La Inspección de Trabajo y Seguridad Social ha constatado en Zaragoza lo que muchas familias y docentes denuncian desde hace años: en las aulas de nuestros colegios públicos se superan los 30 grados, llegando incluso a picos de más de 32. Una cifra que no solo compromete el rendimiento académico, sino que pone en riesgo la salud del alumnado, del profesorado y del personal no docente.

Los informes señalan las causas: edificios envejecidos, mal aislados, sin sistemas de climatización adecuados y con ventilación deficiente. La mayoría de los centros dependen de ventiladores o de la ventilación natural, insuficiente ante olas de calor cada vez más intensas y frecuentes. Lo que se convierte en una molestia pasajera en otros entornos, en la escuela es un factor que determina la calidad de la enseñanza y la seguridad de quienes aprenden y trabajan en ella.

La normativa es clara. El Real Decreto 486/1997 establece límites en las condiciones ambientales en los lugares de trabajo, y la Ley de Bases de Régimen Local asigna a los ayuntamientos la conservación y el mantenimiento de los centros de educación infantil, primaria y especial. El Ayuntamiento de Zaragoza, por tanto, tiene un papel que asumir, aunque la responsabilidad también alcanza al Gobierno de Aragón en lo que respecta a secundaria y formación profesional.

En este contexto, la propuesta de Zaragoza en Común al Pleno municipal pone sobre la mesa medidas de sentido común: un plan integral de climatización y modernización de los centros educativos, con presupuesto suficiente y plurianual; una Mesa de Emergencia por el Clima en las Aulas que permita coordinar a familias, docentes, sindicatos y administración; y la exigencia de que el Gobierno autonómico aporte recursos para garantizar la seguridad en todos los centros públicos.

Estamos hablando de un derecho básico: poder aprender y enseñar en condiciones dignas. Afrontar la emergencia climática en las aulas no es un gasto superfluo, sino una inversión en salud, bienestar y futuro. Modernizar los edificios escolares, mejorar la eficiencia energética y renaturalizar los patios no solo aliviaría las temperaturas extremas, también haría de la escuela un espacio más sostenible y pedagógico.

Si hay dinero para iluminar puentes, si vamos a gastar más de un millón de euros en iluminar Zaragoza para Navidad, tiene que haber presupuesto para mejorar las condiciones de nuestros hijos e hijas en las escuelas.

No se trata de esperar a que llegue la próxima ola de calor, sino de actuar con visión de ciudad. La educación es un pilar del presente y del mañana, y no puede sostenerse en aulas que funcionan como invernaderos. Garantizar espacios seguros y saludables en los colegios de Zaragoza es, sencillamente, una cuestión de justicia educativa y de responsabilidad política.

Y no podemos olvidar de quién es esa responsabilidad. La normativa vigente establece que los ayuntamientos tienen la competencia de conservación, mantenimiento y vigilancia de los edificios de titularidad local destinados a centros públicos de educación infantil, primaria y especial, tal y como recoge el artículo 25.2.n) de la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local.

El Ayuntamiento de Zaragoza, por tanto, debe asumir un papel activo en el acondicionamiento de los centros que requieren cambios urgentes para garantizar seguridad, confort y eficiencia energética, así como en la necesaria renaturalización de los patios escolares. Abordar estas cuestiones es fundamental para proteger la salud de los niños y niñas, mejorar el bienestar del personal educativo y avanzar hacia una escuela más sostenible.