PIE DE FOTO

Sonría solo si quiere

Hemos aprendido que ante una cámara tenemos que sacar la mejor de nuestras sonrisas, aunque no lo sea precisamente.

Una modelo sonríe, en una imagen datada en 1900.

Una modelo sonríe, en una imagen datada en 1900. Getty Images

  1. Fotografía
  2. Retratos
  3. Alberto García-Alix
  4. Medios de comunicación
  5. Comunicación

"Pídeme lo que quieras menos sonreír. Nunca sonrío. No me gusta". Esa fue la petición, formulada, con extrema educación, que me lanzó un entrevistado antes de comenzar la breve sesión. No hubo, de mi parte, nada que objetar: ¿quiénes somos los fotógrafos para pedirle a la gente que vaya por el mundo con una sonrisa o que se la borre de su cara porque le necesitamos serio?

"Un retrato es un combate, una lucha", suele decir el fotógrafo Alberto García-Alix. Se trata de un enfrentamiento con una cámara de por medio. El retratista quiere obtener una imagen concreta de la persona que tiene enfrente; el retratado puede mostrarse colaborador, puede ser un sieso, o puede tener pavor a la cámara. Allí radica el combate al que se refiere García-Alix.

"No todos los rostros son los mejores rostros para un retrato de Avedon", dijo en una entrevista el fotógrafo americano Richard Avedon, quizá el mejor retratista fotográfico de la historia. "Un Modigliani, parece un Modigliani, y un Giacometti, parece un Gioacometti, de la misma manera que hay rostros que son rostros Avedon", contaba. "Hay veces que, por ejemplo, tengo que retratar a políticos. Entonces, simplemente me pongo delante de lo que tengo y lo fotografío", añadía.

Le he pedido a tres fotógrafos que me cuenten cómo se enfrentan a un retrato, y cuál es su relación concreta con la sonrisa. ¿La buscan? ¿Es una exigencia? ¿Hay estrategias para desarmar a un retratado?

"Para mí la esencia del retrato es la naturalidad", me cuenta Dani Pozo, fotógrafo de EL ESPAÑOL. "Procuro no condicionar al personaje en su pose. Que se sienta cómodo durante la sesión. Nunca les pido que sonrían o fuercen una mueca. No creo en el retrato psicológico pero sí en mostrar su 'yo' más fidedigno, sin caer en prejuicios o simplezas".

El escritor Carlos Pardo.

El escritor Carlos Pardo.

"Está hecha en un portal cerca del congreso de los diputados. Recuerdo que era un día de mucho sol, una luz muy dura. Nos metimos allí, donde entraba una luz supertenue por una pequeña venta. Le pedí que me mirará y según levantó la cabeza, tiré la foto, y vi la mirada que buscada". Dani Pozo

Lupe de la Vallina es fotógrafa retratista que colabora en distintos medios como JotDown o GQ. De la Vallina toma el control de la situación. "Les dirijo mucho, independientemente del poder que tengan en el mundo exterior, y eso en realidad les facilita el posado. En ese momento mando yo", me cuenta. La fotógrafa establece una estrategia clara frente al retratado: "Entran en juego muchas cosas para sacar el gesto, pero lo principal para mí es algo muy mecánico: les muevo, les hago cambiar de postura, mirar a puntos distintos...y en esa interacción surgen gestos y una especie de abandono que considero el santo grial del retrato", apunta.

La sonrisa ocupa un lugar importante en la postura del retratado frente a la cámara. Casi salta como un resorte cuando nos apuntan con una cámara. Allí está el viejo truco de 'repitan conmigo pa-ta-ta'. "Algunos retratados se encienden cuando sonríen y otros tienen más presencia serios", precisa Lupe de la Vallina. "Hay una cosa curiosa: cuando les pido que estén muy serios es cuando sale la risa más natural".

El fotógrafo Anton Corbijn.

El fotógrafo Anton Corbijn.

"Este retrato es el que más me ha costado últimamente. Es Anton Corbijn, al que considero uno de mis maestros. En la entrevista antes de fotografiarle me dijo que no era importante hacer fotos a gente interesante, sino hacer fotos interesantes a la gente. Cuando le hice posar me temblaban las manos". Lupe de la Vallina.

"Las sonrisas en las fotografías me parecen casi siempre forzadas", responde Luis Gaspar, fotógrafo dedicado enteramente al retrato. Delante de su cámara han desfilado presidentes del Gobierno, políticos de un amplio espectro ideológico, estrellas del mundo de la cultura… "Nunca le he pedido a nadie que sonría. Le puedo pedir algún gesto, pero solo como un calentamiento previo", dice. "Intento crear todas las condiciones para que el gesto que salga lo haga de forma espontánea. Necesitas para ello crear unas condiciones propicias, la música, decir bobadas para que se relajen ellos, pero sobre todo para relajarme yo...Y entonces, después de mucho, mucho tiempo, sale el gesto natural que quieres".

No nos comportamos como retratados igual en una fiesta, rodeado de amigos y en pleno jolgorio, que en el rictus fotográfico que requiere, por ejemplo, la foto de carné para el DNI.

"Por algún motivo nos han dicho que cuando nos hacen una foto tenemos que sonreir, pero no es una sonrisa natural, es una sonrisa que ya hemos aprendido a poner, de la misma manera que besamos cómo hemos visto que se besa", apunta Gaspar. "Generalmente la gente suele preferir esa sonrisa que tienes cuando les fotografías sin que lo sepan. Es igual que cuando vas al médico y te toman la tensión: la tienes alta porque sabes que te van a tomar la tensión".

Patty Smith.

Patty Smith.

"El estudio tenía todas las luces encendidas. Seis difusores, un flash anular. Una sobreabundancia lumínica para poder ir restando, eliminando fuentes de luz de significado difuso y disperso. Al ir restringiendo la conversación y permitir que pivotase sobre un único tema iba apartando, apagando, eliminando las luces. Finalmente una única fuente de luz a 45 grados generó las condiciones de posibilidad de poder ser y mostrarse. Menos es más. Del ruido al silencio". Luis Gaspar.

Dejó escrito Neruda: "Quítame el pan si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa”.

Y antes, Shakespeare, en boca de Hamlet: "Que uno puede sonreír, y sonreír, y ser un villano".