Recogida de oliva en Alloza

Recogida de oliva en Alloza E. E.

Teruel

Un aceite de oliva virgen extra 'made in Teruel' se hace un hueco en los 'Oscar' del sector: "Alloza es parte del producto"

Creada por Javier Esteban en 2020, Aiosa ha crecido hasta firmar una campaña histórica con máximos galardones en Londres, Japón y Dubái.

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Zaragoza
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En Alloza, un pueblo turolense que apenas rebasa el medio millar de habitantes, el olivar se ha convertido en brújula de futuro y no solo en memoria del pasado: desde estas lomas discretas del Bajo Aragón brota Aiosa, un aceite de oliva virgen extra que demuestra que en el campo también pueden germinar proyectos capaces de cruzar fronteras, conquistar jurados internacionales y devolver al medio rural el papel de protagonista que nunca debió perder.

Creada por Javier Esteban en 2020, en plena pandemia, la marca ha crecido hasta firmar una campaña histórica con máximos galardones en Londres, Japón y Dubái, tres de los certámenes internacionales más prestigiosos del sector. En apenas unos meses, su aceite ha sido reconocido en Europa, Asia y Oriente Medio, consolidándose como uno de los productos aragoneses más premiados del año.

El proyecto nació de la mano del IAF tras una experiencia formativa en la Toscana italiana, donde Javier profundizó en el sector oleícola. Historiador y arqueólogo de formación, se incorporó a un programa de emprendimiento agroalimentario y, pocos meses después, ya estaban recogiendo su primera cosecha.

“Hemos estado siempre, desde un principio, orientados a la producción de aceites de excelencia. Estos reconocimientos son una validación a nivel internacional que nos va confirmando que el trabajo que estamos haciendo es el correcto y que tenemos que seguir por la expuesta línea”, explica Javier Esteban.

El camino no ha sido sencillo. Además de las dificultades inherentes a la agricultura, como sufrir un año con “cero cosecha”, han tenido que afrontar los retos propios de emprender en el medio rural y en el “Teruel profundo”.

“Ha sido un camino bastante duro. No heredamos ningún campo, ni maquinaria, ni ninguna de las utilidades que pueden dar un empujoncillo. Teruel tiene unas excelentes posibilidades a nivel de paisaje, de territorio, y de variedades autóctonas con las que trabajar, pero también aumenta mucho los costes de producción”, detalla Esteban.

Hoy disponen de unas 25 hectáreas de terreno, repartidas en parcelas muy fragmentadas, algunas con apenas siete olivos y alejadas de grandes concentraciones de cultivo. Esa dispersión les obliga a mover personal y maquinaria para ir recogiendo campos esparcidos por el término municipal, con los costes logísticos que ello supone.

Son problemas que asumen con convicción, decididos a apostar por Alloza como lugar idóneo para seguir creciendo. Lo hacen tanto por su voluntad de mantener viva la agricultura del Bajo Aragón como por el valor singular de estos terrenos en la identidad de su aceite de oliva virgen extra.

“Tenemos ese arraigo con Alloza y queríamos buscar un producto que tuviera un componente muy local. Una de las variedades exclusivas, la Royal de Alloza, se cultiva exclusivamente en esta zona, y en algún campo más de la zona de Ariño, Oliete o Andorra. Alloza no solo es el territorio, sino que es parte del producto”, señala Agustín Pérez, socio de Aiosa.

La Royal de Alloza, una variedad prácticamente exclusiva de este municipio dentro del Bajo Aragón histórico, aporta un carácter diferenciador al 'Coupage' y refuerza el vínculo entre el paisaje y el producto final. Esa singularidad varietal se suma al trabajo de selección de parcelas y a la recolección temprana, pensada para preservar al máximo las propiedades del fruto.

Tras un gran año de cosecha, su producción ronda las 4.000 botellas de ‘Coupage’, su principal producto, elaborado de forma artesana pese a tratarse de una campaña temporal que limita su capacidad de venta. Esa edición limitada refuerza la orientación hacia la calidad y obliga a planificar cuidadosamente cada mercado al que quieren llegar.

Por eso, su futuro más inmediato pasa por consolidar este producto y diversificar líneas para generar empleo durante todo el año, siempre desde un modelo respetuoso con el medio rural. El objetivo es que el proyecto no solo sea sostenible económicamente, sino que contribuya a fijar población y a dar valor al territorio.

“En Europa estamos abriendo con una parte de distribución en restaurantes de alta gama, catalogados en la guía Michelin, y nuestra idea es posicionarnos en ese tipo de cocinas. El mercado nacional es más duro, porque hay más variedad y la barrera de precios es mucho más elevada”, expone Agustín.

La estrategia internacional se apoya en el reconocimiento de los jurados y en la entrada en cocinas de autor, mientras que en España el reto es hacerse un hueco en un mercado maduro, con mucha competencia y fuerte sensibilidad al precio.

El aceite se elabora en colaboración con ‘Apadrina un Olivo’, donde se realiza la molturación de la oliva de forma totalmente artesanal, seleccionando cada día las parcelas de las que se recoge la fruta. Este trabajo minucioso, unido a métodos de extracción en frío, busca que el aceite de oliva virgen extra de Alloza siga siendo uno de los más reconocidos del mundo.

Todo el proceso, desde el olivar hasta la almazara, está concebido para que el paisaje, la variedad y la mano del agricultor queden reflejados en cada botella, reforzando la idea de que Alloza no es solo origen, sino esencia del producto.