Daniel Pastor, este miércoles en la habitualmente ruidosa calle Castaños de Alicante.
Tiene 23 años, es de Alicante y revoluciona la acústica inspirándose en mosquitos para proteger el océano y tratar la sordera
Premio Ingeniero Junior del año, Daniel Pastor diseña desde Glasgow sensores 3D que miden la contaminación acústica marina y crear audífonos invisibles para niños.
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Con tan solo 23 años, el ingeniero alicantino Daniel Pastor ha sido reconocido con el Premio Ingeniero Junior en los Premios Talento de las Telecomunicaciones, promovidos por el Colegio Oficial y la Asociación Valenciana de Ingenieros Técnicos de Telecomunicación en El Puig.
Formado en la Universidad de Alicante (UA), Pastor realiza actualmente su doctorado en la Universidad de Strathclyde, ubicada en Glasgow (Escocia). Allí desarrolla tecnología de vanguardia dentro de un grupo de investigación compuesto por 80 personas.
Su pasión por la investigación comenzó muy temprano, cuando apenas tenía 20 años. "Tuve un muy buen mentor en la Universidad de Alicante que se llama Jesús Carbajo y me promovió esa locura por la investigación y lo bonito que puede ser ese campo y el poder ayudar a las personas", rememora Daniel.
Sus primeros pasos profesionales tuvieron lugar en el Departamento de Acústica Aplicada de la UA, participando en el proyecto europeo Sonora sobre acústica submarina junto a un equipo de cuatro investigadores. En ese entorno desarrolló dispositivos pioneros para medir el desplazamiento de partícula.
A diferencia de la presión acústica tradicional —una magnitud escalar que no revela la dirección del sonido—, el desplazamiento de partícula permite determinar la procedencia exacta de las ondas en el agua. Esta tecnología nació con una misión ambiental urgente: frenar el impacto de la actividad humana en el ecosistema marino.
"El ser humano por diversas aplicaciones como puede ser la extracción de recursos, la pesca o el turismo ha incrementado la contaminación acústica en los ecosistemas submarinos", explica Pastor. Esta interferencia hace que los animales marinos "pierdan muchas facultades a la hora de realizar sus funciones vitales, como puede ser reproducirse u orientarse".
Para poder intervenir de forma eficaz, el ingeniero destaca la necesidad de cuantificar el problema: "Debido a esto, necesitamos caracterizar cómo es esta subida de la contaminación acústica y para ello diseño unos sensores para ser capaz de medir esto".
Actualmente, en su etapa doctoral en Escocia, Daniel ha dado un paso más allá al centrarse en el desarrollo de sensores acústicos bioinspirados impresos en 3D. Para lograrlo, fijó su atención en un modelo biológico tan sorprendente como inesperado: la antena del mosquito.
"Lo que estudio concretamente yo es cómo funciona y qué propiedades tiene tanto la antena del mosquito como su procesamiento neuronal para poder inspirar una nueva tecnología de sensores impresos en 3D que sean capaces de realizar diferentes funciones", detalla.
Al revisar la literatura científica existente, descubrió que la antena del mosquito alberga uno de los sistemas auditivos más complejos de la naturaleza, con un inmenso potencial sin explotar. "Dije: 'Vaya, aquí hay un hueco bastante gordo. Las aplicaciones que pueden tener son brutales, ¿por qué no nos metemos aquí de cabeza e intentamos sacar algo?'", recuerda.
Pastor es plenamente consciente del escepticismo que despierta la elección de este insecto. "Luego se lo digo a la gente y dice: 'Pero, ¿cómo con mosquitos si son bichos que todo el mundo quiere matar porque son devastadores en cuanto al sonido?'. Pues porque tienen propiedades súper interesantes y que pueden hacer un bien a la sociedad", argumenta.
Una de las aplicaciones más destacadas de su investigación se enfoca en el ámbito de la salud humana: el diseño de sensores capaces de amplificar frecuencias específicas en entornos ruidosos para ayudar a personas con pérdida auditiva.
Su motivación surge de los problemas sociales y psicológicos que sufren los más pequeños con las prótesis actuales. "Nos hemos dado cuenta de que sobre todo personas de muy baja edad, como pueden ser niños que se ven afectados por una pérdida auditiva, tienen que llevar el típico aparato sonotone que depende de baterías... e incluso es visible y les genera muchos problemas a nivel psicológico y a nivel mental por acusaciones de otros niños o de otras personas o simplemente miradas", señala Daniel.
Inspirado en la habilidad del mosquito para procesar sonidos de muy baja amplitud, Pastor busca crear soluciones no invasivas e independientes de baterías tradicionales. "Mi idea fue: 'Vale, voy a inspirarme en cómo funciona el mosquito, que es capaz de amplificar señales de muy baja amplitud'", subraya.
Tras tres años inmerso en el mundo de la investigación científica, recibir este galardón en su tierra natal representa una inyección de energía para su futuro. "Para mí significa algo muy importante porque al final el trabajo que una persona hace es lo mismo que su hobby. Que te reconozcan por ello es súper gratificante", confiesa.
Además, el investigador alicantino confía en que su caso sirva para dignificar y visibilizar la acústica dentro de la ingeniería de telecomunicaciones. "Quizás es la rama menos conocida o la que más estigmatismo tiene, porque la gente se piensa que es diseñar salas de conciertos o cualquier cosa así, y realmente podemos ir mucho más allá", afirma.
Daniel Pastor concluye con un alegato a favor del conocimiento compartido y del potencial investigador de su país: "Considero que el saber es poder y hay que compartirlo, y sobre todo conseguir hacer que los ingenieros españoles demuestren lo que somos y lo que valemos".