Miguel Ángel y David en el taller de validación de lectura fácil en APSA.

Miguel Ángel y David en el taller de validación de lectura fácil en APSA. Laurine Maurice

Cultura

Miguel Ángel y sus compañeros de APSA crean las guías del Marq en lectura fácil: "Hay palabras que no entendemos"

El taller de lectura fácil está formado por un grupo de ocho personas usuarias que llevan años formándose en accesibilidad cognitiva.

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Alicante
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A las puertas de Alicante, frente al aeropuerto, el centro ocupacional de APSA forma parte del área adulta de la entidad, concertada con la Generalitat Valenciana.

Allí conviven personas con distintos tipos de discapacidad intelectual, cada una con su programa individualizado y talleres pensados para ganar autonomía en la vida diaria.

Entre todos esos talleres, uno destaca por su impacto fuera de las paredes del centro. Se trata del de accesibilidad cognitiva y lectura fácil, donde usuarios como Miguel Ángel, David y sus compañeros revisan y corrigen textos que terminarán en museos, universidades o ayuntamientos.

El taller de lectura fácil está formado por un grupo de ocho personas usuarias que llevan años formándose en accesibilidad cognitiva. Empezaron con cursos dentro de APSA y continuaron con formaciones externas junto a instituciones culturales y entidades del movimiento asociativo, aprendiendo normativa, principios de lectura fácil y la propia ley de accesibilidad.

Hoy se definen como un “equipo experto en detectar errores”: no solo leen, sino que evalúan, discuten y deciden si un texto se entiende a la primera.

El proceso de trabajo tiene siempre la misma estructura. Primero, los profesionales de APSA adaptan el documento original siguiendo las normas europeas de lectura fácil, aprobadas en 2018.

Detectar lo que no se entiende

Después, ese primer borrador pasa al grupo de validación: son las personas con discapacidad intelectual quienes lo leen en voz alta, identifican palabras complejas, señalan frases demasiado largas o ideas confusas y proponen alternativas.

Cuando terminan, elaboran un informe de validación por escrito que recoge todo lo detectado y que se entrega a la entidad que ha encargado la adaptación.

Formar parte de este equipo no es una actividad ocupacional más. Se exige un buen nivel de comprensión lectora, capacidad para argumentar por qué una palabra no se entiende y seguridad para cuestionar el texto que envía una institución.

Las guías del Marq

En una de las salas del centro, la mesa de Miguel Ángel, David y sus compañeros se llena de folletos y papeles subrayados.

A un lado está el folleto original de la exposición temporal sobre Dénia del Museo Arqueológico de Alicante (Marq), pensado para el público general, con bloques de texto densos.

Al otro, la plantilla que envía el museo y sobre la que se elabora la versión en lectura fácil: frases cortas, ideas separadas, títulos claros y pictogramas que acompañan los puntos más importantes. El proceso tiene varias capas. Primero se reescribe el texto para simplificar estructuras sin perder contenido.

Una usuaria trabaja en adaptar el cuestionario de una exposición del Marq.

Una usuaria trabaja en adaptar el cuestionario de una exposición del Marq. Laurine Maurice

Después, el equipo valida el resultado y marca dónde se pierden, qué párrafos les resultan confusos, qué expresiones “no se usan en la calle” y qué palabras “no se entienden”.

Hay términos que se pueden cambiar por otros más sencillos y cotidianos; otros, por su carácter técnico, deben permanecer, pero se explican con definiciones breves o ejemplos. El objetivo no es infantilizar, sino hacer compatible la precisión con la comprensión.

Una vez superada la validación, el documento pasa al equipo de diseño gráfico, que maqueta la guía para que sea visualmente atractiva y fácil de seguir. Se añaden tiras de pictogramas, se cuida el tamaño de letra y el contraste, se ordena la información de forma que la vista no se pierda.

Solo cuando el grupo de validación da su visto bueno definitivo, la guía puede llevar el logotipo europeo de lectura fácil, un sello que indica que el contenido ha sido revisado y aprobado por personas con discapacidad intelectual. Esa validación no se puede usar si el texto no ha pasado por manos como las de Miguel Ángel.

En paralelo, otros compañeros trabajan también para el Marq en la parte visual. David escribe cómics y libros de fantasía y también los ilustra.

Miguel Ángel, por su parte, también dibuja y crea una serie de doce láminas sobre la vida en la prehistoria que se utilizarán para materiales infantiles y actividades didácticas del museo.

El poder del lenguaje

La importancia de ese trabajo se ve con claridad en otra sala del centro ocupacional, donde un grupo trabaja una guía divulgativa sobre colonias felinas en Elche, promovida por la Universidad Miguel Hernández para explicar a la población qué es una colonia controlada, por qué existe y qué obligaciones marca la nueva ley a los ayuntamientos.

El texto llega ya adaptado por los profesionales, pero la validación la hace el grupo, línea a línea.

Nada más leer el título, aparece un ejemplo concreto de lo que significa “no entender”: la palabra “divulgativa” se hace pesada, se atraganta.

No es que no puedan pronunciarla; es que no forma parte del vocabulario que usan a diario. Enseguida surge la propuesta de cambiarla por “informativa”, que cumple la misma función y resulta más cercana.

La biblioteca de lectura fácil de APSA.

La biblioteca de lectura fácil de APSA.

El criterio es sencillo y, a la vez, muy exigente: si una persona del grupo no entiende una palabra, el texto tiene un problema. Y si el grupo detecta ese problema, la guía se corrige aunque ya esté maquetada.

Accesibilidad cognitiva

El trabajo de Miguel Ángel y sus compañeros tiene un impacto que va mucho más allá de APSA. Las guías adaptadas del Marq y las publicaciones sobre colonias felinas en lectura fácil no solo abren puertas a personas con discapacidad intelectual.

También ayudan a mayores, a personas con bajo nivel lector, a quienes están aprendiendo el idioma o a cualquiera que se pierda frente a un texto excesivamente técnico.