Koldo García y Santos Cerdán.
Hedor insostenible
¿Quién nos lo iba a decir? Pues cualquiera despojado de anteojeras ideológicas.
Desde antes del minuto uno eran todos lo que aparentaban ser: unos bellacos de baja estofa, ruines, depravados y tramposos. Todos los indicios, actitudes, comportamientos y actuaciones así lo atestiguaban para el observador imparcial.
Que alguien les haya podido defender, -¡y votar!-, por "creer" en este clan de figuras chulescas, jactanciosas, fatuas y postineras supera los peores sueños monstruosos de la sinrazón. ¡Goya se revuelve en su tumba de la Ermita de San Antonio!
Vergüenza caiga sobre sus cabezas, las de todos ellos, de quienes son y de quienes ahí les mantuvieron bailándoles el agua. Caminarán el resto de sus vidas cabizbajos y ultrajados por la obscenidad abyecta de haber apoyado esa abominación rebosante de degradación moral y vilipendio petulante.
Húrtense avergonzados del mundo social y político. Mediten con humildad por décadas en un recóndito escondrijo su terca sandez como estilitas condenados en lo alto de sus columnas de altivez, deshonra y yerro.
¿Es suficiente una disculpa de postín ante este hediondo lodazal de embustes y desatinos? No.
¿Se puede justificar tal maraña de patrañas con tan descarada estulticia? No.
Han de ser tenidos por responsables quienes actuaron, quienes cooperaron, quienes vieron y callaron, y quienes pretenden que ante esta aglomeración infecta de evidencias no se enteraron.
Mal viento se lleve a este teatrillo de esperpento y de impostura por gracia y justicia de la Ley. Y que podamos respirar otra vez.