Asegurar un suministro eléctrico continuo, fiable y sostenible es una condición indispensable en el marco de la transición energética. No se trata solo de mantener la calidad de vida y los servicios básicos en nuestras sociedades altamente electrificadas, sino también de garantizar la competitividad de nuestro tejido industrial y la capacidad del país para atraer nueva inversión.

España tiene ante sí una oportunidad única: convertirse en un hub industrial europeo si es capaz de ofrecer energía limpia, segura y a precios competitivos, algo que ya estamos experimentando de primera mano en Aragón.

En este contexto, la estabilidad de las redes eléctricas de transporte y distribución, así como el diseño de un mix de generación equilibrado, son piezas clave. Las decisiones sobre la composición del mix energético influyen directamente en la seguridad de suministro, el coste de la electricidad y el impacto ambiental. Por tanto, su planificación debe hacerse con criterios técnicos rigurosos, pero también estratégicos.

España cuenta con un mix de generación que combina energías renovables (solar, eólica, hidráulica, biomasa) y tecnologías térmicas como los ciclos combinados de gas, la energía nuclear y la cogeneración. Por su parte, Aragón es una región en la que la generación renovable es absolutamente preponderante con un papel menor para las tecnologías térmicas.

El reto es aumentar el peso de las tecnologías limpias sin comprometer la estabilidad del sistema. Las fuentes como la eólica y la solar fotovoltaica, aunque predecibles, son variables y requieren complementariedad con tecnologías firmes y gestionables.

En este sentido, las fuentes síncronas, como las centrales térmicas, nucleares o hidroeléctricas gestionables, siguen siendo fundamentales para estabilizar la frecuencia y garantizar la continuidad del suministro. Las fuentes asíncronas, como la mayoría de las renovables modernas, deben integrarse con tecnologías adicionales de soporte, como convertidores con inercia virtual, almacenamiento energético o soluciones híbridas.

Apostar por un mix basado exclusivamente en fuentes variables, sin el respaldo adecuado de tecnologías y mecanismos firmes y gestionables, puede comprometer la estabilidad operativa del sistema y presionar al alza los precios de la electricidad, especialmente en escenarios de alta demanda o baja producción renovable. La experiencia de algunos países europeos, como Alemania tras el cierre de su parque nuclear, ofrece lecciones valiosas sobre la necesidad de mantener un equilibrio tecnológico en el mix energético.

La necesaria electrificación de la demanda energética como medio para la descarbonización de nuestra economía anticipa un escenario de crecimiento de la demanda eléctrica. Este factor, unido a unos ambiciosos objetivos de descarbonización y a la necesidad de disponer de precios competitivos, hace imprudente renunciar de forma acelerada a fuentes de energía como la nuclear que otorgan firmeza al sistema.

Redes eléctricas: columna vertebral de la transición energética

No es posible garantizar el suministro sin una red eléctrica moderna, digitalizada y resiliente. La integración masiva de renovables, el crecimiento de la demanda por la electrificación y la atracción de nuevos proyectos industriales requieren acelerar la inversión en redes de distribución y transporte.

Sin embargo, el marco regulatorio actual no está alineado con los objetivos de refuerzo y crecimiento de redes previstos en el PNIEC. La rentabilidad de las inversiones en redes de transporte y distribución ha de ser suficiente y la tramitación administrativa ha de ser notablemente más ágil.

Para integrar de forma segura las energías renovables, el sistema eléctrico debe apoyarse en cuatro ejes:

  • Redes inteligentes, que permitan gestionar la generación distribuida y la demanda en tiempo real.

  • Sistemas de almacenamiento, como las baterías o la hidráulica de bombeo, que amortigüen la intermitencia renovable. Para ello resulta necesario desarrollar los correspondientes mecanismos de capacidad.

  • Digitalización, mediante IoT, inteligencia artificial y plataformas de gestión energética, que favorezcan la eficiencia operativa y la participación del consumidor.

  • Interconexiones eléctricas, que aumentan la resiliencia y reducen los costes globales del sistema.

En definitiva, garantizar el suministro eléctrico en un sistema bajo en emisiones y hacerlo de manera competitiva exige una planificación meditada e inteligente. Esto implica combinar generación renovable con tecnologías firmes a la vez que el impulso de tecnologías de almacenamiento, de respaldo flexible, de redes de transporte y distribución robustas y de la participación de los consumidores.

La clave no está en una única solución, sino en la integración armónica de todas ellas, para disponer de una energía eléctrica segura y fiable, asequible y que contribuya a la descarbonización de nuestra sociedad. Nos va mucho en ello.

*Ramón White, presidente de la Comisión de Energía conjunta de CEOE Aragón y Cámara de Comercio de Zaragoza