por orden de Pedro Sánchez, el espionaje a jueces y fiscales, entre ellos, la propia jueza instructora. Leire habría delegado su encargo en el exjuez Luis Sáenz de Tejada, quien fue apartado de la judicatura, para encontrar asuntos turbios sobre Beatriz Biedma.
Lo dramático de este caso es que el propio Sánchez lo sabía, porque, a tenor de los mensajes y audios publicados, fue él quien dio la orden a través de Santos Cerdán.
Si a Richard Nixon le costó la Presidencia de Estados Unidos el "caso Watergate", por encubrir los delitos de espionaje al Partido Demócrata, y no por ordenarlos, es preocupante que sigamos viendo a Sánchez en La Moncloa tras haber cometido ambos delitos.
A pesar de que las cloacas del Partido Socialista, puestas al servicio de los delitos cometidos por Sánchez y su entorno, han seguido a Biedma hasta el colegio de sus hijos, no han podido encontrar nada en su contra, pues su historial es brillante.
No obstante, la suerte de la jueza Beatriz Biedma no ha sido la misma que la que tuvo, en su día, la jueza Coro Cillán, que, tras admitir a trámite una querella contra el excomisario encargado de la recogida y custodia de las pruebas del 11-M, acabó siendo apartada de la carrera judicial por la imputación de un delito de prevaricación relacionado con el cierre de un local de fiestas.
En este caso, la falta de inteligencia ha llevado a la cloaca a cometer innumerables errores, entre ellos, y para fortuna de la jueza, no haber sido capaz de inventar algún delito que desacreditase la excelente trayectoria profesional de esta magistrada: demos gracias a Dios de que no ha ocurrido.
Por otro lado, los satélites mediáticos del sanchismo, encabezados por Cintora, Ruiz e Intxaurrondo, han convertido en musa de la judicatura española a un delincuente expulsado de la carrera judicial por prevaricador: Baltasar Garzón.
Creerse que uno puede estar por encima de la justicia resulta insultante para el Estado de derecho. Afortunadamente, la justicia se sigue administrando en nombre del rey, y no de Pedro Sánchez.