Anes Ortigosa y la multitud congregada en la UA para el eclipse.

Anes Ortigosa y la multitud congregada en la UA para el eclipse. Cedidas

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Anes, el astrónomo tras el éxito de reunir a 5.000 personas por el eclipse en Alicante: "Lo preparamos hace 8 meses"

El experto analiza el éxito del evento organizado por la asociación Astroingeo que congregó a miles de asistentes en el campus de la UA.

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Dudas, atascos, nubes, aplausos y emoción marcaron la ya histórica observación del eclipse solar desde la Universidad de Alicante (UA), donde cerca de 5.000 personas se congregaron para contemplar el fenómeno.

El evento superó todas las expectativas de asistencia a pesar de las complicaciones logísticas y la presencia de nubes.

Detrás de este éxito está el trabajo silencioso de Anes Ortigosa, el astrónomo encargado de la comunicación de la Asociación Universitaria de Astronomía (Astroingeo) encargado de preparar la observación desde hace seis meses.

"Fuimos dándole forma al proyecto desde el año pasado y, a partir de diciembre, nos pusimos a trabajar de lleno en él. Aunque seguimos realizando otras actividades durante el año, desde ese momento me encargué personalmente de la gestión y organización, contando además con un pequeño equipo que desde enero estuvo buscando ubicaciones y realizando comprobaciones del sitio", sostiene.

Para la observación seleccionaron la zona de la fachada oeste del edificio del Parque Científico, donde esperaban recibir a 1.500 asistentes.

"Teníamos controlado el número de vehículos que accedían al aparcamiento del campus oeste. Basándonos en experiencias previas, donde calculamos una media de tres o cuatro personas por coche, estimamos inicialmente una asistencia de entre 1.200 y 1.500 personas. Sin embargo, esa previsión se superó con creces y terminamos reuniendo a cerca de 5.000 personas", comenta.

Incluso asegura que "hubo un momento en que se colapsó la rotonda de los bomberos. Por razones de seguridad, al tratarse de una salida de emergencias que debe estar siempre despejada, intervino la Guardia Civil. También se colapsó la rotonda de la universidad que conecta con la AP-7 y las salidas de la autovía".

Sin embargo, la emoción se vivió en momentos de incertidumbre por culpa de una nube que apareció cuando el eclipse llegaba a su 60 % y puso en jaque la observación.

"En ese momento cundió la desilusión y algunas personas empezaron a marcharse. Nosotros insistimos en que se quedaran, explicándoles que las nubes se mueven rápido con el viento y que el panorama podía cambiar en cualquier momento", recuerda.

Y así sucedió instantes después del momento máximo del eclipse. "No obstante, una vez superado ese máximo, la nube comenzó a retirarse y a partir del 93% de ocultación hacia abajo el sol volvió a ser visible. Ese fue el momento más emocionante. Mucha gente ya daba por perdido el eclipse, pero de repente la nube empezó a teñirse de un tono dorado, iluminada desde atrás. El ambiente pasó de un silencio sepulcral a un murmullo de expectación contenida ante la posibilidad de que se despejara".

En ese instante, la nube brilló con fuerza y apareció el primer rayo de sol eclipsado. "La multitud soltó un 'oh' unísono y estalló un aplauso espontáneo y multitudinario".

Una experiencia científica y única

Aunque Anes no pudo ver el eclipse completo como la mayoría de los miembros de Astroingeo, que se desplazaron a Valencia y zonas con ocultación total, asegura que un astrónomo vive el fenómeno de forma aún más especial al contemplar en la práctica, y con sus propios ojos, sucesos que han estudiado durante años.

"Cuando comprendes la física detrás del fenómeno, estás pendiente de cada una de las fases y de los detalles que ocurren. Por ejemplo, durante la ocultación ocurre un fenómeno físico muy curioso: los colores del entorno se apagan un poco, pero los tonos rojos y verdes brillan con especial intensidad", indica.

"Personalmente, ya había vivido el eclipse parcial de 2021, que también organizamos en la universidad, aunque fue mucho más pequeño, con un 20% o 30% de ocultación. Este ha sido el primer eclipse con un nivel de ocultación tan elevado que he podido presenciar", añade.

Sin embargo, al estar a cargo de la organización, atendiendo dudas, gestionando la logística y coordinando al equipo, apenas pudo mirar al cielo.

"Mi mente estaba puesta en que todo saliera bien. Me consolaba saber que mis compañeros de Astroingeo, que son astrofotógrafos y astrónomos muy experimentados, tomarían fotos y vídeos excelentes que luego me enseñarían. Para mí, el verdadero éxito no era ver el eclipse, sino lograr que las miles de personas que asistieron disfrutaran de una experiencia segura y memorable que recordarán toda su vida", sentencia el astrónomo.