A la izquierda, una foto de Sofía Sahagún, liberada este lunes. A la derecha, familiares de presos venezolanos esperan a sus parientes en el aeropuerto de Barajas de Madrid.
Cuando la libertad llega por la fuerza
El comienzo de la liberación de presos en Venezuela es una buena noticia para todos los demócratas del mundo. Por supuesto, no ha sido gracias a la intermediación —como se ha repetido hasta la saciedad— del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Es un hecho que, si Estados Unidos no hubiese llegado a intervenir militarmente en Venezuela, no se habría producido la puesta en libertad de presos.
Los compañeros de Libertad Digital dieron la exclusiva de un manuscrito de Hugo Carvajal, más conocido como el Pollo, antiguo jefe del servicio de inteligencia chavista, en el que se confirma la existencia de una mina de oro y diamantes de 1,5 km² de extensión y de la que, según ese documento, sería propietario José Luis Rodríguez Zapatero. Si esto se confirma, Zapatero estaría en el ojo del huracán judicial. De hecho, la justicia española, ya ha comenzado a investigar sus colaboraciones con el narcoestado de Venezuela.
El Helicoide —ese edificio que un día fue un conato de centro comercial— es una de las cárceles más duras y está calificado por Naciones Unidas como el mayor centro de tortura del mundo. Cientos de miles de presos han muerto bajo tortura en ese auténtico campo de concentración de demócratas.
Un expreso de esa cárcel habló en el programa Todo es Mentira, de la cadena Cuatro, y relató cómo Zapatero se paseó por delante de su celda y de las del resto de presos para aconsejarles que no hablaran mal del régimen chavista ni del propio Nicolás Maduro. Un testimonio que contrasta frontalmente con el “hombre de paz” que algunos pretenden vendernos.
Muchos de esos presos están allí por haber sido denunciados por venezolanos apesebrados del chavismo mediante aplicaciones de denuncia descargadas en plataformas como Play Store. Una práctica que ya se utilizó en la Alemania nazi, donde se animaba a denunciar en libros colocados en las propias calles a cualquiera del que se sospechara que conspiraba contra el régimen.
Esperemos que el resto de presos puedan salir de las cárceles lo antes posible para reencontrarse con sus seres queridos. Porque son eso: presos, no “retenidos”. Conviene que el Rey lo recuerde.