Joseba Bonaut, profesor de Comunicación en la UZ
El pasado miércoles 15 de abril, la ciudad de Zaragoza recibió una magnífica noticia al darse a conocer los planes de los cines Palafox de crear la primera sala IMAX de nuestro territorio y la única en España, de estas características, que estará situada en un centro urbano.
Esta información es una continuación de las buenas nuevas que en los últimos años hemos celebrado los cinéfilos de la capital aragonesa gracias a los cines Palafox.
Recordemos los múltiples estrenos de películas en 70mm., reestrenos de grandes clásicos, ciclos y, de forma muy habitual, preestrenos de filmes con debates entre sus creadores. Siendo sincero, es un auténtico lujo en los tiempos que corren.
Sin embargo, la aparición de una sala IMAX es un verdadero hito. Y no lo es solo por sus evidentes características técnicas (que a continuación destacaré), sino porque es una confirmación de una apuesta por el cine de gran lienzo, ese que se disfruta de manera única en la oscuridad y con una pantalla gigante, en comunidad.
En una época de millones de operadores de streaming, atracones domésticos de series y telefilmes, y consumo masivo de breves y absurdos “tik-toks”, la apuesta por el cine en salas es un salto de fe, un órdago en favor del séptimo arte, una lucha por la preservación del rito comunitario que supone alejarse de la comodidad del hogar y sumergirse en la oscuridad y en el silencio (sin móviles, menos mal). Lo dicho, más que suerte es casi un milagro.
¿Y qué milagro opera el cine IMAX? IMAX, acrónico de Image Maximum (Imagen Máxima), es un sistema de proyección cinematográfica de altas dimensiones en cuanto al tamaño de la pantalla y de extrema calidad en su definición.
El sistema IMAX no es más que un broche definitivo a una carrera constante que la industria cinematográfica ha desarrollado desde sus orígenes por atraer espectadores a sus salas y por poner en el lugar adecuado a la imagen (y al sonido).
Al margen de los primeros intentos primitivos de finales del siglo XIX y de comienzos del XX, la carrera por proyectar imágenes de gran tamaño y con grandes formatos se inició de verdad en los años 50, cuando aparecieron sistemas como el Cinemascope, el Cinerama o Vistavision. La idea era clara: competir con la televisión y ofrecer una experiencia única al espectador.
Esa filosofía influiría en la forma de crear las películas y, también, de verlas. Y no solo por lo espectacular de una gran pantalla horizontal (ya no cuadrada), sino por la capacidad de proporcionar a los artistas un gran lienzo para transmitir emociones a la audiencia.
El sistema IMAX, presentado por todo lo alto en la Exposición Universal de Japón de 1970, es fruto de esas ansias y de esos deseos: transportar al espectador a otro mundo, abrumarle con las imágenes y hacerle soñar con historias que solo en una sala puede vivir.
Utilizado en muchos parques de atracciones durante décadas, el IMAX ha empezado a convertirse en un sistema cada vez más común para las grandes películas cinematográficas de amplios presupuestos, que buscan ofrecer sensaciones únicas a la audiencia.
Por poner varios ejemplos, en este año 2026 se podrán disfrutar en este formato grandes filmes como “La odisea”, de Christopher Nolan, “Digger”, de Alejandro González Iñárritu, o “Dune 3”, de Denis Villeneuve.
Corrijo. Podremos disfrutar en Zaragoza de todas estas películas tal y como sus creadores las diseñaron y podremos admirar sus bellas y sugerentes imágenes en un tamaño jamás visto: gigante.
En tiempos de crisis, probablemente hay que recurrir a la esperanza y dar un salto de fe en el poder transformador del séptimo arte para curar nuestras heridas. Demos gracias a los creadores que lo hacen posible, pero también a nuestros queridos exhibidores, que hacen realidad este sueño.