Julio Calvo, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza.

Julio Calvo, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza. E.E Zaragoza

Zaragoza

La jubilación de un diputado de Vox mantiene en vilo el presupuesto de la cuarta ciudad de España

La dimisión de Julio Calvo permitiría que la alcaldesa Natalia Chueca saque las cuentas municipales adelante, ante las que su partido se opone.

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Zaragoza
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La renuncia de Julio Calvo, concejal y portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza, ha sido todo un bombazo. No porque fuera de sopetón, pues desde su grupo aseguran que "desde que comenzó la legislatura, tenían claro que no la iba a terminar". Tampoco porque anunciara su retirada en un día en el que su propio partido estaba de celebración en Aragón (tras doblar sus escaños estas elecciones).

No. Lo curioso de todo este anuncio han sido las consecuencias porque, de un momento para otro, la alcaldesa Natalia Chueca ha pasado de tener que depender de una cuestión de confianza para aprobar sus presupuestos a conseguir la mayoría. ¿Por qué? Porque Calvo deberá entregar su acta de concejal al inicio del próximo Pleno municipal, el próximo 26 de febrero, tras el cual, precisamente, se celebrará la votación de las cuentas municipales en la que ya no podrá participar.

Para entonces, Vox solo contaría con tres concejales, ya que la entrada de un nuevo compañero no será inmediata y es un procedimiento que podría dilatarse hasta marzo. Así que, juntando votos con el PSOE y Zaragoza en Común para tumbar el presupuesto, la oposición sumaría 15, exactamente los mismos con los que cuenta el PP. Empate que solucionaría la alcaldesa con el voto de calidad y que, a su vez, le permitirá sacar adelante sus presupuestos.

En todo caso, cualquier paso que se dé ahora será muy significativo. Sobre todo porque desde la Dirección de Vox en Madrid, tal y como han asegurado a este diario, han dejado a los de Zaragoza "muy clara" su postura sobre todo este asunto. Y es que, como se suele decir, a veces los actos dicen mucho más que las palabras.

Pero es que, además, se trata de unas cuentas de las que los de Abascal se quieren desvincular lo máximo posible. No porque no se sientan a gusto con el contenido, el cual fue negociado entre PP y Vox durante meses, sino porque hay dos "escollos" que impiden llegar a un acuerdo "si se piensa en los zaragozanos": la implantación de la Zona de Bajas Emisiones y el "excesivo" gasto corriente del Ayuntamiento.

Una postura de rechazo que cabe recordar que se anunció de manera conjunta entre los cuatro concejales y a pocos días de que la regidora presentara las cuentas (por primera vez sin la compañía de Vox). Y, hasta ayer, parecía que todo seguía igual. De hecho, en conversaciones con este diario, la portavoz adjunta del grupo en Zaragoza, Eva Torres, aseguraba que "nada había cambiado".

Hasta la dimisión de Julio Calvo y sus consecuencias inmediatas que han puesto a los de Abascal entre la espada y la pared para negociar los "escollos" pendientes. Pero es que, además, toda esta posible repercusión "se desconocía" en el grupo antes de que comunicara oficialmente en el Consistorio su jubilación. Para algunos en el Ayuntamiento, más que sorpresa, ha sido "un último regalo del concejal a la alcaldesa Natalia Chueca".

Y es que, lo que no se puede negar es que entre el concejal, a quien siempre se le ha reconocido su carácter moderado dentro de Vox, y la regidora ha habido siempre un gran entendimiento. Lo aseguraba ella misma en sus redes sociales, en las que dejó una emotiva despedida para Calvo: "Su dedicación y compromiso merecen el agradecimiento de quienes hemos trabajado con él. Desde la diferencia ideológica, hemos sabido encontrar lugares comunes para hacer que Zaragoza mejore. Gracias, Julio. Espero que disfrutes de una merecida jubilación y que tu forma de entender la política inspire a quienes te sucedan", decía en su mensaje.

Independientemente de todo esto, la gran duda es cómo van a mover ficha desde Vox para que su rechazo siga siendo efectivo. El hándicap es que para cualquier movimiento, el voto y la presencia de Calvo en el salón de plenos como portavoz del grupo parece ser imprescindible. Una renuncia de su propia renuncia que, según ha podido conocer este diario, "podría hacerse" y pospondría su jubilación por lo menos hasta el siguiente pleno ordinario o extraordinario. Pero, en todo caso, es decisión del propio edil.

Otra de las opciones que se baraja desde el grupo municipal, según ha podido saber este diario, es la de solicitar que la dimisión de Calvo no sea el primer punto del orden del día en el pleno, sino que se vote una vez se decida sobre los presupuestos. Demanda que podría ser la solución a todo este embrollo, pero que tendrá que recibir el visto bueno del Gobierno de Chueca, desde donde aseguran que la prioridad son "los zaragozanos y su bienestar".

Eso sí, de no haber marcha atrás, desde el grupo insisten en que la posición "no cambiará" y que el resto de concejales que sí continúan en el equipo seguirán manteniendo su rechazo a los presupuestos para 2026.