Federico Fuster, presidente de la patronal Hosbec, posa para la entrevista con EL ESPAÑOL.

Federico Fuster, presidente de la patronal Hosbec, posa para la entrevista con EL ESPAÑOL.

Turismo ENTREVISTA

Fede Fuster (Hosbec): "Valencia es una ciudad que se ha malacostumbrado a vivir siempre en el dopaje"

El presidente de la mayor patronal turística de la Comunidad dice que los empresarios soportan un "infierno fiscal" y que la Administración no hace nada para evitarlo. 

16 abril, 2023 06:20
Benidorm

Fede Fuster (Benidorm, 1983) asumió el pasado 2 de diciembre el timón de la mayor patronal turística de la Comunidad Valenciana: Hosbec, la asociación con sede en Benidorm que representa a más de 100.000 plazas (entre hoteles, apartamentos y campings) de toda la Comunidad Valenciana. 

CEO y copropietario de Grup Fuster Hoteles (Hotel Benidorm Plaza, Hotel Belroy, 2Sleep Apartaments y Estudios Benidorm), Fuster pertenece a ese empresariado que ha construido con sus propias manos la capital turística de la Costa Blanca: su tatarabuela regentaba una venta en la Cala, y sus abuelos fundaron en los años 50 el mítico hotel Benidorm. 

Ahora, en medio del reto de liderar la recuperación turística tras la pandemia, charla con EL ESPAÑOL sobre los retos inminentes, el papel de las administraciones y las "redes clientelares regadas con fondos del turismo" que se resisten a desaparecer.

¿Cómo ha ido la Semana Santa?

La verdad es que ha ido por encima de las previsiones. Teníamos proyectado un 85 % de ocupación de media y lo hemos superado por un punto. También es cierto que hasta ultimísima hora se ha estado vendiendo, y nos ha sorprendido porque hemos ganado 4 o 5 puntos desde la última vez que habíamos consultado. Pero en general ha funcionado bien y no solo los hoteles hemos estado a tope. También los restaurantes, el comercio... la gente ha venido con alegría y capacidad de gasto, que al final es lo que interesa.

La última vez que se generalizó la contratación de última hora fue en la crisis de 2008. ¿Cree que va a ser la tónica general también a partir de ahora?

Yo creo que sí, y además juega mucho en nuestra contra y también en contra de los clientes, que son los máximos interesados. La última hora es dominio del cliente nacional. El internacional reserva con mucha antelación, esencialmente porque las estancias son más largas y necesitan los vuelos. Pero eso es lo que les permite beneficiarse de mejores condiciones, las peores siempre se consiguen a última hora. Y me parece que el mercado nacional tarde o temprano tendrá que aprender a programar mejor sus vacaciones, porque al final el precio más alto lo pagamos por dormirnos.

A Benidorm le está costando recuperar las cifras de ocupación de 2019, y parece que es por una pequeña cuota de británicos (entre 6 y 8 puntos) que no acaban de volver. ¿Qué está pasando para que esto sea así?

Hemos recuperado parte. Hasta hace poco estábamos un 20 % por debajo en el número de británicos. Pero en la situación actual hay varios factores que influyen. Su economía está subiendo más que la nuestra, su inflación es más alta que la nuestra, el lío en el que se metieron ellos solitos con el Brexit ahora lo están pagando... Pero es verdad que si hubiésemos recuperado esa parte que nos falta, Benidorm hubiese superado el 90 % de ocupación, que es lo que se consiguió en 2019.

Sin embargo, los turoperadores de Reino Unido hablan de cifras récord de reservas.

Eso es lo que realmente nos preocupa. Durante el invierno nosotros hemos caído un 9 %, pero hay otros destinos que han ganado, como por ejemplo Canarias. Eso merece una reflexión: si tenemos que desarrollar más y mejor producto, mejorar las conexiones...

¿Cómo con el aeropuerto de Alicante-Elche?

Exacto. Tenemos las líneas y los medios, pero una vez en el aeropuerto de Alicante búscate la vida. A no ser que viajes con turoperación, que te recoge el autobús, ni tienes tren ni tienes nada, cosa que no ocurre ni en Canarias, ni en Baleares ni en ningún otro sitio. Al final la gente cuando va a lugares que son el Primer Mundo, y no el Tercer Mundo, que es donde estamos nosotros desde un punto de vista de infraestructuras, ve que estamos en desventaja competitiva. Aún así esperamos que este verano sea mejor y se recupere el 100 % de las cifras prepandemia.

También está funcionando muy bien los destinos del Mediterráneo Oriental o el Norte de África. ¿Tiene la Comunidad Valenciana margen para competir ahí?

Nuestro modelo turístico no es comparable al de Turquía o Egipto y ahí no podemos competir, pero con Canarias sí. Y hay que ver lo que están haciendo nuestros competidores, igual que ellos nos miran a nosotros cuando destacamos, y darnos cuenta de que aún hay mucho por hacer. Un buen ejemplo es el turismo náutico. Parece increíble, pero la Comunidad Valenciana vive de espaldas al mar, es una cosa surrealista. Cuando uno ve el turismo de este tipo que hay en Baleares, Cataluña o Andalucía, da hasta envidia. Nosotros hemos pedido una reunión con la consellera responsable de Puertos, Rebeca Torró, y enseguida nos ha atendido y nos ha citado en mayo, y esperamos poder convencerla de que hay cosas que hacer.

¿Considera que los cruceros aportan un valor añadido al turismo de un territorio?

Es interesante hasta cierto punto, pero deja menos de lo que parece. Al final se bajan los 3.000 o 5.000 cruceristas, hacen la ruta en los museos, comercios y restaurantes, pero el sector turístico es mucho más que eso. También es verdad que para algunas cosas ayudan. Hace poco fuimos a Nueva York a buscar la conexión directa con Estados Unidos y una de las primeras cosas que han mirado es si hay cruceros porque nutren mucho a sus turistas. Así que trae cosas buenas, no se puede demonizar.

¿La situación de inflación en toda Europa está haciendo que España gane o pierda competitividad?

Se está perdiendo, y además es una cosa que nos alarma mucho. La competitividad es una cosa que se pierde cuando los empresarios bajamos rentabilidad, y la verdad es que con el aumento brutal de costes que hemos tenido es evidente que estamos peor. Pero es verdad que eso es algo contra lo que quizá no puedas luchar porque escapa a tu control, pero contra otras cosas sí. Un ejemplo son los tipos impositivos: vivimos en un infierno fiscal. Y no solo eso, sino que parece que la Administración está dedicada al 100 % a crear nuevos impuestos, nuevas tasas y nuevas regulaciones que no hacen más que inflarnos a costes. Y al final están creando una situación en la que para las empresas es cada vez es más difícil subsistir.

¿Cómo afecta eso al turismo?

Cuando somos menos rentables tenemos menos margen para innovar, para invertir y para contratar más personal o mejorar las condiciones de las plantillas. Pero también hay otras cuestiones como la sostenibilidad, que es una cosa que la gente cada vez exige más y nosotros estamos de acuerdo. Tenemos que transitar esa senda pero para eso hace falta mucho dinero, es que es caro. Una instalación de geotermia son 200 y pico mil euros, y yo me gasté 180.000 euros en placas solares en mi hotel el verano pasado. Y material biodegradable para sustituir al plástico también cuesta dinero. Así que para ir por ese camino tenemos que ser mucho más rentables de lo que somos.

Fede Fuster, presidente de Hosbec, durante la entrevista.

Fede Fuster, presidente de Hosbec, durante la entrevista.

¿Dentro de ese concepto de "infierno fiscal" incluye la tasa turística, el nuevo impuesto autonómico que ha aprobado el tripartito de izquierdas que gobierna la Generalitat (PSOE, Compromís, Podem) con el objetivo de ponerlo en marcha a finales de año?

Por supuesto. Nuestra opinión es que esto es un tema de Compromís, con el que además lleva muchos años, por una cuestión absolutamente electoralista. Cuando hablas con ellos, con el equipo de Peñíscola por ejemplo, te dicen que ellos no lo van a poner en su municipio si gobiernan. La cuestión es que va en su programa, y tú puedes estar a favor o en contra pero hay que respetarlo. La gente que les vota lo hace por eso.

Sin embargo, el presidente Ximo Puig dijo que nunca se aprobaría sin consenso y al final fue así.

Es que nosotros nos llevamos un chasco grande con el PSOE valenciano, que de boquilla decía que esto no ayudaba pero luego, a la hora de la verdad, votaron a favor. Las palabras se las lleva el viento y los hechos están ya consumados. Así que ahora tendrán que asumir el coste que les va a suponer esto desde un punto de vista electoral, que en mi opinión creo que será bastante. Porque al final todos estos costes que se aumentan al turismo a quien más agita es a nuestro personal. Propietarios de hoteles somos pocos, pero generamos miles de puestos de trabajo. Y la gente está escandalizada, y no solo por la tasa turística. También cuando se criminaliza su actividad, o se dice de forma peyorativa que somos un país de camareros, como si fuera algo negativo. O que no aportamos valor. Cuando se lanzan estas afirmaciones desde algunos de esos partidos, a quien más daño hacen es a nuestras plantillas. Y creo que eso lo vamos a notar en mayo.

¿La tasa turística fomenta la turismofobia?

Sí, es un mensaje claro al turista de que molesta, que contamina y que no aporta. Es lo que subyace detrás. Al final solo hay que ver los defensores de esta tasa y el relato que tienen detrás.

¿Cree que este impuesto se ha diseñado a la medida de la ciudad de Valencia, que es el único municipio turístico que ha asegurado que la aplicará, y se ha arrastrado a toda la Comunidad detrás?

Valencia es una ciudad maravillosa, que tiene 100.000 atractivos. Y como empresario hotelero estoy orgullosísimo de cómo está funcionando, creo que es una ciudad que en los próximos diez años va a competir cara a cara con Madrid o Barcelona. Pero también es verdad que se ha malacostumbrado a vivir permanentemente en el dopaje. Gran parte de los recursos de la Comunidad Valenciana se han invertido y volcado en la ciudad de Valencia, y me parece muy bien porque es nuestra capital y la han posicionado donde está. Pero no puede alargarse esto eternamente. Y no solo no va a menos, sino que va a más. Ahora al alcalde se le ocurre lo de poner tasas turísticas, y si tienen que imponérselo al resto de territorio pues adelante. Yo creo que todos tenemos que defendernos con nuestros recursos, y Valencia tiene más que de sobra. No necesita esto.

Respecto a los recursos, Benidorm y otros municipios turísticos de sol y playa libran una batalla permanente por la infrafinanciación. Y ningún Gobierno parece que vaya a ponerle solución.

Lo primero que necesitamos es que las autoridades definan que es municipio turístico. Porque si ahora mismo convocas a todos los alcaldes de España en un Centro de Congresos y pides que levanten la mano quienes consideren que su pueblo es turístico, lo hacen todos. Y parece mentira que en uno de los países con esta industria más potente del mundo no tengamos claro qué es una ciudad turística y qué no. Para nosotros está claro: es el ratio entre cama reglada de alojamiento y el número de residentes. Con este baremo el número 1 de la Comunidad Valenciana es Peñíscola, y el 2 Benidorm. Podrían plantearse otras formas de definirlo, pero lo que es evidente es que hay que delimitarlo, aunque parece que no les interese hacerlo.

¿Por qué?

Porque así pueden regar a sus amiguitos, a los miembros de su partido y a su red clientelar con dinero desde turismo. Sin ir más lejos los fondos Next Generation para turismo se están utilizando para cosas que nada tienen que ver con el turismo. Y hay mucho amiguismo en esto. Respecto a una ley que regule a los municipios turísticos, y aunque suene fuerte decirlo, es importante que quien legisle esté en pleno uso de sus facultades. Porque no cabe en cabeza de nadie que Benidorm hoy en día no cumpla las características necesarias para tener esta denominación. Es evidente que las cosas se están haciendo mal.

¿Qué otras cargas impositivas deberían relajarse para los empresarios?

Bueno, es que hay muchísimos. Es que cada día hay más inventos. El último es el impuesto al plástico. Sobre todo al final lo que más nos perjudica son las modificaciones que se hacen a los diferentes decretos que hay. Por ejemplo, hay uno de aguas, de lucha contra la Legionela, en el que los cambios que están introduciendo no mejoran en nada la seguridad y solo nos inflan a costes, multiplicando por cuatro o por cinco lo que nos tenemos que gastar en analíticas sin ofrecer realmente garantías de que va a ser más seguro. O sino la de parte de viajeros. Pretenden que los hoteles tengamos un policía en cada recepción, o que tengamos que informarles de las relaciones que hay entre los miembros de cada habitación, tramitando cosas como libros de familia y asegurándonos que los datos que se dan son ciertos. Hay gente en las administraciones que tiene ideas muy peligrosas.

¿Qué previsiones tienen para verano?

Ahora ya entramos en la fase final y en los próximos dos meses se va a vender todo el verano. Tenemos que poner énfasis en la promoción, pero creemos que en general el verano va a ser muy bueno. La demanda ya es palpable, hay bastantes reservas y contamos con que no haya ofertas para captar clientes de última hora.

¿Y las amenazas más inminentes?

Competidores que tienen armas que nosotros no tenemos, o el tema de las viviendas de uso turístico alegal. Bueno, alegal no, en muchos casos es ilegal. Nos está haciendo muchísimo daño en materia de economía sumergida, seguridad e incluso turismofobia. Porque al final ese espacio que comparten el turista de corta estancia y el residente es fuente de conflictos, y al final acabamos pagando todos.