Pepe y José Amat en la sede de Magrit.

Pepe y José Amat en la sede de Magrit. Jorge Verdú

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José y Pepe Amat, padre e hijo tras el calzado de lujo de Elda que une artesanía y diseños de IA: "Ya no es una opción"

La firma Magrit produce zapatos a mano desde 1929 y ha conquistado a clientes y marcas de medio mundo con su combinación de tradición y tecnología.

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Casi un siglo después de su creación, la firma de calzado de lujo Magrit sigue produciendo zapatos artesanales que calzan algunos de los pies más exigentes del mundo desde su taller de Elda.

Aquel taller que abrió en 1929 para crear zapatos de calidad para las damas de Elda y Alicante se ha convertido en una firma de primer nivel que produce a mano 200.000 pares anuales para las principales marcas de lujo y casas de alta costura gracias a su última tecnología.

Desde Magrit se definen como una marca para "mujeres exigentes de la moda" que buscan zapatos de lujo para sentirse siempre cómodas y hermosas.

Esta responsabilidad recae ahora sobre José y Pepe Amat, tercera y cuarta generación que siguen los pasos de José Amat.

"En esta familia no nos jubilamos; nos morimos y ya está. Mi abuelo estuvo viniendo a la fábrica hasta los casi 90 años de edad, no a diario, pero casi", recuerda José en las oficinas de la firma.

Aunque su abuelo puso la primera piedra, fue su padre, Manuel Amat, quien dio el salto internacional a la marca.

"Él fue quien verdaderamente le dio el impulso a la empresa. Aunque el creador siempre es quien da el primer paso, mi padre era una persona inquieta, muy valiente, válida y sumamente trabajadora", explica José Amat.

Tras la guerra, su padre vio que España había quedado muy debilitada y que el mercado estaba en malas condiciones, por lo que hizo las maletas para exportar su artesanía.

José señala que en esa época "fabricar zapatos era complicado, pero venderlos lo era aún más, porque el mercado español daba para lo que daba. Mi padre fue, sin duda, el primero en esta zona y de los primeros en España en salir a exportar zapatos".

Durante su aventura, conoció a la familia Jourdan, a la empresa Salamander de Alemania y, sobre todo, a Bally de Suiza, que en aquel momento era la empresa de calzado más prestigiosa del mundo.

Filosofía artesanal

Desde entonces, Magrit ha tenido sus mejores clientes fuera del mercado nacional, camino que siguió impulsando José cuando se incorporó a la dirección de la empresa.

"He estado en la fábrica toda la vida. De niño, lo que más me gustaba en verano era venir a jugar a la fábrica, enredando por ahí y aprendiendo los oficios. Me encantaban los zapatos y creo que nunca en mi vida pensé en dedicarme a otra cosa", sostiene.

Desde que era un niño acompañaba a su padre en sus viajes y le relevó en la búsqueda de mercados internacionales.

Artesanas trabajando en un zapato en el taller de Magrit de Elda.

Artesanas trabajando en un zapato en el taller de Magrit de Elda. Jorge Verdú

"Seguimos manteniendo nuestra filosofía, seguimos dividiendo la producción, porque salir a vender solo con nuestra marca propia es casi como tener un cliente único. Fabricar para otras firmas de gran prestigio nos aporta muchísimo: nos dan acceso a su mercado, a su forma de hacer las cosas y nos otorgan el prestigio de fabricar calzado de alto nivel", explica.

Actualmente fabrican 200.000 pares de zapatos, de los cuales la mitad va destinada a suministrar a grandes marcas. Del total, el 98 % está dedicado al público femenino, reservando un pequeño porcentaje de producción de calzado de caballero para algunas marcas.

Para José, "fabricar 200.000 pares con nuestras propias instalaciones, manteniendo la calidad y las gamas de precios en las que nos movemos, es una cifra muy alta".

Estos precios no son para cualquier clienta, sino para aquella que busque la excelencia y esté dispuesta a pagarla, pues sus zapatos arrancan desde los 280 euros bajo su marca. Mientras que pueden llegar a los 800 bajo el nombre de otras firmas.

Artesanía y tecnología

José Amat resume la clave de su longevo éxito es que en Magrit son capaces de hacer "prácticamente cualquier tipo de zapato con un toque muy artesanal, pero utilizando las últimas tecnologías. Es un mix perfecto entre el zapato artesano y la máxima tecnología".

La seña de identidad de la firma alicantina es abrazar las nuevas tecnologías; por eso ven la inteligencia artificial como una aliada más que como una amenaza para el sector.

"La inteligencia artificial ya no es una opción, es fundamental. Por ejemplo, estamos diseñando los flujos de trabajo de una nueva nave de fabricación íntegramente mediante IA", adelanta el empresario.

Esto significa que el diseño, los análisis de mercado y gran parte de las decisiones que toman están apoyadas y sugeridas por la inteligencia artificial.

El taller de Magrit, de donde salen 200.000 pares al año.

El taller de Magrit, de donde salen 200.000 pares al año. Jorge Verdú

Así, "todo el funcionamiento diario de las oficinas, el diseño y el patinaje estará absolutamente impregnado de IA. El que considere que es solo una opción, está muerto", sentencia.

Traspiés del mercado nacional

La evolución que está experimentando el sector del calzado está dejando al mercado nacional un paso por detrás de sus competidores.

"Aunque España cuenta con líderes mundiales en moda como Inditex o Mango, el consumidor nacional se ha vuelto cada vez más exigente y se ha acostumbrado a comprar en rebajas o a buscar oportunidades en internet", sostiene José Amat.

Para el experto, en España se ha cometido "el error" de buscar mucho volumen de ventas con márgenes muy bajos, lo que ha provocado que no haya diferenciación y que todo el mundo tenga el mismo tipo de zapato.

"Además, la gente ahora prefiere gastar su dinero en experiencias, como viajar o comer, en lugar de comprar zapatos. Desde la pandemia, el consumo no se ha recuperado del todo y España está sufriendo bajones espectaculares, retrocediendo a niveles de ventas del año 2003", lamenta.

A pesar del mal rendimiento del mercado nacional, los esfuerzos de su padre, de él mismo y de su hijo por internacionalizar la marca hacen que esta caída no suponga un riesgo para la firma, pues España no representa ni un 10 % de su facturación.

Otra de las fortalezas de Magrit es que, al contrario que otras marcas, "no nos vemos afectados por la competencia asiática. Mucha gente piensa que Asia viene a hacer competencia, pero para nosotros siempre ha sido un gran cliente".

"Vendemos mucho en China, Hong Kong, Vietnam, Singapur y Oriente Medio. Los consumidores chinos no consideran lujo lo que fabrican en su país; para ellos, el lujo es lo que viene de fuera, especialmente de Italia, España o Estados Unidos", destaca Amat.

Otro de sus mercados favoritos es Estados Unidos. Frente a las amenazas de aranceles imposibles y de la compleja situación geopolítica, el empresario tiene claro que "el camino a seguir es internacionalizarse, diferenciarse y hacer un producto de altísima tecnología".