Los diez españoles todavía presos políticos en Venezuela.

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Karen Gómez: una detención injusta que debe terminar ya

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Como madrina de Karen Gómez ante el Instituto CASLA, exijo públicamente su liberación inmediata y la retirada total de los cargos que pesan sobre ella. Su detención es arbitraria, carece de garantías legales y responde a un uso del sistema judicial como herramienta de castigo por parte de un poder que no puede considerarse legítimo.

Karen fue detenida hace dos años sin una imputación clara, permaneció incomunicada durante semanas y continúa recluida en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF) sin que su causa avance de forma transparente. Estas circunstancias encajan plenamente en la definición de detención arbitraria según el derecho internacional.

Su caso forma parte del mismo patrón represivo que llevó a la detención de Rocío San Miguel, reconocida defensora de derechos humanos, excarcelada recientemente tras casi dos años de prisión. Ambas detenciones se produjeron en el marco de la denominada Operación Brazalete Blanco, basada en acusaciones genéricas de conspiración y terrorismo sin pruebas públicas suficientes. La liberación de Rocío San Miguel pone en evidencia la fragilidad jurídica de los cargos utilizados en este tipo de causas y refuerza la exigencia de libertad para quienes, como Karen Gómez, continúan injustamente encarceladas.

La injusticia se agrava por un hecho incontestable: Karen fue separada de sus hijos cuando aún los amamantaba. Separar a una madre de sus hijos no es una medida judicial legítima, sino una forma de castigo cruel que vulnera derechos fundamentales.

Las recientes excarcelaciones anunciadas por las autoridades venezolanas han sido parciales y selectivas. La estructura represiva permanece intacta y cientos de personas siguen privadas de libertad sin garantías. No liberar a quienes continúan detenidos de forma arbitraria es prolongar el daño.

Exigir la libertad de Karen Gómez no es una cuestión ideológica, sino una exigencia básica de justicia.

Mientras siga en prisión, la arbitrariedad persiste.

Y el silencio no es una opción.