Iglesia de la Asuncion

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Parece Italia pero es España: una joya de casco urbano colorido y rodeado de aguas turquesas

Nada más llegar, lo primero que atrapa es el color. Fachadas estrechas, alineadas como si compitieran entre sí por destacar, pintadas en tonos vivos que van del ocre al azul, del rosa al amarillo.

Más información: ¿Cómo es vivir en Villajoyosa?: ventajas, mejores barrios y el precio de la vivienda

Alicante
Publicada

La provincia de Alicante es cada vez más conocida por ser el destino ideal de los turistas, ya sean extranjeros o nacionales.

Y es que, con la actual situación geopolítica, muchas personas optan por irse a descansar a lugares seguros, como puede ser España, y más concretamente, Alicante.

Y nuestra provincia cuenta con múltiples paisajes que parecen sacados de una postal extranjera, de esas que uno asocia con la costa amalfitana o con pequeños pueblos italianos colgados frente al mar.

Y sin embargo, están mucho más cerca de lo que imaginamos. Villajoyosa es uno de ellos.

Nada más llegar, lo primero que atrapa es el color. Fachadas estrechas, alineadas como si compitieran entre sí por destacar, pintadas en tonos vivos que van del ocre al azul, del rosa al amarillo.

Estas casitas cuentan que los pescadores utilizaban estos colores para reconocer sus casas desde el mar. Hoy, ese legado se ha convertido en una de las estampas más fotogénicas del Mediterráneo.

El casco antiguo se recorre sin prisa. Calles que suben y bajan suavemente, balcones con macetas, ropa tendida al sol y ese aire cotidiano que le da autenticidad. Aquí no hay decorado: hay vida real. Y eso se nota en cada esquina, en cada puerta abierta, en cada conversación que se escapa desde un bar.

Pero Villajoyosa no es solo su fachada. A pocos pasos, el mar aparece con ese tono turquesa que parece poco habitual en la península. La playa, amplia y luminosa, se convierte en una extensión natural del pueblo. No hay transición brusca: todo fluye. Del café en una terraza al paseo junto al agua, del bullicio suave del centro al sonido constante de las olas.

También hay historia. Murallas, torres defensivas y restos que recuerdan que este rincón fue, durante siglos, un punto estratégico frente a incursiones piratas. Ese pasado convive hoy con una calma que sorprende, especialmente para quienes llegan esperando algo más turístico y encuentran, en cambio, un ritmo pausado.

Y luego está el sabor. Porque Villajoyosa también se vive a través de su gastronomía. Pescados frescos, arroces y ese vínculo con el mar que se percibe en cada plato. Sin olvidar su tradición chocolatera, que añade un matiz inesperado a la experiencia.

Quizá lo más interesante es que, pese a su belleza, Villajoyosa mantiene cierto aire de lugar no del todo descubierto. No abruma, no satura. Se deja querer poco a poco. Y cuando uno se va, lo hace con la sensación de haber encontrado algo especial.

Un sitio que parece Italia, sí. Pero que, en realidad, demuestra que no hace falta salir de España para encontrar rincones que sorprenden.