Algunos miembros de la familia serrano, en la Avenida Alfonso el Sabio.

Algunos miembros de la familia serrano, en la Avenida Alfonso el Sabio. Laurine Maurice

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Esta familia lleva 80 años creando palmas para el Domingo de Ramos: "Venimos a Alicante para vender más"

Lo que para algunos es una simple compra para el 29 de marzo, para esta familia es una forma de recordar a los suyos.

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Alicante
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En la avenida Alfonso el Sabio, justo frente al Mercado Central, el aroma a palma blanca anuncia cada año la llegada de la Semana Santa.

Allí, entre conversaciones, risas y el ritmo constante de manos que trenzan y curvan hojas con precisión, la familia Serrano continúa una labor que comenzó hace más de ochenta años.

Desde el lunes preparan las palmas artesanales que acompañan la procesión del Domingo de Ramos.

Y es que si bien la mayoría de las palmas se confeccionan en Elche, epicentro del Domingo de Ramos, los artesanos se tienen que desplazar por toda la provincia y el país para vender sus obras y que cada localidad cuente con las palmas auténticas de Elche.

"Cada año nos venimos a la capital de la provincia para llegar a más gente y optimizar las ventas", aseguran. A lo que añaden: "El sábado es cuando más ventas se suelen hacer, porque la gente se lo suele dejar para última hora", comentan entre risas.

“Empezamos en enero”, explican entre montones de hojas tiernas, “porque el tratamiento es delicado. Hay que blanquear, curar y preparar cada palma con cuidado hasta que llegue el día”.

En su pequeño puesto, heredado de generación en generación, nada escapa a la tradición. De hecho, como cuentan con orgullo, cada palma conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén montado en un burro, una escena que los Serrano evocan cada año, casi como un ritual doméstico.

Lo que para algunos es una simple compra para el Domingo de Ramos, para esta familia es una forma de recordar a los suyos.

“Herencia, herencia y después ya la herencia”, repite uno de los miembros, consciente de que lo que hacen no es solo un oficio, sino un legado.

En estos días previos a la Semana Santa, el paso de los viandantes se mezcla con turistas curiosos que se detienen a preguntar por aquellas trenzas imposibles.

“A muchos extranjeros les sorprende la forma o el color –dicen–, les parece algo extravagante, algo que no han visto nunca”.

Y esa curiosidad, lejos de ser banal, es para ellos señal de esperanza, pues significa que la tradición sigue viva y que, pese al paso del tiempo, Alicante conserva en sus calles la memoria de sus manos.