El cura Hebert Ramos en la parroquia de San Gabriel.

El cura Hebert Ramos en la parroquia de San Gabriel.

Alicante

Hebert Ramos, el cura que lleva la Semana Santa al Psiquiátrico de Alicante: "Se comportan mejor que la gente en las bodas"

El religioso adapta los ritos cristianos a los horarios y restricciones del centro ubicado en Fontcalent para que los internos puedan celebrar las festividades más importantes.

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La Semana Santa se vive estos días con intensidad en todos los rincones de Alicante, también en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario, donde el Domingo de Ramos y el de Resurrección se celebran en sábado y los ritos fundamentales se adaptan para llevar el alma de la festividad al centro.

Los internos encuentran en estos días un escape, a través de la fe, a su reclusión en el centro ubicado en el complejo de Fontcalent.

Pese a no poder disfrutar de los pasos, las procesiones y las misas propias de la festividad, la labor pastoral de su capellán, Hebert Ramos, acerca y adapta los ritos cristianos a los internos para que vivan estas fechas con dignidad y recogimiento.

A pesar de las restricciones horarias y de seguridad, los pacientes participan activamente como voluntarios en la preparación de las misas y de su Semana Santa particular, donde las festividades cambian de día y de forma, pero mantienen la esencia.

"El Domingo de Ramos, de hecho, lo tuvimos el sábado por la tarde", cuenta el cura.

Más allá del calendario, Ramos intenta mantenerse lo más fiel posible a los ritos e incluso se les llevan palmas que se confeccionan en la calle para ese día.

"También se les llevan ramitas de olivo arregladas con alguna cintita y tenemos la celebración dentro como si fuese una parroquia normalizada", señala el religioso.

Mientras que a lo largo del año la misa se celebra únicamente los sábados por la mañana, esta semana se celebran el mencionado Domingo de Ramos, el Jueves Santo, el Viernes de Pascua y el Domingo de Resurrección.

Uno de los actos más especiales para el capellán es el lavatorio de pies. "Es un momento muy bonito porque para ellos, que son conscientes de dónde están y de lo que han hecho, ver que su capellán les lava los pies lo valoran muchísimo", sostiene Ramos.

El cura reconoce que a muchos "les da corte porque dicen: '¿yo he hecho todo esto y el cura viene y me lava los pies?'".

"Lo viven un poco desde el asombro y también desde la emoción, desde la alegría de decir: 'El Señor me quiere tal como soy'", destaca.

No pueden tener Vigilia Pascual "porque se hace de noche y sería un poco más largo", pero sí que tienen misa de Pascua.

Con todas estas actividades, Ramos, quien también es el párroco de San Gabriel, busca humanizar la estancia de los pacientes, recordándoles su condición de hijos de Dios más allá de su privación de libertad.

"Lo viven y disfrutan"

El cura da misa para unos 70 de los aproximadamente 230 internos del Hospital Psiquiátrico Penitenciario.

"Todos son muy respetuosos. A lo mejor alguno aprovecha para darle una caladita a un cigarro antes de misa. Es también bonito porque cada uno tiene su motivación; la mayoría va porque tiene fe, porque es un momento de cambiar la rutina y también porque les gusta", manifiesta.

El capellán resalta su comportamiento ejemplar durante los actos. "Se portan muy bien. Durante la misa están en silencio. De vez en cuando alguno se levanta y da alguna voz, pero es que son pacientes psiquiátricos, no puedo pedirles mucho más".

"A veces se comportan mucho mejor y tienen actitudes de muchísimo más respeto y recogimiento de lo que te puedes encontrar en una parroquia, en una boda o en un bautizo, donde la gente hace mucho ruido, habla por teléfono y lo vive más desde lo social", comenta.

La fe como refugio

El clima que ha creado Ramos en el centro fomenta que muchos de ellos se presten voluntarios para preparar las misas, de modo que, cuando él llega, se encuentra todo listo para comenzar las lecturas.

"Yo llego para la misa y hay un grupo de chicos que están allí esperándome y han preparado una mesa que nos han dejado: le han puesto mantel, han sacado las velas, han sacado los libros...", cuenta.

Tras comprobar que todo está en orden, avisa al responsable de la zona, que se ubica en la garita, para que avise por megafonía de que va a empezar la misa, para que los funcionarios vayan abriendo las puertas.

"Quieren leer, hacer las peticiones, y hay uno que me ayuda y hace de monaguillo ahí a mi lado", subraya el religioso, quien cree que valoran más estos momentos que las personas que están fuera, a pesar de todos los condicionantes.

"Siento que mi trabajo allí vale la pena, no porque yo lo haga, sino porque veo que a ellos les es provechoso, que lo viven, lo disfrutan y que les ayuda", concluye el capellán del Psiquiátrico de Alicante.