Panorámica de Alicante, en imagen de archivo.

Panorámica de Alicante, en imagen de archivo.

Turismo

Pocos edificios, miles de plazas: quién concentra realmente la vivienda turística en la provincia de Alicante

El mapa provincial muestra que la vivienda turística no se reparte: se agolpa en unos pocos enclaves, y sobre todo en unos pocos edificios que concentran miles de plazas oficiales.

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La ciudad de Alicante decidió el pasado verano apretar el freno y ampliar su moratoria a los bloques o edificios completos de apartamentos turísticos. Una medida que ya había congelado las nuevas licencias para VUT aisladas y que se extendió a partir de diciembre en un contexto de presión creciente sobre barrios y servicios urbanos. Con ello, el Ayuntamiento mantiene una nueva regulación para limitar plazas en zonas saturadas y con otros municipios de la provincia avanzando también en restricciones o revisiones de licencias.

Sin embargo, en mayo de 2026 el dato más llamativo que contiene el registro oficial de la Generalitat, sin embargo, no es solo cuántos establecimientos hay, sino cómo se distribuye la capacidad. El inventario provincial muestra que el fenómeno está muy concentrado en un puñado de municipios y, dentro de ellos, en complejos de gran escala que funcionan casi como pequeñas ciudades turísticas.

En Benidorm, por ejemplo, aparecen auténticos gigantes alojativos: Magic Tropical Splash suma 326 apartamentos y 1.404 plazas, Sandos Benidorm Suites alcanza 200 apartamentos y 800 plazas, y Apartotel Terralta registra 160 apartamentos y 652 plazas. Con estos datos, la foto provincial está menos marcada por el número de expedientes que por el peso descomunal de unos pocos activos.

Ese desequilibrio es importante porque cambia por completo la lectura del mercado. No estamos ante una suma de pisos aislados repartidos de forma capilar, sino ante una estructura con dos velocidades. Por un lado, pequeños y medianos bloques urbanos muy presentes en Alicante capital; por otro, complejos turísticos de gran tamaño en Benidorm, L’Alfàs del Pi, Finestrat, Calp o El Campello.

En estos últimos la dimensión ya no es doméstica sino casi hotelera. El Plantío Golf Resort, con 98 apartamentos y 458 plazas, Albir Garden, con 380 apartamentos y 760 plazas, o Europa House Sun Beach, con 113 apartamentos y 510 plazas, ilustran bien ese salto de escala.

Cuando una parte sustancial de la oferta se concentra en edificios de cientos de unidades, el impacto sobre suelo, movilidad, servicios y convivencia deja de ser marginal y pasa a tener dimensión estructural.

La moratoria de Alicante capital y el endurecimiento regulatorio en otros municipios responden justamente a esa lógica. La nueva normativa municipal alicantina fija un índice máximo de 0,187 plazas turísticas por habitante, veta nuevas plazas en secciones censales saturadas y además prohíbe usos turísticos en las plantas bajas de los principales viarios comerciales, exigiendo acceso independiente en edificios residenciales.

Es una respuesta de urbanismo fino, casi quirúrgico, al problema de la saturación. Y, al mismo tiempo, una señal política muy nítida: el debate ya no gira solo en torno a la existencia de vivienda turística, sino a su localización, su escala y su compatibilidad con la vida ordinaria de la ciudad.

El registro también deja ver que la oferta está muy profesionalizada. Muchos nombres repiten marca, estructura y operador en varios edificios distintos, como ocurre con MyFlats, BN Suites, Be Alicante, Manlia, Habitats o The Lucky Flats, lo que apunta a una consolidación empresarial del sector.

Ya no se trata solo de propietarios particulares alquilando una vivienda, sino de carteras gestionadas con lógica de red, con web propia, canales directos y estrategias de expansión por barrios y municipios. Alicante, en ese sentido, no es solo un destino turístico: es también un mercado inmobiliario especializado donde la rentabilidad se optimiza mediante escala, ubicación y rotación.

Fuera de la costa, la presencia es mucho más tenue. En municipios del interior como Agost, Ibi, Novelda, Alfafara o Banyeres de Mariola, el inventario es testimonial, casi anecdótico frente a la intensidad litoral. El mapa oficial dibuja así una provincia muy desigual, donde la presión turística se concentra en la franja más atractiva para el visitante y deja al interior en un papel secundario.

Esa asimetría ayuda a entender por qué las restricciones locales se multiplican: cada municipio intenta defender su equilibrio con las herramientas que tiene, porque la tensión no se distribuye de forma homogénea.

La Generalitat, además, ha intensificado la depuración del registro, con 803 viviendas de uso turístico dadas de baja en la provincia de Alicante en una primera fase de revisión por problemas documentales, dentro de un proceso más amplio de limpieza de la base de datos autonómica. Ese dato es relevante porque recuerda que el mercado oficial no es estático ni completamente inmóvil: cambia con altas, bajas, regularizaciones y revisiones administrativas.

El resultado es un mapa vivo, en el que la estadística no solo mide actividad turística, sino también la capacidad de las instituciones para ordenar un fenómeno que crece rápido, ocupa espacio y altera la forma de las ciudades.

Alicante no tiene un problema uniforme de vivienda turística, sino un problema de concentración. El verdadero debate que se plantea en los plenos municipales no es si hay muchos registros, sino quién controla las plazas, dónde se ubican y qué tipo de ciudad producen. Y en esa pregunta, los grandes edificios turísticos, más que la suma de pequeñas licencias, se han convertido en la pieza decisiva del tablero.