Carlos Ferri, junto a su tractor el pasado mes de enero.

Carlos Ferri, junto a su tractor el pasado mes de enero. Laurine Maurice

Alicante

Carlos, agricultor en España: "Tenemos a los tractores parados, nos tratan como delincuentes. Así no se puede"

A estas alturas del año, sus campos ya deberían estar labrados para controlar el crecimiento de la hierba y preparar la próxima campaña.

Más información: El grito de auxilio de los pescadores de Alicante al Gobierno por el combustible: "Faenar cuesta 2.000 € al día"

Leer en Castellano
Alicante
Publicada

Los tractores de Carlos Ferri, agricultor, permanecen parados en Banyeres de Mariola, Alicante.

A estas alturas del año, sus campos ya deberían estar labrados para controlar el crecimiento de la hierba y preparar la próxima campaña, pero el precio del gasóleo ha vuelto a poner en jaque las cuentas de la explotación familiar.

"Estamos muy preocupados", resume el agricultor. "A estos precios del combustible, con respecto a los precios de venta de la cosecha, no se puede trabajar. No hay margen de beneficio alguno".

Ferri, de 27 años, trabaja junto a su padre, Ricardo, en una explotación agrícola familiar que cultiva cereales en unas 500 hectáreas y presta servicios de siembra, recolección y fumigación a otros agricultores. En enero ya advertía a EL ESPAÑOL de que producir una hectárea de cereal les costaba alrededor de 450 euros, mientras los ingresos apenas alcanzaban los 300 euros en función del rendimiento y del precio de venta.

Ahora, el aumento del coste del combustible agrava una situación que el agricultor considera "insostenible". "Si antes ya no ganábamos con estos precios, vamos a perder más de lo que ya perdíamos. Así no se puede", lamenta.

Los campos siguen de rastrojo

La paralización llega en un momento especialmente delicado para el calendario agrícola. "Ahora mismo son fechas en las cuales ya debería estar todo labrado para evitar que la hierba crezca más de lo deseado", explica Ferri. Sin embargo, los terrenos continúan llenos de rastrojos y la familia no encuentra una salida viable.

El problema no es únicamente el precio del gasóleo. Cada pasada del tractor implica también gastos de mantenimiento, maquinaria, mano de obra y desgaste de los equipos. Unos costes que, según el agricultor, no se compensan con el precio que alcanza el cereal en el mercado.

"Tenemos todos los tractores parados", afirma.

Verano sin poder trabajar

A la presión económica se suma el impacto de las restricciones aplicadas durante el verano por el riesgo extremo de incendios forestales. Ferri asegura que los agricultores se sintieron señalados y que no pudieron desarrollar su actividad pese a haber adoptado medidas preventivas.

"Lo de este verano no tiene nombre. Nos han tratado como delincuentes sin poder trabajar por el riesgo extremo de incendio, aun con todos los medios posibles de prevención de incendios", denuncia.

Las limitaciones afectaron a las tareas agrícolas en un periodo especialmente sensible para el campo, cuando la maquinaria y las labores de recolección pueden coincidir con episodios de altas temperaturas y riesgo elevado de incendios. Para Ferri, el sector quedó atrapado entre la obligación de trabajar la tierra y unas restricciones que dificultaban hacerlo.

Ahora, con la subida del combustible, la situación vuelve a complicarse.

Una cuenta que no sale

La explotación de los Ferri arrastra desde hace años el aumento de los costes de producción. El pasado mes de enero, Carlos explicaba que el precio del gasóleo se había multiplicado desde el inicio de la guerra de Ucrania, mientras los fertilizantes también se habían encarecido y el precio del cereal se mantenía en niveles insuficientes.

La empresa, que llegó a contar con cuatro trabajadores, funciona actualmente con Carlos y su padre. Ambos afrontan una actividad que requiere una elevada inversión en maquinaria y que, sin embargo, ofrece una rentabilidad cada vez menor.

"Si todo te cuesta más y vendes igual de barato, entonces pierdes dinero", señalaba entonces Carlos.

Meses después, la conclusión es todavía más contundente, pues si el combustible continúa encareciéndose y el precio de venta de las cosechas no evoluciona en la misma proporción, trabajar la tierra deja de ser una actividad rentable.