Tareas de rescate en Adamuz (Córdoba)

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Parches que no bastan

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Los acontecimientos recientes, como la tragedia ferroviaria en Adamuz o el apagón general que sufrió España el año pasado, han vuelto a centrar la atención en el estado de los servicios públicos del país. Aunque la recaudación por IRPF alcanza hoy niveles históricos, impulsada por la inflación, el contribuyente español percibe con toda lógica que, a pesar de pagar más impuestos, muchos de estos servicios están en clara decadencia y operan al límite de su capacidad.

Más allá de que los responsables políticos asuman o no su parte de culpa en estas tragedias, las soluciones aplicadas a problemas estructurales siguen siendo meros parches. No abordan el fondo de una cuestión que exige planificación, inversión sostenida y una visión a largo plazo: pensar en cómo deberían funcionar estos servicios dentro de diez o veinte años.

España fue durante décadas un referente en infraestructura ferroviaria y en el sistema eléctrico. Hoy, sin embargo, ambos servicios enfrentan problemas similares: no se han adaptado al aumento sostenido de la demanda. ¿De qué sirve ofrecer subsidios al transporte y reducir los costes del mismo si los trenes se descarrilan, llegan tarde o están obsoletos? Para el contribuyente, los descuentos y ayudas pierden valor cuando la seguridad y la calidad del servicio no están garantizadas. Esta situación genera desconfianza y erosiona la percepción de la eficiencia de los servicios públicos.

El patrón es evidente: los políticos siguen optando por medidas reactivas y de corto plazo en lugar de soluciones estructurales. Esto no solo limita la eficacia de las acciones actuales, sino que también aumenta la probabilidad de que los problemas se agraven en el futuro, dejando terreno fértil para discursos incendiarios y simplistas que alimentan la polarización y la frustración. Es fácil culpar al “lobo” que está al acecho con promesas demagógicas, pero la verdadera responsabilidad recae en quienes ignoran los problemas que hacen que la ciudadanía tenga que mirar al lobo.